Y DE LA ROGATIVA, ¿QUÉ?

POR ANTONIO DE LOS REYES, CRONISTA DE MOLINA DE SEGURA (MURCIA)

Rogativa contra el coronavirus desde la ermita del Carmen en Mula (Murcia).

La tradicional rogativa es la oración pública con el listado de todos los santos, hecha a Dios para conseguir remedio a las calamidades humanas.

Ya se celebraban con los romanos. La Robigalia, en honor del dios Robigus. Recorrían los campos ofreciendo sacrificios a sus dioses. Más adelante, el cristianismo, lo hace con la Cruz en Caravaca o con el lignum crucis en Abanilla,

El Papa y los obispos pueden prescribir las rogativas, pero han de figurar como actos extralitúrgicos. Así lo hizo el obispo de Cartagena-Murcia en 1729 ante los terremotos, autorizando rogativas, procesiones, novenas y misas. La última rogativa en el obispado tuvo lugar el 9 de septiembre de 2006 delante de la catedral, a solicitud del presidente del Sindicato del Tajo-Segura ante la «grave situación de sequía». La Virgen salió con el manto morado de penitencia.

En Molina, en 1670, trasladaron a la Virgen de la Consolación, «con la decencia que le corresponde», hasta la Iglesia para que, acompañada del patrón San Vicente, recorrieran las calles con los fieles de luto.

En 1781 la epidemia de tabardillo mató al alcalde.

El obispo Sanahuja y Marcé, cuando le solicitaron una rogativa, asomándose al balcón, y con cierta ironía, tras contemplar detenidamente el cielo, dijo a los presentes que hicieran lo que gustasen, pero que «no está para llover».

En Molina la última rogativa la rezó el párroco José Escámez. Llegó a lo alto del castillo con cruz alzada, agua bendita y letanía que pronunciaba Juan Sandoval.

Actualmente estos rituales han desaparecido ante la competencia de las previsiones del Instituto Nacional de Meteorología, las vacunas y los insecticidas.

El actual obispo rezó a la Fuensanta el domingo de Resurrección.

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