EL MIRADOR DE CÉSAR MANRIQUE EN LA CUMBRECITA/ 1

POR MARÍA VICTORIA HERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE LOS LLANOS DE ARIDANE (CANARIAS)

Boceto del mirador de La Cumbrecita de César Manrique.

En memoria de Manuel Bethencourt y Manuel Pérez Acosta

En el verano de 1974 el artista lanzaroteño César Manrique visitó La Palma. Le acompañó en su recorrido por la isla un nutrido número de palmeros, todos varones, que veían desconsolados el avance y el desarrollo turístico en infraestructuras por parte de las otras islas, en esos momentos se construía el Lago de Martianez en el Puerto de la Cruz. Manrique por esos años se encontraba exponiendo su obra pictórica en Nueva York y ya se encontraba abiertos al público sus trabajos en Los Jameos del Agua, La Cueva de los Verdes y el mirador de la Batería del Río en Lanzarote y otros. César abría un paso universal innovador a un nuevo concepto de las infraestructuras turísticas potenciando y recuperando el protagonismo máximo de la naturaleza. La Palma se quedó fuera de esos proyectos y hoy sólo se conserva el llamado monumento Al Infinito (1985), en la vía de acceso al complejo astrofísico de El Roque de los Muchachos en suelo del municipio de San Andrés y Sauces.

La invitación al artista lanzaroteño a la isla se debía a la idea de las autoridades insulares y locales en construir un mirador emblemático con diseño de Manrique. Las instituciones más implicadas fueron el Cabildo Insular, bajo la presidencia del aridanense Manuel Pérez Acosta y la por entonces Delegación del Gobierno que dirigía el majorero Manuel Bethencourt Morales. Por documentos fotográficos sabemos que los lugares elegidos para visitar el amplio cortejo que acompañaba a Manrique fueron El Time en Tijarafe y La Cumbrecita en El Paso.

La inquietud de ese futuro mirador se decantó por el lugar de La Cumbrecita, balcón natural al parque nacional, 1954, de La Caldera de Taburiente. César y los representantes políticos mostraron interés por ese espacio emblemático de la isla canaria de La Palma. En palabras de Manrique jamás había visto en el mundo “un espectáculo como el que ofrece la Caldera desde aquel lugar”.

El 10 de octubre de 1974 el Diario de Avisos publicaba una crónica del plenario del Cabildo de La Palma, sesión extraordinaria de 9 de octubre, donde confirma la visita y objeto de la presencia de César Manrique en la Isla. El diario palmero recoge que se informó “de la reciente visita a la Isla de César Manrique a fin de estudiar las posibilidades de explotación turística del paisaje palmero. Continua la reseña diciendo “Tras un largo debate con estudio de nuestras posibilidades en este aspecto, se adquiere el acuerdo de que por parte del Cabildo Insular se exprese a dicho artista su gratitud a la vez que solicitarle la confección de un boceto del Mirador de Las Chozas en las inmediaciones de La Cumbrecita”.

Desde hacía décadas en mi archivo particular guardaba unas fotocopias del que podemos denominar borrador o boceto de los dibujos del proyectado mirador. No recuerdo con exactitud quién me hizo llegar los planos y fotografías de César Manrique en La Palma supongo que pudiera ser Manuel Pérez Acosta o Vicente Blanco, por esos años responsable del servicio de Cultura del Cabildo de La Palma.

Mis fotocopias no contaban con memoria descriptiva que acreditara con certeza documental que fuera de Manrique, sólo existía el testimonio oral de quien me las facilitó y así lo tenía registrado en mi archivo. Hace meses coincidiendo con el centenario del nacimiento de Manrique (1919-2019) recuperé esos folios sueltos y retomé el asunto. Comparecí ante el Archivo de la Administración General del Estado, bajo la responsabilidad del buen amigo, investigador y funcionario archivero Manuel Garrido Abolafia. Por deducción entendía que, al ser Manuel Bethencourt Morales, uno de los entusiastas promotores de la idea, delegado del Gobierno pudiera encontrarse en el archivo copia original del proyecto borrador del mirador de César en La Cumbrecita.

Así fue, con gran alegría por mi parte. En el archivo en la antigua Delegación del Gobierno, hoy Dirección General del Estado, se custodia una copia. Lamentablemente sin registro de entrada y sin firma legible del autor técnico que desarrolló los planos de alzado y planta de la idea original de César Manrique. Realmente parece, a mi entender, una primitiva idea o bosquejo que se desarrollaría con posterioridad. No existen cálculos o estimaciones fundamentales, por ejemplo, presupuesto económico.

La memoria consta de sólo de dos folios y medio. En el apartado de Antecedentes recoge que a petición del Cabildo Insular de La Palma “se ha realizado un estudio con el fin de estudiar la posibilidad de ubicar en la zona del Mirador de las Chozas en La Caldera de Taburiente unas instalaciones que a la vez que permitan disfrutar del paisaje permitan hacerlo con control y comodidad”.

Otro boceto del Mirador de la Cumbrecita de César Manrique.

En el siguiente párrafo afirma rotundamente lo que buscábamos, diciendo: “podría conseguirse un refugio de extraordinaria belleza y confort basándonos en las ideas dadas por el artista canario César Manrique”. Aquí aparece reseñada expresamente la autoría de Manrique de “las ideas” para lo que hoy sería, si se hubiera construido, uno de los miradores emblemáticos de Canarias.

La descripción proyecta el desarrollo de la obra “sobre los dos lomos que separan la pista forestal de acceso al mirador de Las Chozas (…) unidos entre sí por un pasillo cerrado en forma de puente que permita el paso de los vehículos por debajo”.

En el apartado de materiales proponen el uso de troncos de pinos, teja vieja, piedras de la zona “todos ellos identificados con el lugar y sin producir alteraciones en el paisaje”. Detalla incluso, que se ve perfectamente en el plano de sesión del inmueble, “dejar incluso los pinos que estén en el interior de las edificaciones”. Encontraríamos en el interior de edificio pinos vivos y en pleno crecimiento que formarían parte de la peculiar decoración del recinto, una idea muy de propia de César.

Desde “el actual mirador” se situaba al acceso principal con “un gran hall cerrado, todo acristalado para disfrutar de la vista y del paisaje en todas direcciones”. Lo que deducimos que las vistas proyectadas se dirigían hacia el interior del Parque Nacional e incluso a la zona del Riachuelo.

Desde el nivel inferior y por medio de “una escalera de caracol” se podía acceder al bar que tenía “una chimenea circular” y con acceso a terrazas exteriores. El pavimento y escaleras del conjunto serían de “entarimado de madera de pino”. Al conjunto del “estar y restaurante” se accedía por un puente, desde el hall y bar.

El restaurante contaba con dos niveles, en el inferior servicios, cocinas y almacén, con acceso por la pista forestal “con una entrada propia no visible desde las edificaciones”. Para un futuro preveía en la planta baja “seis habitaciones para su posible utilización como albergue” y zona de expansión del mismo. La memoria descriptiva la acompañan planos de alzado y planta.

(Continuará próximamente)

Fuente: https://www.eldiario.es/

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