LAS DOS CARAS DE ULEA

POR JOAQUÍN CARRILLO ESPINOSA, CRONISTA OFICIAL DE ULEA (MURCIA)

El término municipal de Ulea, tiene una configuración, tan especial, que la hacen única, original, con “señas de identidad” grandiosas.

“Las Lomas” dividen, al pueblo, en dos mitades, totalmente, distintas. La zona oeste, en donde se encuentra enclavado el casco urbano, con sus edificios emblemáticos y asentamientos históricos. Todos ellos, situados, entre el monte “El Castillo” al norte; el río Segura al sur; “Las Lomas” al este y “El Salto de la Novia” al oeste.

Al otro lado de “Las Lomas”, en la zona este, nos encontramos con “La otra Ulea”; la Ulea diferente. Extensos campos que, hasta hace pocos años, eran de secano y en donde se cultivaban olivos, almendros y, en las laderas escarpadas, en plan silvestre, esparto y albardín. Hoy se han convertido en terrenos de regadío, que le transforman en un paraje de gran fertilidad. Se cultivan limoneros, naranjos, frutales—especialmente albaricoqueros y melocotoneros, además de pequeñas extensiones, que subsisten todavía, de almendros y olivos. Como quiera que las vías de comunicación continúen mejorando de forma ostensible, le cruza de norte a sur la autovía que une Madrid con Cartagena, se están implantando industrias y se acabará convirtiendo, en una zona residencial importante; pues ya hay planes de urbanización en marcha, con servicios, hoteles y un campo de golf. Allí se encuentra ubicada “la planta de reciclaje de residuos” con rendimiento pleno, dando trabajo a bastantes uleanos y obreros de pueblos colindantes. A esta zona, le llamaría” La Ulea expansiva”.

Ulea, contemplada desde “la asomá” de Villanueva, o desde la falda del monte” el Castillo”, en donde se encuentra ubicado el majestuoso monumento al Sagrado Corazón de Jesús, es de una belleza sin parangón. Desde dichos puntos estratégicos, se divisan las edificaciones en la ladera de la montaña, sobre la alfombra de la huerta uleana y el río Segura, que serpentea, de forma maravillosa, a sus pies. La belleza de estos paisajes, se quedan grabadas en las retinas, de cuantos nos visitan, durante muchísimo tiempo. Son referentes del pueblo, como faros permanentes,” La Torre de la Iglesia” y” El Gurugú”.

En esa Ulea histórica nos encontramos con edificios emblemáticos como” El Ayuntamiento”, construido en el siglo XV, ubicado en la plaza mayor. “La Iglesia Parroquial de San Bartolomé”, de estilo Mudéjar, cuyo Artesonado, así lo acredita. Fue construida entre los años 1502 y 1505, bajo el papado de Julio II. Esta Iglesia es el referente de todas las del Valle de Ricote. Se accede por unas escalinatas singulares que, en la actualidad, están protegidas por un pretil de seguridad, que le dan un encanto especial. “La Casa del Cura”, construida por alumnos de Eiffel, por lo que también se le conoce como “Casa Eiffel” edificada entre los años 1910 y 1912. Estos edificios componen “El Trío Monumental de la Plaza Mayor”. Otros, de relevancia, en el pueblo de Ulea son: “La Casa de la Condesa”, muy deteriorada y en vías de restauración. Aunque temo que me dejaré alguna, más importante que las que cito, me atrevo a nombrar las casas de Jesualdo Cascales, Luís García, Miñano, la fábrica de Domingo Salinas, la casa de Concha del Pequeño, la de Casto, Elisa, Claudia, Tomás y Bienvenida, Gumersindo, el pórtico ajardinado del bloque de casas que va “desde la casa de la barquera, hasta la de Sacramentos del Chopano”, la de Gregorio, la de Joaquín “de muebles”, convertida en una placeta ajardinada, la de Narciso y Mariquita, la de Carmen Tomás, típica por su galería interior que llega hasta el pie de la sierra, las calles del arrabal, “La Casa de la Cultura”, la fábrica de Pablo Garrido, la del molinero, con vestigios históricos que lo atestiguan, como: piedras de molino, torvas, etcétera. Ya lo decía al comenzar, muchas más; tan importantes como las que he citado

La historia de Ulea se corrobora por sus legados, que dan testimonio fidedigno, pero sus monumentos emblemáticos; están ahí, en el casco antiguo del pueblo, para poder ser admirados. Nos encontramos con “El Salto de la Novia”,” La Noria-Aceña de los Condes Villar de Felices, también conocida por “la Noria de Nicomedes, por estar ubicada en la finca que, posteriormente, fue de su propiedad. Seguimos con “El Templete del Henchidor”, en donde cada 3 de mayo se efectúa “el Baño de la Santa Cruz”, “La Pila de la Reina Mora”, “Las Paretas”, “El Aljibe” , “La Ventanica”, “La Iglesia”, anteriormente citada, “El Monumento del Corazón de Jesús”, “El canal del Taibilla” que cruza, de oeste a este, todo el monte, «El Molino”, que es un verdadero museo, ya que sus piezas se conservan, en su totalidad, y dan testimonio de su funcionamiento hasta hace pocos años, “La Aceña” en donde se encuentran sus vetustos cangilones, que funcionaron hasta finales de los años 70, del siglo pasado, y que unos años antes estaba conectada a “La contra-aceña”, que regaba los bancales más elevados. También podemos recrearnos con la vista de un “Grupo Escolar” modélico, para un pueblo tan pequeño, “La Casa de la Cultura”, inaugurada en el año 1998, “El Gurugú”, construido en el año 1870 y “El Canal del Trasvase Tajo-Segura”.

En “las Lomas”, propiamente dichas, nos encontramos con “El Cementerio Municipal”, construido a principios del Siglo XX, “Las Cuevas de las Lomas”, de las que quedan algunas oquedades, como vestigios, pues fueron habitadas hasta la década de 1970. En el mismo paraje, en los aledaños del “Barranco Sevilla”, también se encuentran: “La Casa de los Forestales y la de los Peones Camineros”; ambas muy deterioradas.

A partir de ahí, nos encontramos con “La otra Ulea”, en donde podemos admirar sus lugares típicos, que prevalecen desde antiguo. Esta cara de Ulea, extensa, que hasta hace unos años era una zona esteparia y “que se regaba con agua caída del cielo”, como decíamos antaño.

Pues bien, desde “La Losilla” hasta “La Rambla del Tinajón” y desde Las Lomas hasta la Estación—apeadero del ferrocarril, ya extinguido gracias a las mejoras en las infraestructuras, en vías de comunicación y regadío, se ha convertido en una fértil huerta de frutales, quedando, solamente, pequeños bancales de olivos y almendros.

En esta zona son típicos los asentamientos del “Hornico de Fuster”, “El Zapatico”, “La Losilla”, “La planta de residuos”, “La Almazara de la Claudia”, “La Venta de Puñales”, “El Templete de San Antón”, paraje a donde se va de romería el día 17 de enero, “El Puente del Tinajón”; y muchos otros de tanta importancia como los citados.

Proyectos de construcción de urbanizaciones, en las estribaciones de la rambla del Tinajón y del trasvase del Tajo-Segura, con su campo de golf, harán de esta parte de Ulea, la zona de expansión y de futuro, pues tiene regadío y está muy bien comunicada, ya que la cruza la autovía de Murcia a Madrid y dista, de la capital murciana, 25 kms.

La otra Ulea, la antigua, que no nos la toquen: que la restauren y embellezcan. Todos los uleanos debemos sentirnos orgullosos, “de su emporio histórico y cultural”, enmarcado en un paraje sin igual, del Valle de Ricote. Son las dos caras de nuestra Ulea.

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