MARCHA OBRERA EN EL AÑO 1897

POR JOAQUÍN CARRILLO ESPINOSA, CRONISTA OFICIAL DE ULEA (MURCIA)

Las aguas bajaban turbias, en el mundo laboral, en Ulea, en la década de los años 1890—1900. La clase obrera estaba descontenta con la actitud represiva de los patronos latifundistas. A la vez, los patronos comprobaban que los trabajadores “se les escapaban de las manos” y, al ir perdiendo el control de los mismos, temían una rebelión masiva de los mismos.

El descontento era notorio—tanto de los patronos como de los obreros—y, el rendimiento de los operarios iba disminuyendo, de forma alarmante; a la vez que aumentaba la represión de los mismos, por parte de la mayoría de los dueños.

Ante la postura de fuerza de los operarios que trabajaban a “jornal”, bajando su rendimiento paulatinamente, ellos le llamaban “huelga de brazos caídos”, los dueños de las fincas grandes optaron por cambiar el sistema salarial y, en vez de pagarles por jornal, estimaron que debían trabajar “a destajo” y, así, ganaría más dinero quien más trabajara. De esa forma, controlaban a los jornaleros rebeldes y a los menos trabajadores (vagos les llamaban) e incentivaban a los más laboriosos.

Los patronos consideraban qué, con dichas medidas, controlaban a los instigadores de los trabajadores sumisos y, como consecuencia, volverían al redil de la clase pudiente y depender de ellos, como antaño.

El resultado de esta medida tan drástica, no se hizo esperar, al no prosperar la mediación de la Corporación Municipal; a cuyo frente se encontraba D. Joaquín Sánchez Valiente. No hubo posibilidad de diálogo y, como consecuencia, se produjo una manifestación, en el año 1897, de los labradores uleanos qué, partiendo desde “la punta del pueblo”, siguieron por las calles de O`Donnell y Alfonso XII, hasta “las cuatro esquinas”.

Durante la manifestación, muy sonora, por cierto, se denunciaba a los opresores, enarbolando sus herramientas, los más ruidosos (azadas, legones, picazas, hoces, picos, palas y una reja de arado sobre una carretilla de madera) Otros, los manifestantes más pacíficos, caminaban con sus herramientas sobre el hombro.

En “las cuatro esquinas”, lugar de encuentro matutino de los obreros, hicieron parada obligada, entonando cánticos a favor de la masa obrera oprimida, Desde allí, prosiguieron hasta la plaza, en donde el líder de la manifestación (omito el nombre de los patronos y del líder opositor, deliberadamente) leyó una proclama, a las puertas del Ayuntamiento.

Durante cinco días, permanecieron en huelga y, cada vez, las posturas eran más enconadas y distantes, hasta que medió D. Antonio Tomás Sandoval quién consiguió el avenimiento de las dos partes. La conciliación fue posible y, tanto patronos como trabajadores, rebajaron la tensión, decidiendo no tomar represalias. Gracias al Militar uleano, prevaleció la cordura y sopló una ráfaga de aire fresco en Ulea.

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