A PROPÓSITO DEL CORONAVIRUS (COVID-19): “LA EPIDEMIA DE LA GRIPE ESPAÑOLA (AÑO 1918) EN MONTIJO, PUEBLA DE LA CALZADA Y LOBÓN”

POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ)

Esta ponencia, fruto de mi trabajo de investigación, la presenté como Cronista Oficial de Montijo y Lobón en los XLVII Coloquios Históricos de Extremadura, (Trujillo, septiembre 2018), uno de los foros de historia más importante de nuestra región. También lo hice en los XI Encuentros de Historia en Montijo, octubre 2018. Para su estudio realicé recuentos sobre 2.200 partidas de defunciones en el período 1916-1920. Estudiando 622 de ellas, pertenecientes a 1918, año de mayor penetración de la epidemia. También sobre 505 partidas de bautismos con la finalidad de estudiar el crecimiento vegetativo, utilizando en el vaciado documental fuentes civiles y eclesiásticas.

FALLECIERON 166 PERSONAS, ENTRE SEPTIEMBRE-DICIEMBRE

La gripe española se cebó, en 1918, especialmente con la población joven, entre 16 a 40 años, falleciendo en este segmento de edad prácticamente la mitad de los afectados, teniendo en los meses de octubre y noviembre los de mayor frecuencia de óbitos inscritos. En Montijo fallecieron 82 personas, en Puebla de la Calzada 80 y en Lobón 4. En Montijo las defunciones penetraron más en la zona oeste del casco urbano: 33 fallecimientos (40,2%) registrados en las calles Conde, Cervantes, Plazuela de Jesús, Piñuela, Badajoz, Valle, Mártires, Huertas, Espronceda, Muñoz Torrero y Bailén. Mientras que la zona este fueron en las calles de San Gregorio, Arriba, Nueva, Puerta del Sol, Moreno Nieto y Méndez Núñez, hay 21 fallecidos (25,6%). En ambas zonas es donde se distribuían las clases populares, en las que vivían jornaleros y braceros. Las calles con más óbitos registrados fueron: Conde (9), San Gregorio (6), Arcos (6), Badajoz (5), Valle (5), Arriba (4) y Nueva (Pozo Nuevo 4).

FUNERALES CELEBRADOS POR LA IGLESIA EN PUEBLA DE LA CALZADA- Año 1918. Seis entierros de primera clase. Tres de segunda. Cinco de tercera. Noventa de cuarta clase. Ciento uno de quinta y veinticuatro de caridad. En Montijo para el mismo período, año de la gripe española, se celebraron dieciocho funerales de caridad, once párvulos y siete adultos.

El estudio analiza las condiciones higiénicas en las que vivía la población. Las Tasas Brutas de Mortalidad (TBM), Mortalidad Específica (TME), Crecimiento Vegetativo (TCV) y la edad de los finados. Las zonas más afectadas por la epidemia en la población, los funerales, los acuerdos municipales que se tomaron desde las Juntas de Sanidad y Beneficencia, entre las que destaca la urgencia en la construcción de nuevas sepulturas en los cementerios. Siendo estudiada, en un apartado especial, la causa de la muerte en adultos y párvulos.

TERAPÉUTICA EMPLEADA CONTRA LA GRIPE

Sales de quinina, opio y sus derivados, yodo y yoduros, digital y sus derivados, acetato y carbonato amónicos, antipirina, aspirina, entorina, piramidón, esparteína y sus sales, cafeína y sus sales, estricnina y sus sales, colesterina, benzoato sódico, alcanfor, salicilato sódico, novocaína, desinfectantes y sueros.

Se aconsejaba emplear para la desinfección, al penetrar los gérmenes de la enfermedad por la boca y la nariz, la utilización de Etymentol (seis gotas) con agua templada en seis cucharadas soperas, junto con agua caliente y la toma de inhalaciones. Para los más necesitados: leche condensada, caldos, cloruro, quinina, junto con calderas de agua hirviendo para desinfectar ropas y enseres.

MEDIDAS SOBRE LA EPIDEMIA DE GRIPE

Juntas de Beneficencia y Juntas de Socorro, ayudaban a los enfermos más necesitados. Aportación económica de las instituciones: Gobierno Civil, Ayuntamientos y Parroquias. Médicos, farmacéuticos, asociaciones de caridad de la iglesia (párroco, conferencia de San Vicente de Paúl) lucharon contra la epidemia. Fallecieron 21 sacerdotes en la diócesis de Badajoz.

Reparto de alimentos: Caldos, leche condensada, huevos desinfectados, carne, tocino y garbanzos. Construcción de nichos en los cementerios. Clausura de los establecimientos públicos y privados de enseñanza de la provincia y de los espectáculos públicos en local cerrado, junto con la supresión de ferias y mercados. Telegrama enviado por el ministro de la Gobernación al Gobernador Civil, notificándole el acuerdo de prohibir la entrada de todas las personas en el cementerio el Día de Difuntos.

CONTEXTO SOCIAL

El contexto social en el que se desarrolló la epidemia de la gripe se ve inserto en la I Guerra Mundial (1914-1918) que, a pesar de la neutralidad española, ocasionó una fuerte inflación, erosionando el poder adquisitivo de los salarios, junto a la falta de trabajo, creando un malestar social de por sí ya intenso en nuestros pueblos. Tiempos en los que tomaron protagonismo el asociacionismo, las reivindicaciones y la lucha colectiva como una vía de actuación pública en defensa de los intereses de la clase obrera.

Aunque España se mantuvo neutral en el conflicto bélico mundial, su actitud no impidió una subida exagerada de los precios de los alimentos y de los productos agrícolas, apareciendo una fuerte inflación, beneficiando de manera notable a las clases más pudientes y a los grandes poseedores de tierra, no sufriendo ningún incremento ni mejoras los jornales de la clase trabajadora. En esos años se crearon en Montijo varias industrias: bodegas y almazaras, elaboración del corcho, la Banca Porras, la Sociedad Anónima la Electro-Harinera, junto con la construcción del edificio de la Comunidad de Labradores.

El período comprendido entre 1918-1921 es conocido en la historiografía española como Trienio Bolchevique, por, entre otros aspectos, las expectativas que entre los obreros habían suscitado el trienio bolchevique en Rusia, produciéndose importantes conflictos sociales en nuestro país, con protestas, manifestaciones y huelgas, donde la clase trabajadora reivindicaba mejoras en sus condiciones laborales. Nuestros pueblos no fueron ajenos a estos acontecimientos.

La gripe de 1918 tiñó de negro luto las casas de nuestros pueblos. Las condiciones higiénicas no eran las más favorables para frenarla. La carencia de fármacos apropiados y de profesionales sanitarios, jugaron también un papel determinante.

Cuando las familias apenas habían salido del dolor producido por la enfermedad y la muerte, el invierno de finales de 1918 y comienzos de 1919 zozobraba aún más a la sociedad en aquellos días: “Igualmente, y en virtud de la crisis obrera por que se atraviesa por consecuencia de los temporales se acordó por unanimidad se proceda a dar ocupación al mayor número de obreros posible en el arreglo de calles y caminos y demás trabajos que sean susceptibles el utilizarlos y que se invite a la Comunidad de Labradores de esta villa a que cooperen en lo que le sea posible a aliviar dicha crisis en reparaciones de caminos de este término Municipal de Montijo”.

Aquella generación que vivió durante la epidemia de la gripe y sobrevivió a ella, tuvo que padecer, dieciocho años más tarde, las graves secuelas que dejó en la sociedad española la Guerra Civil (1936-1939), más la dureza de la posguerra.

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