PEÑALSORDO Y EL ESTADO DE CAPILLA A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS

POR ALEJANDRO GARCÍA GALÁN, CRONISTA OFICIAL DE PEÑALSORDO (BADAJOZ)

Panorámica de la villa pacense de Peñalsordo.

Antigüedad

La población de Peñalsordo -en un principio La Peña del Sordo-, en la Tierra de Capilla, se remonta en el pasado hasta el siglo XIV, como nos recuerda el primer documento escrito que se conserva. Por ello, escasos son los siglos que tiene de existencia esta villa de la Baja Extremadura.

El hecho en sí que apuntamos no es óbice para reconocer que, próximo a su caserío y jurisdicción, encontramos bastantes testimonios, principalmente líticos, para conocer que su territorio fuese ocupado por diferentes pueblos en el pasado. Muchos son los datos hoy a nuestro alcance que nos remiten hasta fechas del pasado extremo, el paleolítico. Desde entonces por estos contornos ha transitado gente que en unos casos pasarían de largo, en otros se establecieron por su territorio.

Celtas e iberos (tal vez más bien tartesos), se asentaron por estas escabrosas tierras enraizando entre sus riscos. Restos de aquellos lejanos tiempos han sobrevivido en sus pinturas rupestres, abundantísimas; en las no menos abundantes estelas funerarias; o en las lascas que se descubrieron en sus contornos limítrofes. Los asentamientos antiquísimos de Las Cañas y el poblado del Peñón del Pez (posiblemente la Miróbriga de los Túrdulos); y ya más próximos en el tiempo a nosotros el mundo romano, bien representado, el visigodo, el mundo árabe, y el cristiano. Aquí, en este tiempo que arranca en el siglo XIII (1226), con la conquista del castillo de Capilla (Kappela) a los musulmanes por las tropas del rey castellano Fernando III, deseamos centrar este breve trabajo de divulgación para cuantos se interesen en la historia de nuestro pueblo y alrededores.

Reconquista del territorio por los cristianos

Estos pagos van a experimentar un inmenso vuelco desde el instante en que por voluntad del rey Fernando III, los caballeros del Temple pasen a ser los dueños absolutos de esta tierra con las vidas de sus moradores, voluntades, casas, prados, ríos, montes… todo, después de la reconquista de Córdoba (1236) a los sarracenos, como consecuencia de la ayuda prestada al santo rey por los caballeros templarios, al igual que habían hecho 10 años antes con la fortaleza de Capilla. Los templarios, mitad monjes mitad soldados, pertenecientes a la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón en sus orígenes, recibirán lo que se dará en llamar Baylío de Capilla en la persona de su maestre don Esteban de Belmonte. Este es el nombre que recibe el territorio que abarca las poblaciones de Capilla, Almorchón y Garlitos. Y parte de la tierra de Siruela. Poblaciones como Cabeza del Buey, La Zarza, Peñalsordo, Risco y Baterno aún no existen por las fechas que citamos. Otras dos poblaciones también surgidas en el entorno medieval, La Poblachuela, actualmente quedan sus restos, y Barvo desaparecieron posteriormente. Durante poco menos de un siglo permanecerá dicha Orden como dueña absoluta y total en este territorio (1236-1307). Después de la posesión de los templarios de estas tierras se van a construir dos monasterios para su dominio; por un lado, el de Nuestra Señora de la Encarnación, en territorio de Capilla, y por otro el de Nuestra Señora de Belén, en tierras de Almorchón. Asimismo el nombre de Nazaret estará muy unido a esta Orden y a Garlitos. Tras la disolución de la Orden templaria por orden del papa Clemente V, con la aquiescencia del rey francés Felipe IV, por acusación de herejía, sodomía y satanismo, el baylío pasa a poder regio en la figura del monarca castellano Fernando IV de Castilla, haciendo caso omiso al pontífice quien había ordenado que recayesen los bienes templarios en la Orden de San Juan de Jerusalén. Y tras la breve permanencia breve del territorio en manos de otros dueños; entre ellos, la ciudad de Córdoba y la Orden de Alcántara, ésta última en la persona de su maestre don Gonzalo Pérez. El rey Pedro I, el Cruel para unos, el Justiciero para otros, hereda la corona castellana y entrega a su hija Beatriz el Baylío o Encomienda de Capilla. Con la muerte de Pedro I a manos de su hermano de padre, Juan II de Trastámara, futuro rey de Castilla, el territorio lo dona éste en 1370 a su Justicia Mayor, Juan Núñez de Villazán. Éste finalmente lo venderá en 1382 a un noble de origen navarro, Diego López de Stúñiga (más tarde Zúñiga) la villa de Capilla con sus aldeas y lugares. Antes, en 1333, había desaparecido el Baylío de Capilla-Almorchón creándose el Estado de Capilla, separándose este último de Alcántara, y por otro lado el territorio de Almorchón, que sí seguirá en la Orden alcantarina.

En poder de los Zúñiga y los Téllez-Girón

La compra por parte de López de Stúñiga abarca el castillo, aldeas con sus casas, montes, prados, ríos, aguas corrientes y estancas, huertas, molinos y aceñas…, junto a todas las dehesas que conforman el Estado o Señorío: Berrocal, Piedra Santa, Barrancos, Yuntas, Garbayuelas y Castillejo. El territorio permanecerá en manos de los Zúñiga, conocidos como duques de Béjar desde 1485, hasta la muerte sin descendencia del último duque Joaquín de Zúñiga y Sotomayor en 1777. Con esta muerte todos los títulos de los Zúñiga, entre ellos el Señorío de Capilla, van a recalar en María Josefa Alfonso-Pimentel Téllez-Girón, condesa-duquesa de Benavente, entre otros muchos títulos, y casada desde 1771 con su primo hermano Pedro de Alcántara Téllez-Girón, IX duque de Osuna. María Josefa guardará celosamente sus títulos y estará al frente de ellos hasta su muerte acaecida en 1834, pasando a heredar su inmensa fortuna su nieto primogénito Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Beauforte, XI duque de Osuna, fallecido en 1844, a quien sucederá el segundogénito de la Casa, su hermano de padre y madre Mariano, que a su vez muere en 1882 sin descendencia directa y en total ruina. Aquí termina pues la Casa de los Osuna-Béjar.

Últimos años de la Nobleza

Mariano Téllez-Girón en vida será un auténtico dandi, un figurón empedernido, casado ya muy tarde, y que dilapidará toda su inmensa fortuna patrimonial. Antes de su fallecimiento irá entregando las dehesas y casas de los terrenos que nos ocupan a sus acreedores, generalmente de la nobleza española, a cambio de los favores prestados a lo largo de sus años de malgobierno. Los propios vecinos de los pueblos del Estado de Capilla van a hacerse los dueños por compra de las dehesas de Berrocal y Piedra Santa en 1882. Con esta adquisición muchos habitantes de estos pueblos menesterosos se sentirán algo aliviados, pues las tierras de estas dos grandes dehesas, de pasto y labor, pasarán a depender de ellos mismos. Y será ya en 1919 cuando nuestros coterráneos adquieran las dehesas de Barrancos y Castillejo al dueño de entonces, el III marqués de Casariego, Alejandro Fernández-Casariego. La dehesa de Las Garbayuelas será comprada por los vecinos de estos pueblos en 1930 a los condes de Catres, los Cabeza de Vaca. Y finalmente, la extensísima dehesa de Las Yuntas, que perteneciera un tiempo a los condes de Bornos, los Ramírez de Haro, será adquirida por los vecinos, sólo agricultores, de Peñalsordo, Capilla y Garlitos con fecha de 1947 a su última dueña, doña María Español y Vélez Ladrón de Guevara, de los condes de Guevara. Con esta postrera situación, los habitantes de estos pueblos durante tantos años pecheros, pudieron respirar más hondo al conseguir que las tierras que durante tantos siglos habían cultivado y pastoreado, ahora les perteneciesen totalmente para su uso y disfrute.

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