Y HASTA AQUÍ… ¡SANTAS PASCUAS!

POR FRANCISCO SALA ANIORTE, CRONISTA OFICIAL DE TORREVIEJA

Día de Pascua en la Dehesa de Campoamor. Año 1922. / Foto: A. Darblade – Colección de F. Sala Aniorte

Introducción

La mayoría de fuentes coinciden en señalar que el origen de la expresión ‘hacer la Pascua’ es algo incierta y desconcertante debido a que todo apunta que surge de una celebración de la que también nació otra expresión, pero con un sentido totalmente contrario: ‘estar como unas pascuas’, que se utiliza para indicar que se está alegre e incluso nervioso ante un acontecimiento.

La celebración a la que se hace referencia es la Pascua judía, también conocida como ‘Pésaj’, fecha en la que se conmemora la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto, realizándose el rito judaico del cordero que consiste en separar a uno de estos animales al que se le ha estado cuidando, engordando, alimentando y mimando a lo largo de las últimas semanas, ofreciéndolo en sacrificio pascual –‘Korbán Pésaj’. Pudiera ser que el haber estado llenando de mimos al animal para después matarlo puede haber dado origen a esta expresión.

Por otra parte, ‘Pesach’ es en hebreo ‘salida’, como ‘paso’ o ‘tránsito’ y, según algunos, podría aludir al ángel exterminador por las casas de los egipcios para dar muerte a todos los primogénitos. El sentido negativo de la expresión se generaría, por tanto, en este hecho.

La Pascua judía se celebra en el ‘Nisan’ -según el calendario hebreo-, viene a coincidir entre los meses de marzo y abril del calendario gregoriano, los mismos días que nuestra Semana Santa. La fiesta recuerda un hecho alegre, y se muestra en la lengua coloquial al ‘estar contentos como unas Pascuas’, por lo que, como tantas otras, ‘hacer la Pascua’ significaría con un tono irónico, lo contrario de lo que significaba en su origen. En la iglesia Católica, es la fiesta de la resurrección de Cristo, que se celebra el domingo siguiente al plenilunio posterior al 20 de marzo.

De la ‘mona de Pascua’ recordar las tantas delicias que ha hecho en muchas generaciones de torrevejenses y del resto bajo Segura. Estos pasteles pascuales tienen un origen remotísimo representado la mayoría de las veces por un bollo con huevo.

El huevo a través de la mayoría de teogonías, es considerado como el símbolo de la fecundidad, y puede considerarse su ofrecimiento a los niños por parte de sus padrinos como la representación ritual de la primavera renacida tras el invierno, y también de reproducción y vida rompiendo la cascara del huevo duro de la mona en la frente de los novios. La mona es la que da nombre a estas regocijantes meriendas campestres con las que se festejaba el retorno de la primavera.

La Pascua en Torrevieja

En Torrevieja, encontramos las noticias escritas más antiguas referentes a la mona de Pascua en el semanario torrevejense “El Pueblo”, en el año1913:

Tenemos una suerte con tener esta costumbre tan pintoresca tan agradable. Porque, quien no sepa los que es un día de ‘mona’ no sabe lo que es cosa buena.

Salir al campo todos y allí merendar. -¡Vaya una gracia!- dirán algunos. Pues sí, señores; no hay una gracia mejor. El Carnaval es un cortejo fúnebre en comparación de la alegría que tienen estos días de Pascua. Y el mismo día de Navidad con sus panderetas y sus zambombas es un día de luto al lado de este día.

Ahora bien; no todo el monte es orégano. Comerse la ‘mona’ es cosa fácil; pero comérsela bien y a gusto, no es tan fácil como parece.

Yo sé que hay muchas personillas que se encuentran con tres o cuatro ‘monas’ y no saben lo que hacer con ellas. Porque, comérselas, es lo de menos. ¿Qué hace uno con una ‘mona’ mano a mano, si no tiene siquiera con quien compartir la alegría? Y la alegría no es cosa que se comparte tan fácilmente.

Saldremos todos al campo, unos por levante y otros por poniente pero, ¿encontraremos todos ese lugar imaginario tan lleno de encanto como otras veces? ¿Ese lugar donde fuimos felices un momento, acaso tal día como hoy? ¡Ay! El lugar sí; lo demás… ¿quién sabe?

Si esta tarde no encontramos toda la dicha soñada, tal vez dentro de un año echemos de menos la incompleta dicha de esta tarde.

¡Oh, dichosos días! No hay Pascuas más alegres. La alegría loca del Carnaval está encerrada en la jaula de los salones y desfigurada con las caretas; pero la alegría de hoy, retozona y franca, juguetona y libre, se desborda a borbotones.

Niñas, al campo; que en casa la ‘mona’ parece pan, y en el campo es gloria.”

Los sitios donde ir para celebrar la ‘Pascua de Mona’ solía ser a parajes naturales, la cueva de la ‘Tía Roqueta’, las calas del Torrejón, las playas, a Ferrís, a la dehesa de Campoamor o a la pinada de La Mata. La gente se iba a merendar andando en cuadrilla o en carro si estaba lejos. En estas meriendas se consumía todo género de viandas transportables en fiambreras de metal esmaltado o aluminio y en capazos de esparto: tortillas, fritos de pollo o conejo, jamón, embutidos, habas tiernas…, sin que falte el vino de La Mata y el anís seco para la paloma, reservándose para el final, cuando el apetito estaba saciado, se comía a la protagonista de la Pascua: ‘La Mona’. Durante toda la tarde, se jugaba a lo típico de esos días: a saltar la cuerda, el pañuelo, volar la cometa y, que duda cabe, a bailar y cantar.

‘De Pascuas a Ramos’, muy de tarde en tarde, el volveré con ustedes.

Y como he de acabar este escrito, sólo me resta decirles… que les aproveche y… ¡Santas Pascuas!

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