LA PATATA CALIENTE

POR ANTONIO HORCAJO, CRONISTA OFICIAL DE RIAZA (SEGOVIA)

Alguien, agazapado entre los distrayentes fastos de temporada que promueven, algarabías a tutiplén, manifestaciones inoportunas o no debidamente prohibidas, nos han arrastrado a un futuro incierto, comprometido y difícil. Como no me dejan mover quiero llegar a los lectores con esta reflexión, para que, al menos lo hagamos juntos y seamos conscientes de lo que nos espera. Habrá primavera pero seguramente no podremos disfrutar de ella. Puede que piscinas y parques permanezcan cerrados. No correrán las fuentes de La Granja y seguramente tampoco habrá judionada, porque puede que se pierda la cosecha, como temen des benditos cultivadores. No habrá piscina pero no nos podrán quitar el botijo en el balcón. Así que la pena del confinamiento será más tolerable y daremos las gracias ya que, pienso, nos dejarán abrirlo para refrescar por la noche. Que generosos lo son un rato. Si lo sabrán los bolivarianos.

Se han permitido decirnos, en largas y repetitivas peroratas televisivas, que la cosa está mal, pero no muy mal porque tienen programas para vencer el mal y, previsores, que están preparados para comprar lo que haga falta. Muy arracimados con todos los intermediarios del mundo. Los demás manos en boca, oídos y ojos: como los monos, y chitón. Y, al que piense y hable…. se le anota y punto, ya lo dijo el general en la tele.

Los que así nos quieren tranquilizar ven la democracia, que nos dimos todos, como un corralito privado, en el que rechistar, es decir contradecir, es pecado grave porque ellos son la democracia. Y punto en boca. Son sus únicos detentadores (el comunista también lo piensa y lo demuestra) en un período de tiempo fijo, inamovible, en el que ellos disponen, mandan y, ocurra lo que ocurra, nuestras libertades están manejadas a su antojo. Aunque vaya la cosa dando tumbos hacia el precipicio, que ya veremos a quiénes ayudan a respirar cuando salgamos de la que nos aprisiona ahora. Solo la conveniencia de su reloj les dirá cuándo tienen que consultar al pueblo. Porque su patente de corso abarca la totalidad del tiempo para el mandato, aunque en ese transcurrir quedemos todos en la vía muerta o en el fondo del barranco, que es peor.

Saben -y bien que lo saben- que si se apean de la ostentación y la altivez, se han de ver en dificultades para justificar los desaguisados de todo tipo en que han puesto a esta sociedad civil española de la que formamos parte, al Pueblo todo, menos a los apesebrados, al borde no, de lleno, en la más grave crisis que recuerdan los anales. Y ello tiene una solución de libro que, por supuesto, no adoptarán: contener el gasto público e impulsar la actividad total, dejando que se alimente de su propio rendimiento y poniendo freno a subvenciones parásitas y distorsionadoras.

Pero esto solo da para muchas líneas de raciocinio que hoy es inútil escribirlas por cuanto, ya sabemos de antemano, que la línea del despilfarro, siempre injustificado pero ahora, más que nunca por la fiebre que sufre la Nación entera, no está entre los objetivos a corregir y cumplir. Antes bien, deducido de las diferentes y casposas intervenciones televisivas, el mantenimiento de la arbitrariedad y el amiguismo, el compadreo y enganches parecidos, nos han colocado a todos en una deuda pública inimaginable y, todo ello sin horizonte propio, al estar condicionado por acuerdos políticos, sabidos pero no conocidos, que interfieren directamente en las decisiones aconsejables, hipotecadas por el rodillo de la prepotencia.

Entre otros del resto de España, los hombres del campo, los del labrantío segoviano están a verlas venir, la industria ahogada en una impotencia de inactividad forzada, la empresa en general y de cualquier sector, no aguanta la presión fiscal, pagando hasta por respirar y siendo ahora quien ha de soportar el cierre de sus establecimiento y centros de producción y con la grave incógnita de si podrán volver a levantar la lona que cubre las herramientas.

La Sanidad malherida después de darlo todo hasta el límite, las infraestructuras sin abordar, sobre todo las que darán capacidad de respuesta a tanto mal y que serían motor y reclamo para recuperar la Segovia hoy dormida, que no vacía y que queremos que sea activa. Los trazados nuevos, que habrían de ser motor de desarrollo, deben ser abordados para dar ocupación inmediata a empresas y trabajadores. Es un reto, pero también la ocasión para no morir en el languidecimiento que se aproxima. Porque si no nos adentraremos en un futuro negro e incierto.

Pienso que, a la vista del panorama, si hubiera vergüenza política se daría, en breve plazo, a unas elecciones generales y a ver qué pasa. Porque, peor que ahora, es imposible. Bueno, puede ser posible si solo guía la oportunidad de seguir en la poltrona a toda costa. Incluso a costa del futuro de España en un mundo que será el más competitivo que imaginarse pueda. Los dientes de los que nos rodean están afilados, cuando Europa ha dado muestras de seguir siendo “la que a sí misma se atormenta”, que proclamó nuestro Andrés Laguna hace cinco siglos y que, como vemos todos los días: la patata está caliente.

Fuente: https://www.eladelantado.com/

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