MUJERES

POR OSCAR GONZÁLEZ AZUELA, CRONISTA DE CRONISTA DE LAGOS DE MORENO, JALISCO (MÉXICO)

El día de mi Primera Comunión, en medio de mis abuelas Josefita Cárdenas viuda de González y Carmen Rivera viuda de Azuela.

Mi vida ha estado rodeada por mujeres. Tenemos una, la que nos da la vida, la tuve espléndida, existencia digna de novela; una Nana simpática y cariñosa cuyo nombre pronuncié antes que el de mi mamá: Maía. Más que enojarse, siempre me lo festejó.

Con mis hermanos Lucha, Elisa, Rosita, Toño, Marcela y Paty rodeando a mi mamá.

Reunión multitudinaria para celebrar los ochenta años de Tanta, Carmen Rivera ciudad de Azuela, quien aparece al centro rodeada de hijos, nietos y bisnietos. Poco a poco, vamos quedando Los de abajo.

La presencia femenina se potenció a través de mis abuelas; a ambas conocí y de ellas recibí una especie de moraleja en torno a la sobrevivencia a los tiempos de la revolución; la alteña querida por todos, la norteña, ruda y celosa, querida solo por mí; de ella escuché relatos escalofriantes en medio de su risa arterioesclerótica.

Mi hijo Óscar entre su abuela Lucha y su mamá Patricia.

Reunión de hermanos. Luego de la muerte de Rosita, quedábamos seis.

Fui el menor de siete, protegido por cinco hermanas, luchonas, simpáticas y directas; cinco tías por línea materna, incontables primas que como garbanzos de rosario se reunían en agridulces posadas que iban del indescifrable ora pro nobis a la piñata en la que difícilmente alcanzaba un cacahuate dada mi condición de nieto muy menor, reuniones que se esfumaron a la muerte de la abuela.

Aquí con mis cuatro hijos mayores, falta Fernando. — con Patricia González Gómez, Lucero Gonzalez Gomez y Octavio Gonzalez.

Mi nieta mayor, Helenita.

Siempre fiel en el amor -uno a la vez-, dos espléndidas mujeres me han dado descendencia, todas amor verdadero, muy bien correspondido.

De mis dos hijas aprendí que una niña decidida puede doblar acero y acabar con el sentido común; de mis dos nietas la razón del ser y la luz de la esperanza.

Mi segunda nuevecita, Luz María, como su bisabuela laguense.

Bendito Dios que hiciste a la mujer de una costilla, con átomos de luz de estrella, de universo e infinito.

Sin Comentarios.

Responder

Mensaje