CON LOS OJOS DEL REY MELCHOR

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

Los tres Magos de Oriente posan con el alcalde previamente a su ´mágica´ dedicación.

Y así en miles y miles de pueblos, villas y ciudades de España, una tradición que perdurará por años y años…

Sí, esta tarde-noche del 5 de enero del recién estrenado 2020 he vivido en primera persona las horas de magia que envuelven la fantasía y la ilusión, no sólo de los inocentes niños y niñas que -nerviosos y un poco aturdidos- observan a los tres Reyes Magos de cerca, sino también a los que en las tres residencias de ancianos e impedidos y en el Centro de Salud Mental de nuestro concejo de Parres ven llegar a los Magos con una mezcla de ilusión, confusión, alegría y emotividad.

Madres y padres aguardan a que sus «peques» vayan a ver a los Reyes Magos y a contarles sus ruegos y peticiones.

La noche del 5 de enero, siempre emotiva e inocente.

¡Cuántas, risas y sonrisas! ¡Cuántas emociones y lágrimas! ¡Cuántos abrazos y buenos deseos!

No imaginaba Melchor (supongo que tampoco Gaspar ni Baltasar) que su cometido de hoy iba a traerle tantos recuerdos, impresiones, confidencias y emotivos momentos.

Desde el niño que te dice: “No creas que he sido demasiado bueno, pero yo lo intento”, hasta el que señala: “Esa que hace las fotos es mi tía y pide un novio a los reyes”, o los no pocos que sólo piden “sorpresas” (´lo que los reyes queráis´).

Creía el Rey que escribe estas líneas que la lista de peticiones de cada niña o niño sería voluminosa, pues no, muchos pedían una sola cosa, dos como mucho. Alguno hubo que pidió para padres y abuelos antes que para él; a algunos se les olvidó en ese momento mágico lo que querían y ya los reyes les dijeron que no se preocupasen, que al llegar a casa dejasen una nota en las zapatillas.

Hubo dos que lo primero que preguntaron fue: “¿Qué te gustaría cenar?”, no tienen tiempo los reyes para detenerse mucho en cada casa, pero sí se contentan con que les dejen un vaso de leche templada o un suave cacao para cada uno.

¿Cómo debes reaccionar cuando una niña de ocho años te cuenta que sus amigas del colegio le dicen que los Reyes Magos son los padres y les pide a éstos que le saquen una foto con el móvil junto a su rey favorito para demostrar que no es así?

Sobre la marcha se te ocurre decirle que -aunque somos magos- ya estamos algo ´viejecitos´ y que cada vez hay más niños en el mundo, de forma que algunas veces tenemos que decirles a los padres que nos ayuden en el reparto de los regalos.

¿Se dan por satisfechos con las respuestas improvisadas? Pues no siempre, porque un ´peque´ -hijo de un exalumno- me dijo: “Como eres mago no hace falta que te escriba una carta, porque tú ya sabes lo que voy a pedirte”, y Melchor respondió: “Tienes razón, pero a mí me gusta ver cómo escribes, porque en cuarto curso seguro que ya lo haces muy bien” y -tras pensar un poco- respondió: “Vale, y acuérdate de traerle un pijama a mi abuelo, porque lleva varios años pidiendo uno y nunca se lo dejáis”.

En estas seis horas de ilusiones, tal vez los momentos más emotivos son los del reencuentro con aquellos que conociste desde niño y ahora pasan en sus residencias los últimos días de sus vidas.

Unos están bien de salud, otros no tanto y algunos en sus camas… casi irreconocibles.

Allí te encuentras recogida en una residencia -entre tantos otros y otras- a la que hace sesenta y cinco años era tu catequista en la parroquia y que -cada día de Reyes- sorteaba unas cajitas con un mazapán en su interior. No reconoció en su incipiente demencia la anciana catequista al que hoy era Melchor, aunque al llamarla por su nombre y recordarle aquellos días, una lágrima no pudo evitar rodar por su mejilla…y otra por la del efímero Rey.

Sólo la ´magia´ permite momentos así.

El Ayuntamiento se preocupó de que todas las niñas y niños tuviesen su paquete de caramelos, y de que las varias decenas de acogidos en sus residencias recibiesen personalmente sus frascos de colonia, cada uno el suyo; algunos pidieron abrirlo allí mismo, con la misma ilusión que los niños abren su caja con el juguete pedido.

Y es que el ciclo vital humano no se detiene desde nuestro nacimiento hasta nuestro final, tanto los inicios como las postrimerías tienen en común más de lo que parece…

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