ENTREVISTA A JOSÉ LUIS BARCELÓ, CRONISTA OFICIAL DE CEUTA

«DURANTE LA GRIPE DE 1918 EN CEUTA SE CERRARON LOS LUGARES PÚBLICOS TAMBIÉN»

El cronista oficial de la ciudad, José Luis Barceló, repasa con El Pueblo las otras pandemias que asolaron a Ceuta en el pasado y las medidas que se llevaron a cabo para combatirlas, similares a las actuales.

La ciudad se encuentra en la actualidad literalmente aislada tras las restricciones a la circulación el puerto y al cierre fronterizo con Marruecos. El estado de alarma generado por el COVID-19 generaba esta situación. Sin embargo, no es la primera vez que una situación así se vive en Ceuta. José Luis Barceló, cronista oficial de Ceuta cuenta a El Pueblo situaciones similares. Él mejor que nadie sabe muchos detalles de la historia de Ceuta. Desde que comenzará su carrera, ha publicado 12 trabajos 120 publicaciones y más de 2.000 artículos. Una vasta obra que ha convertido al cronista de Ceuta en una referencia inexcusable. Un hombre considerado a sí mismo como un ‘autodidacta’.

Pregunta.- ¿Cuántas veces Ceuta se ha quedado completamente aislada como ha ocurrido en la coyuntura actual?

Respuesta.- Es muy difícil decir cuántas veces, pero lo que sí es cierto es que cualquier puerto occidental utilizaba las cuarentenas y el confinamiento de las poblaciones cuando había epidemias, desde tiempo inmemorial. Además, Ceuta contaba con lazaretos en los que se recluía a los sospechosos de enfermedades que venían en los barcos, que se han mantenido hasta bien entrado el siglo XX, en San Amaro y Santa Catalina.

P.- ¿Por qué motivos se quedó aislada en el pasado?

R.- Principalmente por alarmas de epidemias, tanto en la Península como en Marruecos, pero también por motivos de amenazas bélicas, ataques y cercos.

P.- ¿Qué medidas se tomaron?

R.- En principio se cortaban las comunicaciones por tierra y por mar, naturalmente, garantizando el suministro de víveres. Se recluía a las personas en sus casas y cuando estaban graves en los hospitales con los que contaba la ciudad. También se montaban hospitales de emergencia, como sabemos que ocurrió durante la epidemia de Peste de 1743-44 o de cólera de 1859-60. En el caso de la epidemia de Peste de 1721, teniendo en cuenta que llegó con la guarnición extraordinaria que venía de territorios italianos para levantar el Cerco, no se les permitió entrar en la ciudad, acampando fuera y asistiéndolos también en ese mismo lugar.

La gripe de 1918, por ser más próxima, está mejor documentada, y nos permite saber que se cerraron los lugares públicos como cines, teatros e iglesias, se desinfectaron algunos de esos edificios y se cortaron las clases en las escuelas durante más de un mes.

Además, se establecían lugares de enterramiento particulares. Los de la Peste de 1743-44 se mantuvieron marcados hasta el siglo XIX, dentro y fuera de los templos, mientras que en la epidemia de cólera de 1859-60, para que no tuvieran que atravesar los cortejos con los cadáveres la ciudad, se dispuso un fosario en Terrones.

Todo dependía de que las cosas quedaran en una amenaza, como con la peste levantina de 1651, una afección de no demasiada incidencia, como el cólera de la década de los 70 del siglo XX, o una epidemia importante como las de Peste o gripe ya mencionadas.

P.- ¿Cómo se comportó la población?

R.- La disciplina en Ceuta, siempre sometida a la autoridad militar, hacía que la población cumpliera lo previsto, pero solía haber problemas entre la población penal y la tropa.

El miedo era evidente, y más aún porque la medicina de la época era más consoladora y sanadora, dejando una buena parte del futuro en manos de la fe. En épocas más recientes, como en 1918, hubo protestas del sector comercial e industrial por los perjuicios que causarían en la actividad económica las medidas más drásticas, y así se lee en las actas capitulares del Ayuntamiento de Ceuta.

P.- ¿Qué enfermedades concretas mermaron la ciudad en otras épocas?

R.- Autores como Manuel Gordillo Osuna, Juan Díaz Fernández o Antonio Carmona Portillo han estudiado la población en la ciudad y podemos saber a qué corresponden los picos de aumento de la mortalidad en los gráficos cronológicos gracias a las informaciones de los libros de defunción. Eran frecuentes las afecciones infecciosas, fiebres y el cólera periódicamente, como enfermedades infantiles entre las que la difteria era de las más temidas, pero que no pueden olvidarse otras como la menigitis, tosferina, sarampión o viruela. La memoria de las familias locales recuerdan, por ejemplo, la epidemia de difteria de 1888 en la que murieron muchos niños en toda la ciudad.

P.- Hábleme con detalle de la pandemia de 1918.

R.- La gripe de 1918 afectó a todo el mundo, pero en Europa, por estar inmersa en la I Guerra Mundial, se escondieron los datos. Ello provocó un control de los medios y por contra el que tan solo países neutrales como España lo oficializaran, por lo que llegó a conocerse como “La gripe española”.

Los primeros casos se dieron en la primavera de 1918, y en las curvas de población de Ceuta se ve ese crecimiento, pero fueron mucho más importantes los de noviembre de 1918 a febrero de 1919 y en menor medida los de primavera y verano de 1919.

Las medidas más importantes se dieron a partir de octubre de 1918 y fueron tomadas por la Junta Municipal de Sanidad. Para ayudar en la emergencia, Cruz Roja aceleró la apertura de su nuevo Hospital, el hasta entonces denominado Jesús, María y José, en lo que hoy se conoce como Real 90, sostenido principalmente por el Ayuntamiento.

A comienzos de ese mes se cerraron todos los centros escolares, prorrogándose esta decisión a finales de diciembre y hasta después de Reyes. Poco a poco se fueron cerrando cines y teatros, que fueron desinfectados ante la denuncia de que se había visto a algunas víctimas en ellos previamente. También se suspendieron las corridas de toros, que eran el espectáculo que más público congregaba en la época. Del mismo modo, se prohibió la celebración de actos religiosos con gran asistencia, como la novena de la Inmaculada Concepción, y las autoridades eclesiásticas determinaron no celebrar, excepcionalmente, la Misa del Gallo.

Las críticas no tardaron en llegar, y algunos concejales propusieron que no se tomasen decisiones que perjudicasen la actividad económica de la ciudad, lo que también afecto a quienes las tomaron, desde la Junta de Sanidad o la Iglesia.

Al otro lado de la balanza tenemos actitudes irresponsables como la celebración del fin de año en los teatros y sociedades locales, que la prensa decía que no habían carecido de nada, ni tan siquiera de “uvas en bolsitas” una moda que se había impuesto desde hacía algunos años.

Aunque los diferentes autores difieren en sus cifras, podemos decir que en esos dos años murieron más de 1500 personas por gripe en Ceuta y, aún así, la tasa de mortalidad fue muy inferior a la nacional, seguramente por las condiciones de aislamiento, que no de las de vida, muy afectadas por el crecimiento descontrolado de la población y las malas condiciones de vida de esos migrantes.

P.- ¿Qué escritores han hablado de esto?

R.- Los estudios demográficos de Juan Díaz Fernández y Manuel Gordillo Osuna son los primeros que trabajan la documentación primaria de registros civiles y sacramentales de defunción, así como los padrones municipales. Recientemente José M. Cantón Gálvez y Ana I. Rivas Pérez han realizado un estudio titulado “La incidencia de la gripe de 1918-1919 en Ceuta. La primera crisis epidémica moderna en la ciudad” para el Instituto de Estudios Ceutíes, que está pendiente de impresión.

Fuente: https://elpueblodeceuta.es/

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