MEMORIAS Y DIARIOS ÍNTIMOS

POR APULEYO SOTO PAJARES, CRONISTA OFICIAL DE BRAOJOS DE LA SIERRA Y LA ACEBEDA (MADRID)

Apuleyo Soto Pajares.

Desde las cuatro horas de la madrugada me encuentro aculado ante el atril de la lectura y la pantalla del ordenador, pluma estilográfica en mano y pipa entre los dientes. Paso la vista ya gafada de unos a otros y ahondo en la prospección de libros de memorias y diarios íntimos: Voy del Umbral de “Mortal y rosa” al Eusebio Lázaro de “Fiebre alta”; del Caballero Bonald de “Oficio de lector” al Neruda de “Confieso que he vivido” y del Ramón López Velarde de “Crónicas literarias” al Rafael Alberti de “La arboleda perdida”. Mañana me internaré seguramente en el Gamoneda de “Pobreza”, su segundo tomo de recuerdos escrito y presentado en Madrid a sus noventa y pico de años.

Me cae el moco en gotas líquidas de las fosas nasales, pero no me importa. Pañuelos de tela al canto. Vick Vaporub por un tubo sobre el bigote y en cuello, pecho y espalda. Sigo y sigo entrometido por los vericuetos de los renglones como si estuviera atravesando un Jardín de Delicias, y yo fuera un alocado Bosco.

Ahora han sonado las ocho de la mañana en las campanas de la iglesia parroquial de Guadalix. Últimamente se me ha desregulado el sueño y me levanto intempestivamente, aunque me acueste a las doce de la noche, como acostumbro desde hace algún tiempo.

Es en las memorias, las autobiografías y los diarios íntimos donde más plácido me encuentro leyendo, y trato de copiar en mi vida real y literaria sus diversas y singulares excentricidades. De esa manera intento ser un Ramón Gómez de la Serna en su café tertuliano Pombo componiendo greguerías, o un Rousseau caminando por toda la Francia para conversar con la gente, o un Franz Kafka obsesionado con el escarabajo, o un Gabriel García Márquez del cuento de “El avión de la Bella durmiente”, o un Lucio Apuleyo recorriendo la Magna Grecia y el Egipto de los faraones transformado en Asno de oro… y yo qué sé cuántos personajes más, reales o inventados.

Es la hora del café y me voy al bar de los Mayores para hojear la prensa, que esa sí que es un diario de verdad, pero exterior, muy exterior, pues abarca noticiosamente el mundo entero. Lo que pasa es que no puedo vivir sin ella: es mi “complementaria” machadiana.

Buenos días, lectores.

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