LA ALMENDRA TIENE LARGA VIDA • LOS VECINOS DE VALSEQUILLO (CANARIAS) ESCENIFICAN LA TRANSFORMACIÓN DEL ALIMENTO DESDE EL ÁRBOL HASTA LA MESA

MARÍA TERESA CABRERA, CRONISTA OFICIAL DEL MUNICIPIO, FUE LA ENCARGADA DE REPARTIR LAS RACIONES ENTRE LOS VISITANTES

Valsequillo festejó ayer por sus cuatro costados la floración de los almendreros. Miles de personas atravesaron el municipio por la ruta de La Barrera, el casco urbano, Las Vegas y Tenteniguada y en cualquiera de esas paradas encontraron música folclórica, escenificación de las tradiciones agrícolas, mercadillos artesanales y exhibiciones gastronómicas con la almendra como principal protagonista. El próximo año celebra junto a Tejeda los 50 años de la fiesta.

Recorrer la ruta del almendrero en flor de Valsequillo es un placer aunque solo sea por divisar el paisaje desde el coche o la guagua, pero los miles de grancanarios y turistas que lo hicieron ayer tuvieron el aliciente añadido de poder bajarse en alguna de esas cuatro localidades, o en todas, para disfrutar de la amabilidad de sus vecinos, que desde hace casi medio siglo se echan a la calle el último domingo de enero para agasajar a los visitantes.

Lo peor de esta fiesta es el atasco que se forma antes de llegar a La Barrera -ayer mucho menor que en años precedentes-, pero una vez superado ese punto se empieza a disfrutar de los olores del cochino asado, los potajes de jaramagos y la amplia repostería de las almendras. Por cualquier rincón se escenifican las labores agrícolas ligadas a ese fruto seco y se improvisan parrandas musicales.

Si el sábado la fiesta estuvo en Tenteniguada, por la celebración del Día del Turista, el casco de Valsequillo fue ayer la principal parada de la ruta. Por todo el pueblo se desplegaron ventorrillos de comida y artesanía, mientras que en las plazas de San Miguel y Tifariti se sucedían las actuaciones de grupos folclóricos.

La esencia de la fiesta se pudo apreciar en la plaza del Ayuntamiento, donde una docena de vecinos ataviados con trajes tradicionales recrearon la transformación de la almendra, desde que está en el árbol hasta que llega a la mesa. «Este año estamos escenificando la manera de varear el almendrero, recoger la fruta, descascararla, partirla, despepitarla y tostarla para hacer garapiñadas, piñones o horchata; es decir, el proceso de casi todo lo que se puede hacer con las almendras en la repostería», explicó José Antonio Peñate, presidente de la Asociación de Vecinos de la Era de Mota.

Ya nadie vive de la producción de almendra en Valsequillo, si acaso sirve de complemento económico para algunas familias, pero «no hace tantos años», relató Peñate, «había en la Era de Mota y en Las Vegas cinco o seis personas que se dedicaban a comprar las almendras que cultivaban los demás vecinos, las partían y pagaban a la gente para despepitar». El progreso llegó cuando Antoñito Pérez compró una partidora mecánica, una de las primeras que hubo en el Archipiélago, y acudía gente de toda la Isla para usarla.

El dirigente vecinal cree que es posible recuperar este cultivo y recuerda que en Valsequillo ya se puso en marcha hace dos años un proyecto, subvencionado por el Cabildo, por el que ya se han plantado más de 5.000 almendreros, higueras, castañeros, nogales, olivos y guinderos. Ahora se está a la espera de ayudas públicas para repoblar una quincena de fincas que fueron abandonadas porque no eran rentables.

«Hay ganas de volver a la tierra y reverdecer todos estos campos, quizá se consiga que la almendra vuelva a ser productiva o que, al menos, se mejore el paisaje», opinó Peñate, quien apuntó que «además de que los médicos recomiendan comer un puñito de almendras y nueces todos los días, tiene una cantidad inmensa de aplicaciones para la gastronomía y la repostería».

Para demostrarlo, la Asociación de Patrimonio Cultural de Valsequillo, también elaboró en directo un pollo con almendras y tortillas. María Teresa Cabrera, cronista oficial del municipio, fue la encargada de repartir las raciones entre los visitantes. «El público viene a ver nuestras tradiciones, las costumbres de antes que se han perdido, y les llama la atención que hagamos el pollo en la olla de barro, majando las almendras en el almirez, como lo hacían nuestras madres y abuelas», comentó.

«Antes -añadió la cronista– se vivía de la almendra, ahora mucho menos, pero si volvemos a poner en marcha una pequeña industria sí que puede ayudar a la economía local; todo lo relacionado con la agricultura es muy costoso, pero el almendrero tiene la ventaja de que no hay que regarlo, pues se sustenta por sí mismo».

Cocineros

Pero no todo fue tradición. A pocos metros, tres jóvenes chefs de la Asociación Mojo Picón, que agrupa a cocineros, reposteros y panaderos de Gran Canaria, hizo una demostración de cocina vanguardista, un show cooking, con la almendra como denominador común. Antonio Pérez de los Cobos elaboró una sopa y un mojo. Ivone Hernández un wan tun chino relleno de morcilla canaria, manzana, canela y almendra. Y por último, Alberto de Armas explicó a los curiosos su receta de profiteroles con aromas de limón y rellenos de crema de turrón. Los visitantes apenas dejaban llegar caer al plato lo que iba saliendo de los calderos.

En un ventorrillo en la esquina de la Plaza de Tifariti, Félix Santana ofrecía a gritos sus matajilorios, que consiste en una tapa de pan untada con chorizo de Teror y salpicada con media docena de almendras tostadas, unas con sal y otras con azúcar. «Este es el mejor invento de Valsequillo, con lo que se criaba a los niños de pueblo cuando no había otra cosa que comer; esta era nuestra merienda», aseguró.

Por Valsequillo transitaron durante el fin de semana unas 20.000 personas, incluidos varios miles de turistas alojados en el sur de la Isla, según los cálculos de la Policía Local por el movimiento de coches y guaguas. «Estamos muy contentos con la gran afluencia de público y este año hemos tenido la suerte de que la fiesta ha coincidido con la floración de los almendreros, en Valsequillo, estamos disfrutando de la mayor manifestación de tradiciones y cultura canaria», declaró el alcalde, Francisco Atta, quien subrayó que «este gran día de enaltecimiento de la identidad canaria es posible gracias a los vecinos, vecinas, asociaciones y colectivos que colaboran con el Ayuntamiento para que cada año salga adelante».

El alcalde y los responsables municipales resaltaron que durante la jornada de ayer «no ha faltado el mercadillo agrícola ganadero ni tampoco la trilla en Las Vegas y siguiendo con la ruta en Tenteniguada había también la trasquilá y la ordená de la teta a la escudilla».

En el casco de Valsequillo se celebró a media mañana una exhibición de arrastre de ganado, con yuntas de bueyes llegadas de varios municipios, y otra de juegos tradicionales como el Salto del Pastor o el levantamiento de piedra. En ellas participó Ramón Alvarado, referente de esas prácticas ancestrales de las Islas Canarias.

Artesanos

Los organizadores destacaron que «los productos realizados por los artesanos no han pasado tampoco desapercibidos por los paseantes que han llenado las vías donde estaban instalados los puestos; en definitiva, una jornada en la que se ha podido disfrutar de gastronomía, folclore, baile de taifas, demostraciones en vivo, tradiciones y vestimenta tradicional canaria en esta fiesta que ya forma parte de nuestro patrimonio cultural, donde se celebra con orgullo las tradiciones y la cultura canaria».

El Rancho de Ánimas de Valsequillo, como siempre, inició su recorrido por La Barrera y luego pasó por los demás barrios. «Cada año hacemos la misma ruta, cantando a la naturaleza, y es que desde que comenzó la fiesta sólo hemos faltado en una ocasión», comentó el ranchero mayor, Agustín Calderín.

Valsequillo y Tejeda afrontan el próximo año la conmemoración del 50 aniversario de las fiestas del Almendro en Flor y tanto el alcalde como las asociaciones de los cuatro barrios anuncian que habrá sorpresas en 2020, aunque son reacios a desvelar en qué consistirán. «Tenemos un año por delante y ya se irá desvelando», alegó la cronista.

Fuente: https://www.laprovincia.es/ – Jesús Montesdeoca – Fotógrafo: Andrés Cruz

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