SAN TIRSO, LA BALESQUIDA Y LA CADELLADA • LA EXCEPCIONAL SANIDAD PÚBLICA HACE RECORDAR LOS TIEMPOS DE BENEFICENCIA Y BUENA VOLUNTAD COMO SOLUCIÓN SALUTÍFERA

POR CARMEN RUIZ-TILVE, CRONISTA OFICIAL DE OVIEDO

Fachada del nuevo hospital, en La Cadellada.

Fachada del nuevo hospital, en La Cadellada.

Oviedo tuvo tempranamente templo dedicado a san Tirso, soldado romano martirizado en tiempos de Decio, hacia mediados del siglo III, se cree que en Grecia. A veces se dice que era natural de Toledo, pero no es seguro. En cualquier caso, su devoción se extendió por España en la Alta Edad Media. Su relación con Oviedo procede de la descripción de los objetos guardados en el Arca Santa, abierta en 1075, donde se incluye la vestimenta de san Tirso.

En Oviedo hubo pronto gremios relacionados con los oficios, el más madrugador de los cuales debió ser el de los zapateros, con sede en la que acogían a los enfermos y desvalidos de entre los suyos. Se reunían en San Tirso y su sede debía estar en La Brotería, en la zona de Cimadevilla. Por allí también andaban loa pelliteros y los hortelanos tenían su sede cerca de San Juan, por Socastiello. Por Cimadevilla tenían también sede los carpinteros.

Los más numerosos eran los de la cofradía de los alfayates o xastres, que en el siglo XIII fueron favorecidos por una dama de origen franco, que mandó edificar hospital cerca de La Fortaleza y lo dotó con bienes y dineros. En la escritura de fundación de lo que fue y sigue siendo la cofradía de La Balesquida, por deformación del nombre de doña Velasquita Giráldez, la fundadora, se dice que se pagarán al capellán mayor de San Tirso quince maravedís de la moneda del rey de ocho sueldos cada uno para la celebración de las misas y esto entronca tempranamente a la antigua parroquia de San Tirso con al cofradía.

Es bueno destacar el afán de protección de enfermos y desvalidos de muchas cofradías, la de La Balesquida a la cabeza, en un largo tiempo de desprotección por parte de las instituciones. Sin estar ahora en la historia hospitalaria de Oviedo, estamos en las fechas de Pentecostés, coincidiendo con el Bollo, coincidiendo este año con el trasiego de la puesta en marcha del nuevo hospital general, en un país en el que, si no se estropea, contamos con una sanidad pública de calidad excepcional, que hace recordar aquellos tiempos de beneficencia y buena voluntad como solución salutífera.

Fuente: http://www.lne.es/

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