A PESTE, FAME ET BELLO… ¿RECUERDAN LAS «ROGATIVAS»?

POR JOSÉ MARÍA FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

El Papa Francisco reza ante la imagen de la Virgen «Salus populi romani». Foto difundida en diversos medios de comunicación.

Ayer, aunque con cierto disimulo (no se si vergonzoso o vergonzante), algunos medios de comunicación difundieron la noticia de que el Papa Francisco, en peregrinación devota, acudió a la Basílica de Santa María la Mayor para rezar ante la imagen de la Virgen, venerada como «Salus populi romani». Después, andando, se trasladó a la Iglesia de San Marcello para orar ante el Cristo de la Gran Peste, tal como lo hicieran los fieles romanos en el año 1522 cuando la «peste negra» asoló Italia.

La oración-súplica del Papa Francisco solamente tenía un fin: pedir protección ante esta nueva pandemia vírica y ayuda y salud para todos los enfermos afectados por ella.

Cuando vi estas imágenes de la peregrinación papal y su sentida oración en súplica de intervención divina, me acordé -así de repente- de dos sucesos que vivo en nuestra Asturias presente y viví en nuestra Asturias pasada.

El presente (enlazado con el pasado) fue aquella procesión penitencial con que las gentes de Luanco, un 5 de febrero del año 1776, llevaron a la imagen del SANTÍSIMO CRISTO ante el borde de la mar para pedir SOCORRO y lograr que la marinería arribara a puerto sin el peligro de la galerna.

El pasado -y hoy sin presente- eran aquellas procesiones de ROGATIVAS que tenían lugar en los amaneceres y se pedía a los santos protección ante muchas y muy diversas calamidades, si bien, en casos, «la calamidad se especificaba de modo muy concreto (por ejemplo: Ad petendam pluviam -para pedir la lluvia en tiempos de sequía).

En esas procesiones el sacerdote vestía ornamentos negros (penitenciales) y los fieles procesionaban contestando «ora pro nobis» ante la cita de un santo o santa (Sancte Petre, Sancte Paule…) u «orate pro nobis», si se invocaba a dos o mas santos o santas (Sancti Cosma et Damiane ; Omnes sancti Apostoli et Evagenlistae…).

Después venían las súplicas de ayuda a las que se respondía con el «Libera nos, Dómine» (Líbranos, Señor). Entre ellas quiero destacar algunas, que vienen muy bien a nuestra situación actual:

.- A fulgure et tempestate (del rayo y de la tempestad)

-A flagelo terremotus (del daño del terremoto)

.- A subitanea et improvissa morte (de la muerte repentina)

.- A PESTE, FAME ET BELLO (DE LA PESTE, DEL HAMBRE Y DE LA GUERRA).

Vivimos momentos de PESTE y con ella vendrá la crisis económica (FAME) y posiblemente la violencia entre gentes y entre pueblos (GUERRA).

Los Gobiernos dictan normas de conducta (aislamiento de personas, cierre de fronteras, distanciamiento entre personas., clausura de situaciones de aglomeración de gentes, etc…). Después, en expresión de gratitud, se solicitan aplausos nocturnos en honor de sanitarios, transportistas, empleados/as de comercios de alimentación y de farmacias… Y hasta las campanas de nuestra catedral, y las de monasterios e iglesias repican a la hora del Ángelus para demostrar ese agradecimiento.

Bien, muy bien.

Pero, ¿no se le ocurrirá a S.E. Rvdma. el Sr. Arzobispo de la Diócesis y a sus sacerdotes propiciar un rezo domiciliario de ROGATIVAS para pedir salud ante esta eventualidad pandémica? Del mismo modo que se televisa una MISA, ¿no sería posible transmitir esa súplica ante el SANTO SUDARIO, emblema de LA PERDONANZA (del perdón)?

No, ya se que no. Ya se que mi «propuesta» será el hazmerreír de la Jerarquía y que, en el mejor de los casos, merecerá el calificativo de «chifladura de un vieyu que aún cree en Dios y en los Santos».

De un «vieyu» que mejor «pedricaba» diciendo que la Iglesia destine sus dineros a la sanidad pública y que pida perdón por los «curas sinvergüenzas que tanto abundan».

No, amigos míos, no. Yo no «pedrico» nada. Me limito a comentar y a intentar seguir el ejemplo del Papa Francisco. Jesuita moderno con viejas raíces de fe y de devoción.

Sin Comentarios.

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