TODAS IGUALES PARA MÍ SERÉIS

POR ALBERTO GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE BADAJOZ

La antigua calle Zapatería.

La comunicación es el cemento de la sociedad. En el pasado la gente se relacionaba en las plazas y mercados. Tabernas y barberías servían de marco a la charla y el comentario. Para enterarse de las cosas se acudía a lugares que eran como los periódicos de antaño, porque allí estaba la información. En Badajoz los mejores mentideros eran las plazas de San Juan, San José, Alta, Vieja, Orellana o la Soledad; esquinas de Sandoval y el Rastro, o Campo de la Cruz, Allí surgían y se difundían también los bulos. Como los del fantasma de Castelar, el mercurio de la plaza de la Soledad, o el tesoro de la alcazaba.

Aparte estaba la comunicación oficial. La que quien detentaba algún poder difundía para información o aviso de la gente, o a otros efectos. En la Roma antigua ya se usaron pasquines y grafitis. Más tarde las campanas y el pregón. En el siglo XX llegó la radio. Después la televisión.

Y ya hoy, las redes sociales del mundo virtual.

Hasta cierto momento la información oficial fue sencilla y funcional destinada a transmitir mensajes útiles –alarma, riada, fuego, peligro, defunción de un vecino… – pero con el tiempo se convirtió en arma de dominio sobre la sociedad, mediante la difusión de mensajes, consignas e informaciones interesadas o falsas para manipular a la gente, lavarle el cerebro y condicionar sus ideas y actitudes. El comunismo y el nazismo son maestros en esto. En su distopía ‘1984’, escrita en 1948 y hoy hecha escalofriante realidad, George Orwell habla de una sociedad en la que un omnímodo poder dictatorial es quien decide cada día qué es verdad y qué mentira; reescribe la historia cada hora; impulsa el odio entre la gente, y persigue a los desafectos. ¿Suena, verdad?

Como en estos momentos es bien sabido que salvo unos pocos que se mantienen independientes, muchos medios de información, sobre todo televisivos, son instrumento de la falsa verdad oficial y agentes de manipulación, no es preciso insistir en ello.

En la genial obra de Muñoz Seca ‘La venganza de Don Mendo’, el protagonista, encerrado en una mazmorra, reflexiona sobre el tiempo que lleva privado de libertad.

«¿Qué fecha es hoy? ¿13 de mayo ya? ¡Quién lo diría¡ ¡Ah, no, cifra fatal, no me humillareis¡ ¡Con el valor de Don Mendo no podréis¡ ¡Trece, catorce, quince y dieciséis… todos iguales para mí seréis». Y pide a un amigo que acude a ayudarlo: «¡Habladme claro, marqués, que en esta cárcel sombría, cualquier claridad de día, consuelo y alivio es¡».

Adaptados a quienes ahora sufren el encierro y la manipulación informativa institucional, los versos de Don Mendo pueden parafrasearse diciendo: «!Ah¡ no, televisiones oficiales, conmigo no podréis.¡ No me engañaréis, y todas iguales para mí seréis: una, dos, tres, cuatro, cinco y seis». Y sobre todo, «¡Habladme claro marqués¡».

Fuente: https://www.hoy.es/

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