MEMORIAS DEL CONCEJO DE PARRES 1835-1985 (CAPÍTULO XCV)

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

PRIMERA FIESTA DEL BOLLU EN 1949. En la foto: Carmina Otero, su hermano «Lolo», un desconocido, «Nani» Gutiérrez y Ramón «El Indianu».

PRÓLOGO AL CAPÍTULO XCV EN DÍAS MUY DUROS PARA TODOS

Voy analizando en estas “memorias” que traen a nuestros días la vida parraguesa desde hace 185 años, en las cuales vamos contemplando las decenas de miles de situaciones vividas por nuestros antepasados parragueses.

Si hay una línea común a todos ellos ésa es la pobreza -muchas veces una auténtica miseria- en la que la vida les colocó por haber nacido en tiempos tan duros.

Aquí hemos visto cómo reaccionaron ante tantos momentos críticos: el hambre, la enfermedad, la dictadura, la Segunda República, la Guerra Civil y el Franquismo.

Ellos lo dieron todo por sacar adelante a sus numerosas familias, corrían a esconderse en las cuevas próximas -como vimos cuando hablamos de Les Escodes- donde no había distinción entre pudientes y pobres, una causa común les unía: salvar sus vidas de las bombas que caían sin piedad. Cuando la situación es gravísima, la unión de todos viene dada por pura necesidad de supervivencia… ayer y hoy.

Fueron testigos de mil calamidades y -en los registros que conservamos desde 1835- quedó por escrito para siempre tanta infelicidad, tanta desdicha, tanto infortunio.

Mencionamos en su momento cómo vivieron la que indebidamente se llamó “gripe española”, hace justo un siglo (1918-1919) cuando sólo dos médicos atendían a casi 10.000 vecinos de todo el concejo (casi el doble de población que ahora) transitando por caminos imposibles, justo cuando llegaba a Arriondas un joven médico aragonés de 27 años -Pascual del Buey Larraz (que sería uno de los protagonistas más notables de la vida sanitaria, social y política del concejo a lo largo de los siguientes veinte años).

Llegan ahora situaciones con las que no pensábamos jamás encontrarnos, la alarma mundial nos toca a los españoles como a todos. Lo de menos es estar confinados en nuestras casas durante por lo menos un mes, porque lo grave es ver cómo algunos de nuestros mayores van a emprender el camino sin retorno, de una forma como jamás imaginaron que sería, en silencio, como apestados, sin posibilidad de recibir las honras que suelen acompañar a los que entran en otra dimensión.

Nos preguntamos qué es vivir, y venimos en acordar que es ir cerrando estancias poco a poco, sabiendo que -al final- habrá una sala en la que nos veremos forzados a dejar todo lo que hemos ido reuniendo. Asimismo, tal vez morir sea lo más parecido a encender una lámpara en una morada desconocida. Pero ahora vemos que ese tránsito no siempre se efectúa de una forma serena y con los que quieres a tu lado.

Las tragedias familiares que han comenzado a vivirse cuando el COVID-19 entra por la puerta de algunos domicilios, serán traumáticas para todos.

No estábamos preparados para esto. Los tres meses que nos lleven de aquí hasta el inicio del verano serán como una hemorragia de sentimientos, de dolor, de sufrimiento, de impotencia.

Dicen que de ésta saldremos, pues ¡qué duda cabe! no nos vamos a quedar atrapados en el horror para siempre… pero nos encontraremos viviendo en otra realidad.

MEMORIAS DEL CONCEJO DE PARRES 1835-1985 (Capítulo XCV)

LINÓN y varias chicas parraguesas (perfectamente reconocibles) en uno de los primeros desfiles de la Fiesta del Bollu.

-Por primera vez en las actas municipales se menciona en 1952 a la Sociedad “El Bollu de la Peruyal”, la cual celebraba su cuarta edición. Antonio González Ichaso -vecino de Arriondas y Presidente de la citada Sociedad- interesó una subvención municipal para la fiesta por 350 pts.

La Corporación acordó el 30 de septiembre concederle 200 pts. para la fiesta que se había celebrado el día 27 de julio anterior y -además- aprobaron que, a partir del año siguiente, se llevase a los presupuestos generales anuales una subvención de 350 pts. destinados a la Sociedad “El Bollu de la Peruyal”.

En el mismo acto se le concedieron 1.000 pts. a la IV Vuelta Ciclista a Asturias, y la misma subvención para al Club Arenas del Sella.

A Manuel González (“José”) se le gratificó con 50 pts. por amenizar con su gaita la Fiesta de las Piraguas el 9 de agosto. Llama la atención la factura abonada al comerciante Manuel García Rodríguez, de “Las Dalias” -con un valor de 28 pts.- por dos pares de calcetines para el gaitero de Margolles, presente en Las Piraguas.

Otros gastos de esta fiesta se abonaron por ocho comidas que sirvió Jesús Collía Fernández, a tres guardias municipales que vinieron desde Cangas a Arriondas a colaborar, junto con el vigilante Mariano Fernández y otro guardia parragués, más tres personas que componían la carroza que Cuadroveña aportó al desfile de Piraguas.

Diez metros de tela de banderas de género se le compraron a José Manuel Hevia, en “El Navío”, así como tres docenas de voladores a Manuel Feliz Blanco, de El Portazgo.

-Por los servicios de taxi realizados por Nazario Pérez Díaz durante los años 1951 y 1952 se le pagaron 9.825 pts.

AÑO 1915. PRIMERA CRUZ DE PIENZU.

Otros taxistas que se mencionan son Vicente Vázquez Marinas y Jesús González Álvarez, a veces por realizar viajes no habituales, como es el caso de trasladar a uno de los médicos municipales a visitar a un mendigo en Cangas de Onís, o por llevar -para su ingreso en el Hospital Psiquiátrico de Oviedo- a una mujer demente, de Arriondas.

(Comprenderá el lector que este cronista no especifique los nombres propios de aquellas personas que -por diversas razones- no deben ser hechos públicos, estando ya tan cerca en el tiempo a muchos de los vecinos que los conocimos, o a sus familiares directos que están entre nosotros).

Los socorros facilitados a multitud de pobres -muchos transeúntes ocasionales- oscilaban entre las 10 y las 20 pts., quedando registrados sus nombres.

Para la que se conocía como “Campaña de Navidad” se solían remitir 500 pts. al Gobierno Civil, además de adquirir en Casa Tereñes, arroz, garbanzos, macarrones, fabes, etc. para repartir entre los pobres del concejo.

Como anotó Mateo (26-11) -después de contemplar lo sucedido en Betania con aquel caro perfume- “a los pobres siempre los tendréis con vosotros y cuando queráis les podréis hacer bien…”, pues así mismo -avanzado el primer cuarto del siglo XXI- el rostro y las necesidades del 7% de los vecinos del concejo, en nada se parecen a los de hace muchas décadas atrás, pero las ayudas municipales siguen ahí, como las que complementa hasta donde puede Cáritas, lo mismo que los 25.000 kilos de alimentos que cada año la Unión Europea hace llegar a Parres para su reparto entre 120 familias (345 personas).

AÑO 1918. Multitudinaria fiesta de colocación de una nueva cruz en Picu Pienzu.

-Otra subvención de 1.000 pts. fue destinada a la II Feria Nacional del Campo que se celebraría en Madrid en mayo, atendiendo la petición del Presidente de la Cámara Oficial Sindical de Asturias.

A la casa “Viuda de Mori”, de Cangas de Onís, se le pagó la factura de 1.300 pts. por haber suministrado dos toneladas de carbón destinadas a la calefacción de la Casa Consistorial, en Arriondas.

A Lucas Blanco -como guardia municipal- se le encargó acompañar a dos hermanos hasta el Tribunal de Menores en Oviedo, sin que se señalen las razones, pero sí se especifica quiénes eran.

-Muy interesante fue el primer proyecto redactado para la Plaza Venancio Pando, a la que citan muchas veces como Plaza de Audiciones Musicales, que acogería en su centro una fuente monumental con un mapa en relieve en su base.

Después reformaron el proyecto para ahorrar 22.000 pesetas, sustituyendo la fuente por otra mucho más sencilla, apta para beber, y en la que se recogería el agua en un estanque de 20 cm. de profundidad.

-El Ayuntamiento de Parres colaboró con 10.000 pts. para levantar una gran cruz de cemento armado en Pienzu -en colaboración con Piloña y Colunga, que aportaron la misma cantidad cada concejo-, sumadas a las 30.000 que debería aportar la Diputación Provincial, hasta un total de 60.000 pts. y de esta forma se sustituiría a la cruz de madera que había desde 1928, erigida por los hermanos Victorero, de Lastres (como ya habían hecho en 1914 y 1925).

Y es que cinco de los seis hermanos Victorero habían prometido levantar una cruz en la misma cumbre de Pienzu (a 1.161 metros) si llegaban sanos y salvos a su Lastres natal, huidos de la Revolución Mexicana de 1911 y escondidos en unos barriles en el barco que los trajo. Otro de los hermanos que había emigrado en 1875 se quedó en México con su familia.

AÑO 1956. Dionisio de la Huerta en su «papel» de guía turístico al pie de la nueva Cruz de Pienzu.

Al final, no hubo cruz de cemento, sino que fueron -una vez más- los hermanos Victorero Lucio los que encargaron a Madrid una nueva cruz en hierro galvanizado, de 18 metros de altura y compuesta de 148 piezas, subidas a la cumbre por más de tres centenares vecinos de las parroquias de Colunga, inaugurada y bendecida el 18 de septiembre de 1955.

Diez años después, esta cruz llegó a doblar por el viento, empleándose 70.000 pts. en colocarle unos cables para evitar que se repitiese el suceso.

-A partir de 1954 los funcionarios del Ayuntamiento y sus familias dispusieron de un seguro médico, tras la firma del propio Ayuntamiento con el Igualatorio Médico Quirúrgico, de Oviedo. Se acordó abonar una póliza de 20 pts. mensuales por cada uno de los quince funcionarios.

-La Corporación decidió subvencionar con 25.000 pts. la conservación y fomento de la riqueza piscícola del río Sella.

CRUZ DE PIENZU EN LA ACTUALIDAD. (Foto cortesía de Roberto Cano Cano).

También decidió suprimir la plaza de interventor, sumando su trabajo al del secretario, el cual pasaría a cobrar un 25% más.

Toraño tenía 156 habitantes a comienzos de 1953 y estudiaba una traída de agua desde el manantial “Ordiera”, que aportaba 38 litros por minuto.

Era interventor por esos días José Hevia Sánchez, que también lo era del Ayuntamiento de Mieres.

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