EL INICIO DEL MUSEO HISTÓRICO MUNICIPAL DE FUENTE-TÓJAR: LA NECRÓPOLIS DE LOS VILLARONES O TORVISCALES

POR FERNANDO LEIVA BRIONES, CRONISTA OFICIAL DE FUENTE TOJAR (CÓRDOBA)

Esta vasta necrópolis, dependiente de ILITVRGICOLA, viene aportando información desde hace bastantes años: apariciones esporádicas debido a las labores agrícolas de diversos tipos, a excavaciones científicas y a los “piteros clandestinos expoliadores del Patrimonio”. Los materiales recopilados y estudiados se fechan entre los siglos VI al III a.C. Otras piezas fuera de control se hallan en diferentes museos, en colecciones particulares y ¡Dios sabe dónde! Exponemos las secuencias en cuatro partes.

1ª Parte.- En el cortijo de Los Tintoreros (o de Los Cortijeros), enclavado en la necrópolis, propiedad de don José González Madrid, después de la Guerra Civil, tal vez antes, aparecieron numerosos objetos arqueológicos que entregó a los familiares de don Niceto Alcalá Zamora por mediación de José Madrid Matas, las tres familias eran amigas. Otras piezas las conservaron el Sr. González (cerámicas), su hijo Francisco González Leiva (cerámicas y soliferrum) y Antonio Sánchez Onieva (dos fíbulas y una falcata que restauró acoplándole una empuñadura de madera). En cualquier caso las donaron al incipiente o ya constituido Museo Histórico Municipal de Fuente-Tójar (MHM-F.-T.). Otros vecinos de fincas no hicieron lo mismo.

En 1971, con motivo del laboreo del terreno, y avisados por José González Madrid, se personaron en el lugar Antonio Sánchez Pimentel, José Sánchez González y Amador Calvo Leiva consiguiendo numerosos fragmentos cerámicos y una vasija globular casi completa de cerámica común que depositaron en la Cámara Agraria Local bajo la vigilancia del Sr. Sánchez Pimentel, Secretario de esa Institución por entonces.

En el verano de 1972 se labró el terreno con brabanes, lo que motivó una mayor penetración de las rejas en el terreno y, por consiguiente, mayor remoción de tierra, con lo cual la superficie se “sembró” prácticamente de fragmentos cerámicos y algún que otro recipiente entero. La primera persona en percatarse de ello fue el Guarda Rural Amador Calvo Leiva, que se presentó en la Cámara Agraria Local entregando un caliciforme en cerámica común, en cuyo interior se custodiaban una concha marina (caurí), dos anillos de cinta de cobre y un adorno hemiesférico hueco de cobre perforado en la parte superior del casquete. Unos días después, era el mes de agosto, Francisco Ordóñez Jurado, Antonio Casado Hidalgo, Antonio Huertas Pareja, Pedro Pareja Díaz y el autor de este trabajo recorrimos el terreno y vimos que sobresalía un plato y junto a él la boca de una vasija.

El plato, sin decoración, posee una doble perforación atravesada por un fino hilo de cobre para colgar. La vasija está decorada según la tradición ibero-turdetana. En el mes de septiembre, una Maestra de nombre Francisca, que ejercía sus funciones en Todos Aires, al enterarse de lo que aparecía en Los Villarones decidió hacer excursiones al yacimiento con sus alumnos y sacar piezas también… y lo consiguió.

Al llegar a nuestros oídos el hecho la visitamos. Nos enseñó algunos platos y cuencos que tenía enteros, uno era una patera griega. Después de preguntarle que qué pensaba hacer, me dijo que iba a venir a su casa un anticuario de Lucena a comprárselos. Se lo comentamos a Antonio Sánchez Pimentel y éste se enfrentó con la Maestra hasta tal punto que le llamó expoliadora y la amenazó con denunciarla a la Guardia Civil. La Pedagoga tenía muy buenos “amigos” en Córdoba. Contactó con ellos y quien recibió la bronca fue el Sr. Sánchez.

El material fue a parar a no sé dónde.

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