LAS MUJERES Y LA REVOLUCIÓN

POR DALIA AGUILAR SALGADO, COORDINADORA DEL CONSEJO DE CRONISTAS DEL MUNICIPIO DE JIUTEPEC, MORELOS (MÉXICO)

Ellas van al igual que los hombres, en esa muchedumbre que se enfila por los duros caminos llenos de incertidumbre y esperanza, esos caminos llenos de tierra y polvo que las envuelve en esa espesa inquietud, llevando lo más pesado sin ser vistas, lo mismo eran soldaderas o coronelas, cocineras o niñeras, lavanderas o enfermeras, mujeres, mujeres que fueron invisibles ante muchos ojos, esas mujeres que fueron parte y lograron la victoria de un movimiento, contagiadas por ese sueño de un hombre revolucionario de mente y de ideales, de lucha y esperanza, ese hombre llamado Emiliano Zapata.

¿Qué historias hay de las mujeres que lucharon en la Revolución Mexicana?

Ellas eran madres, esposas, hermanas, amantes, ellas; mujeres con una vida ya decidida de mujeres, y con injusticias que vivía sus familias, decidieron cambiar esta forma de vivir y unirse a este grito de esperanza por tener una vida mejor y más digna; cambiaron el fogón, por la carabina; la casa por las calles; estas mujeres hacían las mismas tareas que los hombres, no había consideración, pero todo valía la pena por lograr tener derechos y una mejor condición de vida.

Sus historias han quedado enterradas con ellas mismas, enterradas como han quedado sus luchas a través de la historia, sin ser recordadas con el honor que se merecen. La ingratitud de un mundo donde no era reconocida la mujer.
Alguna de estas historias de la mujer revolucionaria podemos rescatar, como esta que sucedió aquí en el histórico Jiutepec Morelos, Morelos tierra que vio nacer a Emiliano Zapata.

En la época zapatista, existía en este pueblo una joven mujer, nacida de la misma tierra a la que dio muchos hijos, ella Agustina Alanís Tapia casada, y ya con niños pequeños, tenía su hogar en los terrenos donde ahora es el Seguro Social, también tenía una peculiar tienda de abarrotes, donde era el lugar de reunión de la escasa sociedad que vivía en el pequeño pueblo. Esta intrépida y valiente mujer fue participe de esta revolucionaria lucha, ella como hermana del coronel zapatista Cliserio Alanis Tapia estuvo muy cerca de Zapata y conviviendo con los que dirigían esta lucha, así pudo introducirse en las tácticas y ser una empoderada mujer que asistía a importantes reuniones secretas del movimiento, siendo ella misma un correo humano entre la información que mandaba el general Zapata y la estación de ferrocarril que se encuentra en Jiutepec, Estación Mango, así también enviaba información a la sierra morelense para que le llegara al mismísimo Zapata, esta heroica mujer defendiendo y luchando por sus ideales, era la encargada de contagiar su entusiasmo para juntar y reunir a las mujeres del pueblo en apoyo a la lucha del General Zapata.

Las batallas continuaban y los pequeños grandes esfuerzos que pudieran parecer, el tiempo le dio los frutos de lo que había peleado, gozar de una victoria que la mujer, la soñadora, la valerosa logró con su importante e histórica participación.

Vivió una larga vida llena de lucha y gloria, finalmente cerro sus ojos por última vez en el año de 1961.

La participación sencilla y anónima de estas mujeres que con el olor a pólvora lucharon ferozmente en los campos de combate sin que retrocedieran; pelearon por su país y reclamaron derechos, estas mujeres que sus nombres han quedado en el olvido a través de la historia, son las mujeres que abrieron brecha, las primeras mujeres que lucharon por los derechos humanos, ellas rompieron esquemas sociales para ser tomadas en cuenta por el solo hecho de ser MUJER.

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