ALFREDO CAZABÁN, CRONISTA OFICIAL DE LA PROVINCIA DE JAÉN, ‘CUMPLE’ 150 AÑOS PLENO DE VIGENCIA

El cronista oficial de la provincia desde 1904 hasta su muerte en 1931, que dejó un legado de primer orden en torno a la historia de Jaén, nació un día como hoy de 1870

Eran las once de la mañana del 13 de abril de 1870 cuando en una casa de la ubetense calle Mesones veía la luz primera Alfredo Cazabán Laguna, segundo hijo del matrimonio formado por el comerciante de origen francés Adolfo Cazabán Tajadet y Elvira Laguna Corral, natural de Úbeda. Un niño que, andando el tiempo y sin pasar por las aulas de la Universidad, se convertiría en el gran maestro de cronistas que llegó a ser:

«No era universitario, pero en aquellos tiempos era normal. Muchos de los arqueólogos de aquella época tampoco procedían de la Universidad, sino de asociaciones y foros culturales, de sus ganas de dar a conocer el patrimonio. Cazabán es una muestra importante de esa formación humanista», asegura Juan Carlos Castillo Armenteros, cronista oficial de Torredelcampo y presidente de la Asociación Provincial de Cronistas Oficiales Reino de Jaén.

Castillo continúa: «Fue uno de los pioneros y el que marcó las líneas a seguir, que luego recogieron otros cronistas. Sin lugar a dudas, los cronistas de hoy bebemos de ese gran erudito, de ese gran apasionado de nuestra provincia, que nos ha legado un montón de información que, por desgracia, mucha de ella se ha perdido. Para nosotros, sus escritos son referente para cualquier investigación».

Diez años antes de su nacimiento, una epidemia de cólera mantuvo en vilo a los jiennenses que, finalmente, vieron aliviados cómo la pandemia pasaba de largo ante el paisaje del Santo Reino; y a los tres lustros de llegar al mundo, otra vez el cólera y sus estragos atenazaron a Jaén, que llevó a la Catedral a sus imágenes más icónicas para rogarles que el cáliz, de nuevo, volviese a librar al mar de olivos. Por entonces, 1885, un adolescente Alfredo Cazabán percibía en sus propias carnes la inquietud que ahora, ciento y pico años después, padece el planeta a cuenta del coronavirus.

Sin embargo, aquella etapa final de la década de los 80 del siglo XIX le tenía destinada su propia tragedia: sumido su hogar en la tristeza por la muerte de su hermana Sofía y arruinado el floreciente bazar de la familia, el cronista y los suyos partirían hacia Francia (tierra natal del patriarca) en busca de una prosperidad equivocada de camino, si se atiende a las luctuosas circunstancias que rodearon aquella aventura migrante y que terminarían con su muerte en agosto de 1888. Un hecho que, sin duda, marcó la vida del joven Alfredo, como él mismo recordaría posteriormente.

Demasiadas fatigas para un viaje que, filnalmente, lo traería de vuelta un año después, en busca de un futuro en la provincia que, antes de colmarlo de honores, le procuró también experiencias tan amargas como la que su ‘biógrafo oficial’, el periodista Tomás Moreno Bravo (Jaén, 1909-1990), relata en el libro que dedicó al cronista ubetense:

«Como Cazabán está tan falto de todo, decide, antes de marchar a Jaén, visitar a cierto personaje influyente de la localidad [Úbeda]. (…) ¿Qué quieres, muchacho?, le pregunta, mirándolo de abajo arriba, viéndolo derrotado, casi astroso, y calzado con unas viejas alpargatas. (…) Espera y, al cabo, se presenta el mayordomo con unos zapatos usados de su señor».

Pudo, a fuerza de lucha, hacerse bachiller en Artes y maestro de Primera Enseñanza; llegó a funcionario de la Diputación, cronista provincial tras la muerte del poeta Almendros Aguilar, docente en la Institución Teresiana, comisario regio, director del Museo Provincial, académico de Bellas Artes y creador y editor de la legendaria revista mensual Don Lope de Sosa, reflejo intelectual de sus inquietudes, que atrajo hacia sí a un sinnúmero de ilustres colaboradores hasta conformar una publicación imprescindible para conocer la historia y el patrimonio jiennenses.

«En cualquier rincón de la provincia, ahí estaba Cazabán y dejaba sus estupendas crónicas, que denotan su gran formación, esa pasión tan enorme que tenía por el patrimonio de la provincia de Jaén. Su palabra sentaba cátedra, de hecho él es uno de los principales valedores del IEG y de los museos arqueológico y provincial, a Cazabán le debemos muchas cosas», celebra Juan Carlos Castillo.

Calles en numerosos pueblos del Santo Reino y en su capital, bustos, monumentos, colegios rotulados con su nombre y hasta un premio anual convocado por la Diputación (su casa) le rinden tributo casi noventa años después de su partida al único jiennense distinguido con la codiciada Legión de Honor francesa.

Su vida, entrañablemente narrada por Moreno Bravo, acabó a primeros de 1931 fresca aún la última edición de Don Lope, en su casa de la calle Ancha esquina Ramón y Cajal, donde una placa colocada hace cincuenta años recuerda el lugar donde Alfredo Cazabán ‘laboró por la cultura’.

Monumento a Cazabán en Úbeda.

Fuente: https://lacontradejaen.com/ – Javier Cano

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