CUESTA ABAJO

POR LUIS MIGUEL MONTES ARBOLEYA, CRONISTA OFICIAL DE BIMENES (ASTURIAS)

Bimenes (Asturias).

En fechas recientes me encontré con un joven yerbato que lleva ocho años trabajando fuera de Asturias y, hablando del despoblamiento rural, me preguntó: «¿Cuándo empezó a ir cuesta abajo Bimenes?». Le contesté lo que viene a continuación, poco más o menos.

Para los que nacimos en los años cincuenta o sesenta del siglo pasado y comparamos el Bimenes de antes con el de ahora observamos algunas diferencias significativas. La minería era el auténtico motor del concejo. Había cuatro minas —El Pinganón, El Malatu, Mina Mari y La Arquera— que daban de comer a muchas familias y generaban riqueza a bares, tiendas, etc., además de los muchos mineros que trabajaban en concejos cercanos. Todos vivían en Bimenes.

Desde principios del siglo pasado hasta mediados los años sesenta la población tuvo un incremento constante. Con cerca de 5000 habitantes y una densidad de población superior a la media regional, no es de extrañar que hubiese escuelas esparcidas por todo el concejo; llegaron a funcionar dieciséis a la vez, entre otros lugares las había en Suares, Montiquín, El Capellán, Tabayes, Cuestespines, Santagadía, Piñera, etc. Tres academias donde se estudiaba el bachillerato, a saber: la de Fonso el de Tanasio y la Academia Lábor, ambas en La Vega de San Julián, y la de Mari Carmen y Cholo en El Llarascu. Teníamos dos cines: en Rozaes y en San Julián, doble sesión los jueves y triple los fines de semana. Dos equipos de fútbol, el Rozadas, de efímera vida pero muy exitosa, y el histórico Iberia; aquellos duelos entre ambos reunían a multitud de aficionados, era una fiesta. Un dato: en Rozaes, Suares y San Julián se contabilizaban más de 20 bares.

A mediados de los sesenta se empieza a desmoronar el puzle. Con el cierre de las minas locales —coincidiendo con el nacimiento de HUNOSA— se produce la primera sangría poblacional. Muchas familias mineras comienzan el éxodo, por si fuera poco en las décadas siguientes van cerrando uno tras otro los pozos de Siero, Laviana, Langreo y San Martín del Rey Aurelio, lo que trae consigo pérdida de riqueza y de población. A mediados de los ochenta, con la entrada del país en la Comunidad Económica Europea, viene la puntilla para la España verde: la carne y la leche entraron en barrena. Para más inri las cooperativas lecheras dejaron de recoger la leche a las pequeñas explotaciones y las cuadras, como antes las minas, fueron echando el cierre.

Hoy, con una población que anda por los 1700 habitantes, no hay minas, apenas campesinos, tenemos una escuela, no hay academias, ni cines, y los bares se cuentan con los dedos de una mano. Los lugareños de siempre van faltando, los hijos y nietos van perdiendo arraigo y colocan el cartel de «Se Vende» en el corredor, y aquellas aldeas de antaño con sabor auténtico se van convirtiendo en aldeas amadrileñadas. El despoblamiento rural de Bimenes no coge a nadie por sorpresa, comenzó hace más de cincuenta años. Ahora solo queda hacerse una pregunta: ¿Cuándo tocaremos fondo?

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