MAÑANA, DÍA DE LOS FIELES DIFUNTOS Y UN ASADO DE CARNE CON TROMPETA DE LOS MUERTOS

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Que sí, señores, que sí.

Mañana, 2 de noviembre, y desde el siglo X por iniciativa del Abad de Cluny San Odilón, la Iglesia católica celebra -mejor, celebraba- la festividad de Los Fieles Difuntos.
Si el día 1 se conmemora la celebración de la «Iglesia Triunfante», es decir, el recuerdo de todos aquellos que ya gozan de la presencia de Dios; el día 2 la «Iglesia militante» -es decir, nosotros- centramos nuestra oración en aquellos que aún purgan sus pequeñas culpas antes de gozar del cielo.

En la actualidad ambas celebraciones se unifican en el día 1 y la del día 2 prácticamente está en el olvido.

Les cuento.

En tiempos muy antiguos la Iglesia de Aragón, imitando el rito de la celebración navideña de aquellos tiempos, sembró la tradición de celebrar TRES MISAS el Día de Difuntos. En tiempos del papado de Benedicto XIV, concretamente en 1748, esta tradición fue reafirmada y extendida a todas las diócesis españolas, portuguesas y latinoamericanas. Confirmación después repetida por el Papa Benedicto XV.

¿Cómo se hacía esto?

Estos son mis recuerdos colungueses en la Parroquia de San Juan de Duz.

En la cabecera de la iglesia, muy cercano al presbiterio, se colocaba un catafalco cubierto con un gran paño negro; en su cabecera presidía la cruz procesional complementada con dos ciriales encendidos y a un lado y a otro del catafalco alumbraban varios candelabros con sus velas encendidas.

El sacerdote (o los sacerdotes, si había varios) vestían ornamentos negros (capa pluvial, casulla y dalmática).

La primera de las TRES MISAS era «solemne» (cantada). Si iniciaba con el rezo o canto del Invitatorio («Regem cui omnia vivunt; venite, adoremus…») y seguía con los tres «nocturnos», también cantados.

Inmediatamente continuaba la misa en la que, una vez cantada la Epístola, seguía el canto del «Dies irae», himno latino con data del siglo XIII cuyo autor más aceptado fue el fraile franciscano Tomás de Celano (1200-1260).

Un himno estremecedor («Qui sum ,miser, tunc dicturus ?/ Quem patronum rogaturus?…) y a la vez lleno de esperanza («Rex tremendae majestatis / qui salvandos salvas gratis / salva me, fons pietatis»…).

Esta secuencia estuvo vigente, según el Ritual Romano, hasta 1970, año en que fue suprimida en todas las misas -funeral o de difuntos.

Las misas segunda y tercera eran de las llamadas «leves» o «rezadas» y, por tanto, más cortas (en el tiempo) que la solemne.

Terminados estos actos, que duraban, casi toda la mañana, los fieles retornaban a sus casas… y de nuevo a trabajar. Se consideraba festiva esa media jornada.

En la actualidad los sacerdotes visten ornamentos morados en las misas funeral (aunque el negro siga autorizado), ya no se canta el «dies irae», ya no se celebran tres misas (me temo que ninguna) y, de celebrarse alguna, dudo mucho de la asistencia de fieles «porque están de puente».

Vamos a la mesa para degustar una carne asada complementada con TROMPETAS DE LOS MUERTOS, que nada tienen que ver con el Halloween porque son unas riquísimas setas otoñales.

Asen un buen redondo de carne de ternera asturiana y lo lonchean a su gusto. Sirvan las lonchas bien calientes en compañía de unas trompetas de los muertos pasadas por la plancha y bañen todo con la salsa del asado pasada por el chino.

Y «pa con ello» un buen vino tinto de Cangas del Narcea.

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