EL COLEGIO DE CRISTO REY 110 AÑOS ENTREGADO A VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JAÉN) VI

POR MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JAÉN)

Rondalla.

Recuerdos de las alumnas de los años 1960

De la reunión que mantuvimos con las alumnas Maruja Donaire; Isabel Pérez, Donosa Cano y Rosa Alguacil, llenaron de recuerdos los años vividos en el Colegio de Cristo Rey.

“La formación que recibíamos era bastante completa, tanto intelectual, y religiosamente, así como los valores humanos basados en el afecto y respeto a Cristo y a los demás.

Había varios grupos de alumnas externas, internas, medio-pensionistas y otras acogidas gratuitamente por las religiosas que hacían una labor humanitaria, y estas alumnas colaboraban en los quehaceres del colegio.

En el aspecto organizativo del colegio se distinguían varias etapas: .- Párvulos o niñas pequeñitas; Grupo 1º de Álvarez; Grupo 2º de Álvarez; Grupo 3º de Álvarez o de preparación de Ingreso de Bachillerato; Clases de Bachillerato desde 1º hasta 4º y Reválida.

Casi todo el profesorado eran religiosas, menos algunas asignaturas de 3º y 4º de Bachillerato (Religión, Latín, Física y Química) que eran impartidos por profesores de SAFA, y Educación Física por Marisa Sarria.

La enseñanza era “libre”, durante el curso estudiábamos y en junio íbamos a Baeza para examinarnos en el Instituto.

Dolores Carrillo, la puerta de la esperanza.

Algunas alumnas mayores venían al Colegio para recibir clases de piano, bordar o hacer labores.

Para asistir a las clases vestíamos uniforme. El de invierno era falda azul marino con tres tablas delante y tres detrás, manga larga acabada en puño, cuello blanco, duro. En el centro del pecho un escudo de plata con las iniciales J.H.S. El largo del uniforme se medía arrodillándose y que rozaba el suelo. El uniforme de verano consistía en una falda blanca plisada (con el mismo largo que la de invierno) y una camisa celeste de manga larga. Las niñas gratuitas utilizaban uniformes blancos.

Los zapatos eran negros, marca “Gorila”. Las pequeñas utilizaban calcetines blancos y las mayores medias marrones.

En los actos religiosos utilizábamos dos tipos de tocas en la cabeza: la de diario de batistas y para las fiestas la de organdí.

El día se empezaba con la misa de ocho “voluntaria”, pero “recomendada”- A las nueve empezaban las clases. A media mañana el recreo en el huerto entre los árboles, a veces nos comíamos alguna fruta, a escondidas. Continuaban las clases hasta las dos. Comida para las internas y mediopensionistas. Rezo del rosario en la capilla y después seguían las clases; un pequeño descanso para merendar y luego las “permanencias de estudio silencioso” hasta las ocho.

A las clases se entraba al toque de campana. En algunas clases era habitual, que las alumnas que no hacían los deberes las pasearan por las demás clases con el cuaderno abierto.

Las alumnas aventajadas ayudaban a estudiar y hacer las tareas a las que lo necesitaban. Como premio, que estimulaba positivamente, había un cuadro de honor. En él se colocaban las fotografías de las niñas premiadas con la banda o medalla de aplicación, conducta, o piedad.

Alumnas distinguidas.

Se celebraban varias fiestas a lo largo del curso, pero la más popular era la de Cristo Rey; un triduo, actos culturales y gastronómicos con una excelente convivencia entre religiosas, madres, padres y alumnas. Entre las actividades destacaban los bailes, canciones, representaciones teatrales y llegamos a formar una pequeña tuna componiendo las letras de varias canciones.

Las religiosas vivían en una zona llamada, “clausura”, donde estaba prohibida la entrada a las alumnas. A las monjas se les llamaba con un toque de campana distinto para cada una. Todas vestían un hábito azul marino y un tocado blanco. A las religiosas encargadas de la limpieza, cocina, lavandería…se les llamaba hermanas, a las que daban clase “madres”.

En el huerto había dos albercas, que se utilizaban como piscinas durante el verano. No había ningún tipo de calefacción. Para calentarse las alumnas llevaban a las clases una pequeña estufa, una lata con asa de alambre, llena de ascuas o carbón que se colocaban bajo las mesas. A veces alguna revoltosilla echaba en la estufa pastillas de perborato y salían “fuegos artificiales”.

Guardamos gratos recuerdos de las monjas aunque solamente mencionemos solo algunas, con las que tuvimos una mayor relación; Madres, Mº Isabel y Amadora como superioras, la segunda una excelente profesora de Dibujo y Pintura; madre Mª Rosa, que nos enseñaba Labores; madre Esther, responsable del coro, la madre Natividad, que era la portera y la madre Mª Jesús, la más anciana del colegio, que daba apoyo a la lectura, nos regalaba recortes de formas y fue especialmente humana y solidarias con los problemas de todas las niñas. En los recreos nos gustaba acompañarla y ayudarla a pasear por el colegio, ya que ella sola no lo podía hacer.

Como profesoras también recordamos con cariño a las Madres, Ester, Mercedes, Mª Rosa, Mª Reparadora, Asunción, Virtudes, Margarita…

Es curioso que bastante tiempo después en la década de los setenta, un grupo de alumnas habíamos finalizado los estudios de magisterio y estuvimos impartiendo clases en el colegio donde nos formamos, Angelines López, Lali Carrillo, Rosa Mª García, Rosa Alguacil…”.

Crisis en 1972

Surgieron momentos difíciles para la continuación de la enseñanza en la localidad del Colegio de Cristo Rey. Hay dificultades ante el bajo número de alumnas en algunas clases y la crisis de vocaciones. Desde la superioridad se vio conveniente dejar sin impartir algunas clases en el Colegio de Villanueva. El alcalde D. Antonio Marín Carrasco se preocupó por esta decisión.

La Superiora de Granada, A. Emilia García le escribió: “La crisis de vocaciones nos ha llevado a hacer un reajuste en nuestras actividades apostólicas. El poco número de alumnas y pequeña cantidad que abonan hacen que no alcance a la cantidad necesaria para pagar a las maestras. Puede comprobar los libros de contabilidad de cualquier colegio nuestro y lea que las religiosas, que han trabajado lo han hecho desinteresadamente y la mayor parte de los ingreso se han asignado a sueldos de profesores seglares”. Emilia García

La respuesta del alcalde días después decía: “Nada más lejos de creer nosotros el que sólo han mirado los aspectos económicos. La larga permanencia de la Institución en Villanueva lo desmentiría. La solución que proponemos es la de que pasen a impartir clase las dos maestras que actualmente lo hacen más las de ocio, pasando Vds. a sustituir con otras Madres a las mismas,

Ya arbitraremos la forma de compensar este sacrificio, pero estamos seguros de que con la gratuidad, Cristo Rey volverá a ser ese Colegio codiciado por los Villanovenses”. Antonio Marín Carrasco.

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