AYER

POR ANTONIO LUIS GALIANO, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA

Romería de San Isidro, años cuarenta. / Foto Ballester

Romería de San Isidro, años cuarenta. / Foto Ballester

Siempre que decimos mañana estamos indicando que sucederá algo en un momento futuro, aunque no sea con la inmediatez de un día para otro. De igual manera que cuando pronunciamos la palabra ayer nos referimos a lo que precedió al día de hoy, o bien estamos haciendo referencia al tiempo pretérito. Esto último, para aquellos que ponemos nuestros ojos en la investigación histórica, nos obliga al cambio del verbo en presente que aparece en los documentos por el tiempo en pasado, para así dar la sensación de que no lo estamos viviendo, sino que fue algo que se vivió. Sea como fuere ayer, que antecedió a hoy, se conmemoró la festividad de San Isidro Labrador, Patrón de la Villa y Corte, en la que fue día festivo. El nombre del Santo en la capital de España surge en cada momento, encontrándolo en primer lugar como titular de la que fue primitiva Catedral de Madrid y hoy Basílica, en la que recibe veneración su cuerpo incorrupto. San Isidro Labrador da nombre a una sacramental, a la pradera en la que se celebraban las verbenas, a un instituto de Enseñanza Secundaria, a una calle, al barrio situado al suroeste de Madrid dentro del distrito de Carabanchel, y hasta un tanatorio.

Sin embargo, donde perdura más su recuerdo es en el museo que lleva su nombre, ubicado en el solar del palacio de los condes de Pereda y que popularmente se considera que se encontraba la casa señorial de los Vargas, amos de San Isidro, y en cuyas dependencias vivió el matrimonio formado por los Santos Isidro y María de la Cabeza. En el patio de dicho museo, sito en la Plaza de San Andrés, se conserva el pozo del milagro, del que tradicionalmente se dice que cayó un hijo del Santo, y para que no pereciera ahogado fue rescatado por éste mediante el milagro de elevar el agua hasta el brocal. Sea como fuere, lo cierto es que en todo Madrid se conserva el recuerdo de su patrón. Por nuestra parte seguimos dándole culto en la iglesia de las Santas Justa y Rufina, rotula una de nuestras calles y el barrio a él dedicado se ve cada año enriquecido en las paredes de sus sencillas casas por los murales en homenaje al poeta Miguel Hernández, al que tanto debe Orihuela, habiéndose convertido en un museo al aire libre que lo ha potenciado y puesto en valor.

Pero antes de todo esto, ayer, en el sentido más extenso del pretérito, nos acerca a aquellos momentos en que todo era una pradera deshabitada con una pequeña ermita, a la que se iba el 15 de mayo a pasar el día, a comer, a bailar, y a la que se llegaba en romería desde la ciudad. Estas fiestas se efectuaban en los años cuarenta del pasado siglo y hasta bien avanzada la siguiente década, hasta que el ladrillo sustituyó a la naturaleza. Nos viene a la memoria la celebración en 1951, en la que para conmemorarla se editó un programa impreso en la Escuela Tipográfica de la Obra Social de la Congregaciones Marianas, que se encontraba en la calle Santiago número 20, en la Casa de Misericordia. Como era costumbre, la publicación fue visada pro el Servicio Provincial de Información y Publicaciones Sindicales de Alicante, al cual les debió pasar inadvertido la inclusión de dos poemas de Miguel Hernández, aunque eran de sus inicios. Concretamente aparecen ‘El palmero’ y ‘Romancillo de mayo’, que fueron titulados para esta publicación como ‘El Poeta Pastor’ y encabezados por el siguiente texto: «Tuvo Orihuela un Poeta pastor, Miguel Hernández, cantor de la Huerta y el Campo, del vigor del toro, de las faenas del labrador y del trabajador. Nació en 1910, pasando gran parte de su vida en la huerta y la montaña, componiendo versos, mientras pasturaba el rebaño de su padre. Sus poesías gozan de fama en España y en el extranjero». Lo cierto, es que al margen de los poemas, a la censura se le pasó por alto el nombre del autor, que hacía nueve años que había fallecido en el Reformatorio de Adultos de Alicante.

En dicho programa encontramos las firmas de personas vinculadas entonces con el franquismo como Fermín Sanz-Orrio, Diego Aparicio López (secretario de la Junta Nacional de Hermandades), Francisco Gandía (delegado provincial de Sindicatos), Carlos Antón Navarro (presidente de la COSA), José Jurado Díaz (asesor eclesiástico provincial de Sindicatos), Cayetano López Noguera (delegado comarcal de Sindicatos), José Joaquín Hernández Quixano (secretario comarcal de Sindicatos), Pedro Enrique Sánchez García y Xaquín Ezcurra. Asimismo, aparecen trabajos firmados por el académico Federico García Sanchiz, fray Justo Pérez de Urbel, el poeta Carlos Fenoll y Francisco Martínez Marín.

Las fiestas ese año comprendieron los días 13, 14 y 15 de mayo y adquirieron carácter provincial, al ser organizadas por la Cámara Oficial Sindical Agraria Alicantina junto con la Hermandad Sindical Comarcal de Labradores y Ganaderos que presidía Antonio Escudero Mazón, y la Hermandad de San Isidro Labrador. En el programa de actos no faltaron los pasacalles de la Banda de cornetas y tambores del Frente de Juventudes, los desfiles de las Centurias Juveniles de Franco; la representación en el Teatro Circo de la ‘Mañana del Camarada’; una competición comarcal de arada, y concursos de rondallas, carretas, carros y parejas a caballo; un concierto-verbena a cargo de la Unión Lírica Orcelitana; un Bando de la Huerta; la entronización de la imagen del Santo en los locales de la Hermandad Comarcal de Labradores; desfile de rondallas y romería hasta la pradera con la imagen de San Isidro, así como misa y bendición de los campos. Y, como colofón el sorteo ante notario de un par de novillas.

Todo ello ocurrió ayer, hace sesenta y tres años.

Fuente: http://www.laverdad.es/

Sin Comentarios.

Responder

Mensaje