MEMORIAS DEL CONCEJO DE PARRES 1835-1985 (CAPÍTULO CVI)

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

Puente nuevo de Cangas de Onís en los años 50 del siglo pasado.

La primera biblioteca municipal de Arriondas se puso en marcha en 1956 de acuerdo con el Centro Coordinador de Bibliotecas “Rafael Quirós Isla”, de Asturias, con las condiciones y obligaciones siguientes:

a)- La Biblioteca se establecerá en la villa de Arriondas y se denominará “Biblioteca Cipriano Rodríguez La Villa” (el cual había sido maestro en Arriondas durante muchos años).

b)- Se instalará en el edificio de las Escuelas Graduadas de Arriondas en un local acondicionado por el Centro Coordinador a expensas del Ayuntamiento.

c)- Tendrá carácter público y abrirá tres horas y media diarias, como mínimo, de seis de la tarde a nueve y media en invierno, y de siete a diez y media, en verano.

Los sábados -día de mercado- deberá abrir desde las doce del mediodía a la una de la tarde, para que las personas de las ´aldeas´ puedan llevar libros en préstamo si lo desean.

d)- El servicio de lectura en la sala será gratuito y el de préstamo a domicilio seguirá las normas de la Junta de la Biblioteca, aprobadas por el Centro Coordinador.

e)- Se obliga al Ayuntamiento a tener un servicio de calefacción por radiadores, poder utilizar los servicios higiénicos, hacerse cargo del alumbrado, limpieza del local, subvención al encargado y adquisición de obras nuevas.

Detalle de un rincón de Granda de Abajo.

El Centro Coordinador se comprometía a poner el mobiliario, un primer lote de -al menos- mil doscientos libros valorados en 60.000 pts.

El primer bibliotecario en Arriondas fue Maximino González Rodríguez, nombrado a petición propia.

Aunque se hace notar que el encargado lo nombraría el Centro Coordinador a propuesta del Ayuntamiento, el cual debería estar en posesión de título profesional.

Exactamente fue el 14 de junio de 1956 cuando la Biblioteca Municipal pasó a denominarse oficialmente “Cipriano Rodríguez La Villa”, una especie de deuda que el Consistorio tenía desde el fallecimiento de Cipriano, para el que los maestros del concejo y de otros limítrofes habían solicitado una calle con su nombre.

Por esos días los ayuntamientos de Parres y de Cangas de Onís llegaron a un acuerdo para iluminar el «puente nuevo» -frente al conocido como “Puente Romano”- pagando cada uno la parte que le correspondía de instalación y fluido eléctrico, al 50%.

Al vecino de Ribadesella José Toraño Llano, se le autorizó a instalar un taller de reparación de bicicletas en un local de la calle San Antonio, en la villa, local para el solicitó una acometida de agua poco tiempo después.

También solicitó instalarse en la villa -mediante una plaza de fija de taxi público- el vecino de Margolles José Luis Prieto de la Roz, con un coche de su propiedad, y así se le concedió la licencia tras abonar las tasas y derechos municipales correspondientes.

Otra solicitud fue la de Alfonso Moutas Fernández para construir un edificio de planta baja y dos pisos en el lugar donde se encuentra, en la calle Ramón Menéndez Pidal.

Otro rincón del pueblo de Granda de Abajo.

Era Luciano Peruyero Álvarez el presidente de la Junta de Gobierno del grupo de viviendas “El Sella”, quien solicitó se instalase un punto de luz pública en la calle de acceso al citado grupo.

Diez puntos de luz se instalaron en diversos lugares del pueblo de Granda, aprovechando que se iba a inaugurar la llegada de la electricidad al lugar.

La petición se había hecho a través del alcalde del pueblo -Enrique Rozada Blanco- eligiendo los vecinos los lugares de instalación de los puntos luminosos y comprometiéndose a abonar los gastos, tanto de instalación como de conservación.

Maximino González Valdés -vecino de Castañera- solicitó instalar una pescadería en la villa, para lo cual presentó un local que le sería dado de alta después de informar favorablemente el Delegado local de Sanidad.

No mucho tiempo después, Maximino presentaría una denuncia contra las pescaderas que acudían desde Ribadesella a Arriondas (también a Cangas de Onís) a vender pescado por las calles, de forma ambulante, puesto que -según él- carecían de matrícula de ninguna clase.

Pero la Corporación parraguesa respondió que no procedía que la Administración Municipal tomase decisión alguna, siguiendo las pescaderas con su labor en los años siguientes.

Descaré las 10.000 pts. que entregó como donativo para las nuevas escuelas de Llerandi, Antonio Suárez (siempre me desagrada encontrar que algunos secretarios no anotasen el segundo apellido de tantos y tantos como se citan a lo largo de siglo y medio de actas municipales).

Escuela de Llerandi en la actualidad, cortesía de la familia Blanco-Arduengo.

Sacadas a subasta la construcción de las escuelas de Collado de Andrín y de Llerandi, se le adjudicó la primera a Gerardo Fernández, vecino de Cangas de Onís, y la de Llerandi a José María Rozada Blanco, en ambos casos como únicos licitantes.

Ambas construcciones escolares fueron adjudicadas en 80.500 pts. cada una.

En otro momento hablaré de los aproximadamente veinte edificios de viviendas construidos por mi padre José María en Arriondas, Cangas de Onís y en algunos pueblos del concejo de Parres.

Para la inauguración del grupo de viviendas de El Barco se contrató a la orquesta Covadonga y se le abonó por ello 1.000 pts.

Aún en 1957 había una cuadra en La Llera, solicitando su dueño una acometida de agua para la misma.

Por esos días, Francisco Santiago Valdaliso -vecino de Arriondas- abrió un depósito de galletas y caramelos en la villa.

Solicitó Ramón Velilla Suárez el arriendo del puesto n.º 23 en la Plaza de Abastos, parece que para unirlo con el puesto n.º 24 y abrir una carnicería, dado que poco después solicitó autorización para instalar una “nevera” en dichos puestos, ya fusionados.

Simultáneamente, Luis Almeida González solicitó el arrendamiento del puesto n.º 30 en la misma plaza y -ya en marzo de 1958- pasó a informe de Intervención municipal de Fondos una pregunta para saber qué cantidad se le podía exigir al citado Luis Almeida por el pago de usos y consumos en la fabricación de pasteles.

Curioso es saber que el alcalde de Mieres ofreció al Ayuntamiento de Parres cien columnas de alumbrado, pero la Corporación parraguesa no las aceptó, sin que se den más explicaciones ni razones, cuando en las calles de Arriondas había un alumbrado absolutamente anticuado.

Desfile del Día de América en Asturias (Oviedo-1954).

Tampoco sabemos en qué estado se encontraban dichas columnas, ni si Mieres las regalaba o las vendía.

A Antonio González Ichaso -uno de los fundadores de la Sociedad La Peruyal, se le concedió una subvención de 1.000 pts. para sufragar parte de los gastos de llevar una carroza de las que habían desfilado en la Fiesta del Bollu en Arriondas el último domingo de julio, al desfile del Día de América en Asturias, en Oviedo, como era habitual cada 23 de septiembre.

Cierto funcionario relacionado con los arbitrios municipales se encontraba en una delicada situación, dado que se le acusaba de un desfalco, rogándole el alcalde Emilio Blanco que devolviese el dinero, pero aquél se negó y el alcalde le hizo saber que en el Ayuntamiento solo podía haber funcionarios de “honradez acrisolada”.

Además, este funcionario rogaba que se le abonasen las vacaciones de verano que no había disfrutado -por necesidades del servicio- en los años 1953, 54 y 55, negándole el alcalde tal derecho, alegando que no se contemplaba en la ley.

No es frecuente encontrarse con la celebración de un ágape (así se cita) en honor a un vecino ejemplar. Ese fue el caso para agasajar a Melchor Palomo Beceña “por su constante altruismo”.

Melchor y su hermano Martín fueron -entre otras cosas- los benefactores para que se levantase una nueva iglesia en Llerandi, en 1955, dedicada a los santos patronos del pueblo, Cosme y Damián, como ya lo estaba la anterior iglesia destruida durante la Guerra Civil.

Placa conmemorativa en memoria de los hermanos Melchor y Martín Palomo Beceña, en los muros de la iglesia de Llerandi que se construyó a sus expensas.

Junto a la nueva iglesia hicieron una casa para el sacristán, Antonio Palomo.

Ambos hermanos tuvieron importantes negocios en La Habana (inmobiliarios, de ropa y calzado, ganaderías, plantaciones de tabaco, caña de azúcar, y otros).

El puesto de Secretario Municipal había quedado vacante, presentándose candidatos procedentes de Oviedo, Gijón, Luarca, Boal, Alicante y Vitoria.

Hasta ese momento Juan Luis de la Vallina Velarde llevaba mes y medio como secretario interino en Piloña y presentó su candidatura en Parres.

Doctor en Derecho por la Universidad de Oviedo (1949-1954), amplió estudios en Roma, París, Bruselas, presentó una hoja de servicios de gran contenido, como no se había visto hasta ese momento.

De la Vallina Velarde (con 25 años) fue elegido por la Corporación en primer lugar y por orden de prelación, como nuevo Secretario Municipal.

Iglesia parroquial de Llerandi, dedicada a los santos Cosme y Damián, construida a expensas de los hermanos Melchor y Martín Palomo Beceña, nacidos en el pueblo y ricos emigrantes en La Habana.

Sin Comentarios.

Responder

Mensaje