BELENES

POR MIGUEL ROMERO SAIZ, CRONISTA OFICIAL DE CUENCA

Belenismo o también llamados nacimientos, pesebres o portales nos lleva a esa representación plástica del nacimiento de Jesucristo. Una costumbre arraigada en la España del momento y una práctica de fuerte raíz tradicional en el costumbrismo hispano, especialmente católico.

Tal vez, ahora, el belenismo pueda tener ciertos matices sarcásticos en la sociedad del momento, por eso de haber más pesebres que portales, sin que la ofensa pueda llevarnos a compartir postulados o pensamientos.

Pero me trae aquí esta costumbre de la representación católica del nacimiento de Jesús. En Castilla La Mancha es muy común y habitual, especialmente esa Ruta de Belenes en la ciudad de Cuenca, o ese Belén Viviente en la localidad carismática de Vega del Codorno en su cueva natural. Albacete, Guadalajara, Toledo y Ciudad Real también comparten ese juego de luces y figuras para ambientar el mundo onírico del Nacimiento de una navidad católica donde el Villancico enaltece la musicalidad de este mes de diciembre. Toledo, llamada la ciudad de los belenes siente la historia y su patrimonio como base de un belén constante en cada rincón de su maravilloso entorno; pero Chinchilla, Hellín o Villarrobledo nos embelesan, sin olvidar Checa, Chiloeches o Mondéjar. Todo un paradigma del costumbrismo castellano manchego.

Y si hacemos historia, la primera celebración navideña en la que se montó un belén para la conmemoración del nacimiento de Jesucristo fue en la Nochebuena de 1223, realizado por San Francisco de Asís, en una cueva próxima a la ermita de Greccio (Italia). La escena del nacimiento de Cristo no fue representada con figuritas y miniaturas de objetos cotidianos, como hacemos actualmente, ni con personas, aunque para la ocasión San Francisco sí utilizó animales.

Tal vez, estaría más acorde en estos momentos actuales, volver a utilizar animales, sin caer en el paroxismo del maltrato, algo usual en tiempos de dudas.

En aquella ocasión histórica, se celebró la misa nocturna acompañada de una representación simbólica de la escena del nacimiento, mediante un pesebre (sin niño) con el buey y la mula, basándose en la tradición cristiana y los Evangelios apócrifos, así como en la lectura de Isaías: «Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne» (Is. 1,3). Estos animales ya aparecen en el pesebre del siglo IV, descubierto en las catacumbas de la Basílica de San Sebastián de Roma, en el año 1877. Cuenta San Buenaventura, en su Legende de Santi Francisci, que tras celebrar la misa el sacerdote sobre el pesebre (utilizándolo como altar), San Francisco cantó el Evangelio.

Por eso Cuenca, en su tradición franciscana ha heredado el sentimiento hacia el nacimiento belenista y así lo hacen sus expertos artesanos de esta ingeniería católica y tradicional. Posiblemente su primer belén fuera en tal convento de la Orden Tercera en el Campo de San Francisco y no más tarde del siglo XIV.

A partir del siglo XIV, (fundamentalmente a través de estos frailes franciscanos, cuya regla consistente en estricta pobreza, humildad, sencillez y cercanía al pueblo -frente a órdenes más ricas, «aristocráticas» y cercanas al poder político- se avenía muy bien con el humilde nacimiento del Mesías, por lo que usaron su representación como elemento de predicación, considerándose por tanto el pesebre un invento franciscano, cultivado especialmente por éstos y por las restantes órdenes franciscanas, como las clarisas y los capuchinos) el montaje de los belenes por Navidad se consolidó como tradición en la península itálica y fue pasando al resto de Europa, al principio como práctica eclesiástica, posteriormente aristocrática y finalmente popular. Sucedió de esta forma en España, ya que cuando, a mediados del siglo XVIII el rey de Carlos VII de Nápoles pasó a ser rey de España, promovió la difusión de los nacimientos entre la aristocracia española, llegando posteriormente a la práctica popular en la toda España y en América. ¿Qué decir del famoso Belén napolitano que en Cuenca nos ha «encandilado» año tras año, en ese Taller de belenistas conquenses de fuerte raigambre y maestría.

Y quiero acabar con la Ruta de los Belenes en Cuenca, que este años ha congregado a más de cinco mil visitantes y que ha sido la edición más solidaria de todas, consiguiendo obtener una excelentes beneficios para los más necesitados. También acogió el Mercado navideño de Dulces de Convento. Una iniciativa que ha acabado hace unos días y que ha sido un rotundo éxito para la Junta de Cofradías, encargada de tal actividad. ¡Enhorabuena¡

Fuente: https://eldiadigital.es/

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