AY, CAMPO, CUÁNTO HERMOSEAS

POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ)

Desde el Cerro Gordo, junto a la carretera de Montijo a La Roca de la Sierra, se palpa el olor a secano en sus olivares cuajados por el peso del oro líquido que pronto romperá aguas por el parto que les llega. Allí, en la hondura de los versos de Miguel: “Levántate, olivo cano/, dijeron al pie del viento/. Y el olivo alzó una mano/ poderosa de cimiento”. El sabor a secano se hermana con las tierras de regadío que eternizan su letargo en un quieto y saludable reposo. Verde, marrón, amarillo, azul… Ay, campo, cuánto hermoseas.

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