EL MILAGRO DE LA FE

POR ALBERTO GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE BADAJOZ

Uno de los aspectos que más resalta estos días es la soledad de las ciudades, cuyas calles vacías, sin gente ni tráfico; establecimientos cerrados; centros sin servicio; actividad paralizada; población recluida y toda actividad suspensa, ofrecen la visión sobrecogedora de una película de ciencia ficción. Porque, por más que la vida continúe soterrada dentro de los edificios, la falta del vibrar callejero convierte al organismo vivo que es una población en un decorado inerte.

Aunque aquí la situación no es nueva, pues más de una vez, por distintas causas, Badajoz presentó en el pasado el mismo aspecto desolador de ciudad muerta, que hoy. Por la oportunidad de la efeméride merece la pena recordar una que, referida como tradición, tiene fondo histórico.

Ocurrió, según la leyenda llamada ‘El Milagro de la Fe’ que recogen diversas fuentes, (la primera el padre Fita) hace más de 700 años; exactamente el Domingo de Pascua 10 de Abril de 1289. Un día sangriento en que, pese a lo destacado de la fecha, plena Semana Santa, la mitad de Badajoz estaba dando muerte a la otra mitad en la feroz lucha que desde el Domingo de Ramos enfrentaba por toda la ciudad a Portugaleses y Bejaranos.

En tal ambiente, un anciano sacerdote se dispone a oficiar misa en la catedral de Santa María del Castillo. El aspecto del templo es tétrico, pues en su interior no hay un alma. Fuera, el estruendo de las armas indica el combate que se está librando entre los bandos enemigos. El sacerdote, contrito por la soledad del templo en día tan señalado, tras implorar la presencia de fieles, inicia la liturgia, según el modo de la época, de espaldas a la nave. El silencio es total. Concluido el oficio, al volverse para impartir la bendición final, el clérigo queda petrificado al ver el templo repleto de gente: guerreros; soldados; nobles; hidalgos; damas; dignidades de la Iglesia; monjes, alguaciles, menestrales… todos ensangrentados. Su estupor crece al reconocer en ellos a las gentes muertas en las contiendas recientes. Y al punto comprende que, atendiendo a su plegaria, habían salido de las tumbas para asistir a la Misa.

Espantado por la visión, el sacerdote musita el ‘Ite missa est’, a cuyo sortilegio aquella fantasmagórica concurrencia de ultratumba desaparece, cayendo el propio sacerdote muerto también sobre el altar, confortado tras comprobar que se había producido el Milagro de la Fe.

Siete siglos después de tan extraordinario suceso, cuando concluya la presente epidemia, seguro que se repite el milagro, y la gente de Badajoz sale revivida de su encierro para hacer latir de nuevo la ciudad.

E incluso es posible que los que de verdad han muerto por la epidemia se presenten como legión en los templos oficiales del poder para que sus titulares los vean al volverse tras sus declaraciones y exorcismos, y ellos ver sus caras.

Fuente: https://www.hoy.es/

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