DIARIO DEL COVID-19: CASINOS, PUDIMOS PISAR LA CALLE, PASEAR POR NUESTRO ENTORNO

POR JOSÉ SALVADOR MURGUI. CRONISTA OFICIAL DE CASINOS (VALENCIA)

Avenida de Valencia de Casinos, el sábado 2 de mayo. MURGUI

Es la hora de dar ¡el 300 por cien!

Eran las seis de la tarde y desde el trece de marzo, no había salido de casa. Hoy hablo en primera persona. He llevado el confinamiento al pie de la letra, he intentado aprovechar el tiempo al máximo, he vivido en familia, me he dedicado a estudiar, escribir, hablar, compartir muchos ratos con personas que necesitaban conversar, haciendo posible que los días pasaran con la mayor vehemencia posible.

Como diría Alaska en sus mejores momentos, alguien podrá pensar: «¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga? Y efectivamente así es, pero la canción nos sigue advirtiendo: «Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiare…» y al pasear en este primer contacto con mi Casinos, con NUESTRO CASINOS, me he encontrado con la cruda realidad, que me transportó a la mente otra estrofa de una canción de Alaska y Dinarama: «¿Cómo pudiste hacerme eso a mí?» y la canción lo narra: «La calle desierta, la noche ideal. Un coche sin luces no pudo esquivar. Un golpe certero y todo terminó entre ellos de repente.» Me quedo con la primera frase, la calle desierta, el pueblo desierto… apenas casi nadie por las calles y todos atendiendo las medidas de seguridad. Somos un pueblo obediente.

Pero el camino que une el respeto con la prosperidad, ofrece aspectos que a mi entender han de ser tenidos en cuenta. Vuelvo al Casinos de 1970, cuando el periódico las Provincias publicaba en julio de ese año una página dedicada a Casinos escrita por Mª Ángeles Arazo, que ensalzaba así a Casinos: «La entrada al pueblo, discurre entre escaparates de bolsitas de peladillas; se huele a dulce, a recién cocidas con la sabia medida del azúcar, la canela y la manteca de cerdo. Aunque es de noche, reina animación en las calles y de un modo especial en el casinos, que hoy citó a los músicos para el ensayo de las 11…»

Hoy cincuenta años después, el día dos de mayo, la carretera desierta, ni un solo coche, las casas de dulces cerradas, sin olor a coques ensaxianes, no reinaba ninguna animación por ningún sitio, y con esa mezcla agri-dulce de un de todo sin luces y todo encerrado, como lo expresa la canción «de repente.» De repente, todo se paró.

Creo que ese Casinos, no lo queremos nadie, pienso que es el momento de reinventarnos, creo que tal como vayan avanzando las fases para volver a la vida normal, hay que replantarnos el presente y fortalecer el futuro. Nunca fue buena la resignación: ni ante una muerte es bueno resignarse. Nunca hay que tirar la toalla, siempre tenemos la opción del paso al frente, si hay marchar hacia atrás que sea para coger impulso y seguir adelante.

Igual que cuando llega agosto decimos ante las fiestas patronales, ¡Es tu hora Casinos! Y lo damos todo, en estos momentos que tenemos que son el inicio, el volver a despertar, también es la hora de darlo todo. En muchos comentarios, escritos, normas, he leído la aterradora expresión del 30%, pero yo pienso que a esa cifra hay que añadirle un cero más y actuar, ¡es la hora de dar el 300 por cien!

Hemos de ser incisivos, elocuentes, pasar del pensar al actuar, porque un Casinos en blanco y negro, es un Casinos triste. El futuro, las generaciones que vienen, necesitan un Casinos en color, ya sabemos que las cifras del PIB son malas, ya sabemos que no hay un dato bueno, ya sabemos casi todo lo que nos dicen, los malos mensajes que recibimos, pero la voluntad es más fuerte que todo eso.

Casinos es un pueblo trabajador, próspero, luchador, noble, un pueblo que supo nacer rodeado de gigantes, y que se ha consolidado como un referente, tenemos potencial, tenemos historia, tenemos un nombre que nos lo hemos ganado a pulso, es el momento de hacerlo valer y es el momento de volver a plantearnos como vamos a seguir adelante, eso solo lo podemos hacer luchando para ser nosotros los que lo hagamos posible dando el trescientos por ciento, porque es la única fórmula para prosperar.

La hidalguía de los pueblos se mide por la tenacidad de sus habitantes, todas y todos queremos salir de esta, que no nos duelan prendas para no caer en la tristeza, que toda nuestra energía sea para que Casinos, vuelva a ser el centro de todas las miradas con la fuerza de la prosperidad. Estoy seguro, que lo vamos a conseguir, porque la esperanza es la primera razón para darlo todo.

Fuente: https://www.elperiodicodeaqui.com/

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