OTRA “GRAN EMPRESA”

POR RAFAEL ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLACASTÍN (SEGOVIA)

Tras la pandemia mundial del Corona-virus cuyo final se antoja arto lejano, la villa segoviana de Villacastín como el resto de España, deberá recorrer un duro camino que implicará a todos cuantos viven o tienen en ella sus intereses y además de una buena dirección nacional, autonómica y municipal que trabaje por el bien común, precisará de la ayuda, la colaboración y el empeño de todos. Se hace necesario emprender “una gran empresa” que no desmerezca de la que nuestros antepasados iniciaron en el Siglo XVI y hay que pensarla cuanto antes.

Cuando el emperador francés alcanzó la altura de la Cruz de Santiago acompañado de un gran séquito, la antigua villa de Villacastín surgió tras una fina cortina de lluvia que entorpecía aún más, el camino de Castilla saturado de tropas y bagajes, dirigiéndose en lo más crudo del invierno al encuentro de nuestros aliados ingleses. De entre las vetustas viviendas destacaba la figura gris de la gran iglesia parroquial, que no le pasó desapercibida. Esa noche del 23 de diciembre de 1808 víspera de la Navidad, Napoleón descansó en el Cuartel General Imperial instalado en una buena casa, hoy vivienda parroquial, mientras las tropas escogidas de su Guardia Imperial se refugiaban en la gran iglesia, el mayor edificio habitable de la villa. Desde su Cuartel general Napoleón escribió en una carta dirigida a su hermano, el rey José “…Ésta pequeña ciudad se ha comportado bien; la mayor parte de sus habitantes se han quedado…”

En las dos ocasiones en que la Santa Teresa de Jesús pasó por la villa, en 1574 procedente del convento de Santa Cruz de Segovia (donde se le apareció el Señor) y otra documentada en 1581 porque desde la posada del Toro envió una carta. Al llegar al lugar de Villa Castín, subiendo la cuesta del final del camino de Segovia, mirando al Este pudo ver a medio construir los muros del templo que varias generaciones de vecinos, nunca vieron concluir. La gran empresa se detuvo tras la bancarrota de Castilla.

En 1579 recibieron los restos mortales de D. Juan de Austria a la entrada del lugar y acompañaron al importante séquito a la iglesia nueva a medio construir y a la interior a medio desmantelar, colocaron el ataúd sobre un túmulo negro y tras el responso, la comitiva salió camino de El Espinar donde pasarían la noche. La empresa de “la gran iglesia” estaba paralizada, con riesgo de deterioro de lo construido.

Muchos hechos memorables se vivieron el templo, algunos malos y otros muchos muy buenos, como por ejemplo la predicación del quien será Santo, Antonio María Claret, que en el verano de 1858 acompañó a SS.MM la reina Isabel II y su marido Francisco de Asís (alojados en la casa palacio de D. Agustín López) y que enfervorizó el corazón de los fieles.

Si bien la Gran Iglesia, “la gran empresa” común de Villa Castín, cumplió los cometidos previstos para los que fue construida, no pudieron finalizar el proyecto en su totalidad.

Actualmente cuando los visitantes llegan ante la iglesia, se admiran del tamaño y la grandeza austera del edificio y al acceder al interior no pueden evitar un gesto de admiración ante ésta obra del gótico final. Pero hay muchas preguntas que los visitantes podrían hacerse ¿Por qué razones emprendieron ésta gran empresa? ¿Quiénes la lideraron? ¿Cómo decidieron su emplazamiento? ¿Quién fue el maestro de la traza elegida? ¿Cómo la financiaron? ¿De qué medios técnicos disponían para llegar a tales alturas? ¿Cuántos años emplearon poder techarla? ¿Cómo la utilizaban y cuál era su finalidad? …etc.

Todas las preguntas tienen respuesta y a medida que la investigación sobre la iglesia se va completando, crece más en nuestra estima, al imaginar las complicaciones, al desentrañar las dificultades, el trabajo, los esfuerzos de toda una comunidad por cumplir con los objetivos de ésta “gran empresa”.

Es recurrente la denominación poética de la iglesia, hoy popularizada como “la catedral de la Sierra” y es que cumple muchos de los objetivos, requisitos, fases y sistemas de construcción utilizados para construir una catedral, pero sin duda el proyecto concreto era la construcción de una “gran iglesia” que lograría entre otros objetivos, que Villa Castin pasara de ser un lugar a una floreciente Villa.

La “empresa común” fue ya desde mediados del Siglo XVI omnipresente en la vida del lugar, cumplirá los objetivos para los que fue pensada y aún hoy la figura e imagen de la iglesia, sigue siendo omnipresente en la vida del pueblo, con la peculiar la manera actual de sentir, percibir y vivir la religión. Pero al entrar en este espacio sagrado luminoso y de enormes proporciones, las personas podemos sentir que en él se encuentra un ánimo especial para relacionarse con la divinidad.

Villacastín como tantos lugares de Castilla pasó por varias epidemias de peste, cólera y gripe, que diezmaron la población, pero siempre los vecinos lograron superarlas unidos.

Necesitaremos de otra “gran empresa” que tenga en cuenta las lecciones aprendidas de la pandemia del Corona–virus y que bien liderada y con eficaz pedagogía sea secundada por todos, para hacer de Villacastín un pueblo donde sea posible vivir alcanzando toda la felicidad posible.

Fuente: https://www.eladelantado.com/

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