TESTAMENTO DE JUAN DE MARÍA LÓPEZ, AÑO DE 1590. (1ª PARTE)

POR JOSÉ JULIO ORTIZ CHISVERT, CRONISTA OFICIAL DE COBEÑA (MADRID)

Gracias a Rafael Maldonado De Guevara Delgado, que me ha puesto sobre la pista a través del Corpus de Documentos Españoles, he podido tener acceso a un testamento de un vecino de Cobeña del año 1590.

Se trata del Testamento de Juan de Maria López. En dicho testamento Juan de María comienza encomendándose a lo divino, diciendo; In Dei nomine, amen. Sepan cuantos esta carta de testamento vieren cómo yo, Juan de Mari López, vecino de la villa de Cobeña, enfermo en la cama de la enfermedad que Dios Nuestro Señor fue servido de me dar, y estando en mi buen sentido, e juicio natural e cumplida memoria, recelándome de la muerte, qu’es cosa natural a toda persona viviente, confiando poner mi ánima en carrera de salvación, creyendo como firmemente creo en la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero, teniendo por abogada a la gloriosa Virgen María, madre de Dios y Señora Nuestra, a la cual suplico sea intercesora…, etc.

Tras largo interés por lo divino prosigue; otorgo y conozco que hago e ordeno este testamento e postrimera voluntad en la forma y manera siguiente:

Mando que cada e cuando que Dios Nuestro Señor fuere servido de me llevar de esta presente vida a la otra, que mi cuerpo sea sepultado en la iglesia d’esta villa de Señor San Cebrián, en la sepultura de mi mujer o por allí, o donde hobiere lugar; e paguen por el rompimiento a la iglesia los derechos acostumbrados.

Es sumamente interesante leer que ya en el año 1590, la iglesia actual que tan solo llevaba 40 años levantándose de sus 150 que tardó en construirse, albergaba en su interior los muertos del pueblo, pues como ya he trasmitido en otros artículos, hasta 1808 no se construyó el actual cementerio a las afueras del pueblo, siendo lo habitual llevar a cabo los enterramientos en el interior de los templos y lugares de culto, (conventos, abadías e iglesias por lo general).
Mando que para me llevar a sepultar me acompañen mi cuerpo el cabildo del Nombre de Jesús, y de la Sangre de Jesucristo, y de Nuestra Señora del Rosario y de San Sebastián, de quien soy cofrade. Al de la Sangre de Jesucristo, media docena de reales; y al del Nombre de Jesús, tres reales; y al del Rosario y al de San Sebastián, a dos reales; y esto porque 3 acompañen con la cera e pendones.

Aquí podemos leer que Juan de María López era hermano de cuatro cofradías de las muchas que había en Cobeña, La del Nombre de Jesús, la de la Sangre de Jesucristo, la de Nuestra Señora del Rosario y la de San Sebastián. (Ya he comentado que la hermandad de la Virgen del Rosario es la más antigua de las dos que existen en Cobeña, pues además de aparecer en este testamento de 1590, aparece también en el testamento de Miguel Gordo, de 1557, natural de Cobeña, que deja 7000 maravedís a dicha hermandad).

Y prosigue Juan en su testamento; mando que llevándome a sepultar desde mi casa a la iglesia me hagan tres recibimientos como se acostumbran hacer, y paguen los derechos acostumbrados. Y este día, si fuere hora de decir misa, me digan una misa, y si este día no fuere hora de la decir, la digan luego otro día siguiente; y este día lleven de ofrenda nueve panes que se ofrezcan sobre mi sepultura.

Finalmente vemos como en Cobeña por entonces no había misa diaria, habiendo tres paradas con el cuerpo hasta llegar a la iglesia y una ofrenda de pan sobre su sepultura. De esta orden se extrae que Juan era hombre pudiente, pues un pan era lo que un hombre ganaba al día y vemos que deja dineros para las paradas que ordinariamente se han seguido haciendo hasta no hace muchos años, en el camino del cuerpo hasta la sepultura.

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