MÁS CUENTINOS DE «ECHAR EL DÍA» Y MÁS FACTURAS DE BUEN COMER

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Portada de mi libro ASTURIAS, PARADA Y FONDA, en diseño del artista JESÚS ÁNGEL. Poseo la acuarela original, regalo del editor SILVERIO CAÑADA, ya fallecido. El libro fue editado en 1988.

Ayer les contaba cómo en Colunga -y en general en toda Asturias- los días de mercado semanal (en Colunga, los jueves), los de ferias de ganado y los de entierro-funeral eran disculpa más que «justificada» para «echar el día»; es decir, para «estar de chigre y llegar a casa…cuando se llegaba».

Pues, señor… Erase un paisano de Borines (Piloña) que hubo de asistir en Libardón (Colunga) al entierro de un contrapariente suyo. Era un viernes y el domingo aún no había llegado a casa.

La esposa, preocupada por la tardanza, rogó a un hermano suyo que se desplazara a Libardón para saber de él. Y en Libardón, en el bar-chigre de La Nava, lo encontró «charla que te charlarás» y «bebe que te beberás», con unos cuantos paisanos del lugar.

Al recriminarle su conducta y rogarle que retornara pronto a su casa «porque la muyer ta muy dolía», respondió el aludido:

.- ¡Coime! ¿Había dime ahora y dexar a estos co la palabra ena boca, ho?

Vayamos con otra historieta, que se la resumo a tenor de lo que cuenta don Jorge Vigón, el exministro y general, en su libro «Tercera Vuelta».

Erase un paisano colungués, «del monte» (es de suponer que sería de Carrandi o de Libardón) que cada jueves que bajaba al «mercau de Colunga» legaba a casa «tarde y «vacilante» en clara manifestación de haber bebido más de la cuenta.

La esposa, autoritaria ella, que le esperaba impaciente y enojada, cuando llegaba a casa le decía desde la ventana:

.- Ta trancada la puerta ; así que si quies dormir… ¡vas pa la cubil col gochu!

Y sucedió que un día de jueves, a causa de un funeral, tuvo que venir a Colunga «el matrimonio al completo». El «a mercar» y ella a rezar.

Cumplido ese «rito», fueron al chigre a «comer un bocau»; después a tomar un café; después un café con pingarates ; más tarde, pingarates sin casi café… Y, así, hasta ya entrada la noche.

Cuando llegaron a casa dijo la esposa:

.- ¡Ay, hom! ¡Ahora doime cuenta lo difícil que ye andar a la anochecida con tan poques lluces!

No les extrañen estos cuentinos, que tienen más de verdad que de historieta.

Y no era de extrañar. Adjunto les pongo una foto de una factura, año de 1903, de una fonda colunguesa relativa a una estancia de dos personas durante unos 10 días y en dos de ellos con invitados.

Léanla con calma porque «a día de hoy» (frase cursi de los políticos en boga) nos resulta increíble.

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