ORÍGENES DE SAN MARTÍN DE ESCOTO, YA DOCUMENTADOS ANTES DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

POR FRANCISCO ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

VISTA GENERAL DE LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE ESCOTO, (CON ELEMENTOS DE LA ANTERIOR DE SAN MARTÍN DE SOTO). Es el único edificio del concejo de Parres -y lo he subrayado multitud de veces- que ha sido declarado Bien de Interés Cultural por decreto de marzo de 1994, publicado en el Boletín Oficial del Principado de Asturias.

OTRA VISTA DE LA IGLESIA, CON SU FRENTE Y LADO NORTE.

Antes del siglo XV ya era una realidad el dominio de la comunidad monástica de San Martín de Soto y fue -a comienzos del citado siglo- cuando quedaron registradas diversas compraventas, donaciones, intercambios y disposiciones testamentarias dando testimonio de la unión de los monasterios de Santa María de Villamayor y San Martín de Soto.

CARA SUR Y PUERTA LATERAL DEL TEMPLO DE SAN MARTÍN.

En la clave del arco de la puerta principal destaca un relieve de la Cruz de los Ángeles.

Las monjas de “Soto de las Duennas” recibían donativos en dinero (maravedíes, reales de plata, doblas, ducados y otros) o en especie (cereales, vino, quesos, carneros, lampreas, escanda, etc.) a cambio de rezar por el alma de sus donantes y bienhechores, obteniendo algunos el privilegio de ser enterrados en el recinto del monasterio.

El extinto cenobio de San Martín -situado en el lugar de Soto y comunicado con Llames por una barca para cruzar el río Piloña- dominaba lo núcleos de población de barrios que han llegado hasta nosotros, como son los casos de:
Les Faes, El Cobayín, La Camperona, El Caspio, La Pesa y otros, y parte de sus límites estaban en: La Plata, El Palaciu, El Cierru, La Calvera, Cantu la Pipa o El Huberu.

Los nervios de la bóveda se apoyan en ménsulas figuradas con un entrelazado vegetal,

Los nervios de la bóveda se apoyan en ménsulas figuradas con un animal y dos toscas cabezas de hombre y de mujer.

Nada se sabe de cómo habrá sido el recinto monástico de Soto de las Dueñas bajo la advocación de San Martín, puesto que no han quedado testimonios documentales ni gráficos del mismo, y sólo sabemos de su destrucción cuando la abadesa de San Pelayo de Oviedo concedió autorización a los vecinos de Llames -a mediados del siglo XVI- para que llevasen piedra y madera de la iglesia vieja de San Martín al sitio donde edificaban la nueva en honor y memoria al mismo santo en Llames, según consta en los fondos documentales del archivo del Monasterio de San Pelayo.

Como bien dice el profesor Francisco Javier Fernández Conde en su libro “La Iglesia de Asturias en la Baja Edad Media”, la advocación patronímica de San Martín está muy ligada a la recolección y al pago de las rentas, ya desde época visigoda.

En el lateral sur del presbiterio se encuentra la capilla u oratorio de Santa Lucía, a la que se le atribuye un origen que pudiera ser prerrománico y en la que se aprecia una decoración con temas religiosos de época renacentista, del siglo XVI.

En su lado meridional aparece la escena del enterramiento de San Martín, yacente dentro de un sarcófago y velado por dos personajes con barba.

Como ya citamos varias veces en artículos referentes a la iglesia de San Martín de Escoto, la abadesa y otras dos monjas benedictinas que residían en el primitivo monasterio fueron trasladadas al Monasterio de Villamayor por orden del obispo don Gutierre de Toledo cuando éste ocupaba la sede de la mitra ovetense (1377-1389), dado que las monjas llevaban una vida disipada, muy lejos de lo que la regla de San Benito exigía.

San Martín de Soto fue ocupado años después por monjes cistercienses del Monasterio de Valdediós, pasando en 1530 a formar parte del señorío del Monasterio de San Pelayo.

Todo indica que los vecinos de Llames levantaron la iglesia que hoy conocemos cerca del oratorio o capilla que ya tenían próximo a las casas que componían el pueblo, incorporando dicha ermita al nuevo templo.

Detalle del arco de triunfo ligeramente apuntado apoyado en capiteles troncopiramidales y del ábside.

Las dovelas de arranque de la puerta principal aparecen labradas, con un jarrón en la de la izquierda.

En el siglo XVIII el coto de Llames debía pagar al monasterio cuarenta reales de vellón, mientras los de Soto entregaban dos copinos de maíz y otros dos de escanda anuales.

Todo el coto podía tener una extensión no lejana a los 900 días de bueyes.

La planta de su iglesia tiene un trazado común a las iglesias románicas rurales y presenta una decoración en la que se aprecia la confluencia de estilos sucesivos.

Destaca esta iglesia sobre todas las demás del concejo por su variada decoración, con portadas de la iglesia original, arcos de medio punto, figuraciones heráldicas, cruz con ángeles, figuras humanas, escudos, tallas, geometrías, puntos, sogas y restos de pinturas.

Su interior no deja indiferente, con una armadura de madera que cubre la nave central en la que los vecinos trabajaron con entrega para restaurar algo de su pasado esplendor, mientras los nervios de la bóveda se apoyan en ménsulas e impostas figuradas con un entrelazado vegetal, un animal y dos toscas cabezas de hombre y de mujer. En el lateral en el que se encuentra la capilla de Santa Lucía se aprecia una decoración con temas religiosos de época renacentista, aunque la propia capilla interior pudiera datarse ya en época prerrománica.

Sabido es que San Martín de Escoto fue totalmente restaurada en 1985 y que -en 1997- sus vecinos repusieron la techumbre del templo.

Lunetas de la bóveda del ábside después del año 2015 en el que fueron pintadas en azul marino.

Es el único edificio del concejo de Parres -y lo he subrayado multitud de veces- que ha sido declarado Bien de Interés Cultural por decreto de marzo de 1994, publicado en el Boletín Oficial del Principado de Asturias.

– Arriondas, 11 de noviembre de 2019, festividad de San Martín de Tours –

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