DON PEDRO MORENO, TRADICIÓN HEREDADA

POR OSCAR GONZÁLEZ AZUELA, CRONISTA DE LAGOS DE MORENO, JALISCO (MÉXICO)

Portada de la primera edición de “Viaje a las ruinas del fuerte del Sombrero” de Agustín Rivera, 1875.

El Doctor Rivera hablando en un aniversario luctuoso de Moreno; a su mano derecha su sobrino político, Mariano Azuela.

Correspondió al doctor y sacerdote Agustín Rivera y Sanromán el estudio inicial y rescate de la figura de don Pedro Moreno principalmente a través de su obra: “Viaje a las ruinas del fuerte del Sombrero”, escrita en 1875, 58 años después de su caída y de la muerte de Moreno. Al visitar el lugar, se consideraba ya un anciano, a los 51; curiosamente, moriría hasta los 92. En el capítulo que narra la muerte de Moreno, escribe: “¡Mexicanos!, no lloréis por la muerte de Moreno! Nadie me honre con lágrimas ni erija / Noble aparato funeral, yo vivo, / Y por la voz de los que existen vuelo.

Panteón de Belén, en donde estuvieron los Hombres ilustres de Jalisco, algunos trasladados a la Rotonda de la Ciudad de México y otros a la de Guadalajara; ahí habían quedado olvidados los restos de Agustín Rivera, localizados hábilmente gracias a los estudios de los maestros Gioconda Fontanot, Fortino Villalobos e Israel Toledo. Aquí, junto a la lápida que se comenta en el texto, que sería colocada días después. — con Gioconda G. Fontanot e Israel Toledo.

Mariano Azuela -al centro- en el Fuerte del Sombrero.

La muerte de los héroes no es entre las cataplasmas y los quejidos de la debilidad, sino entre las rocas del campo, o rodeados de la luz del cadalso. La muerte de Moreno no pide llantos mujeriles, ni cipreses funerarios, sino cien cañonazos, el sonido de las trompetas de la patria, y una columna de mármol mexicano, coronada con la estatua del héroe, y con esta inscripción: MORENO / Defensor del Sombrero / Degollado por la patria / 1817. La estatua debe representar al caudillo en paños menores, y blandiendo la espada, en la actitud que tuvo en su último combate”.

Portada de la biografía novelada de Pedro Moreno.

Mariano Azuela con el escultor Salvador Moreno, supervisando el viaje del monumento rumbo a Lagos.

El fervor por la figura de Moreno la transmitió al doctor Mariano Azuela, su sobrino político, quien le acompañó en varias ocasiones a la ceremonia que se celebraba en Lagos cada 27 de octubre para recordar la muerte de nuestro héroe local. Fue así que Azuela se vio forzado a prometerle ver por la concreción una digna estatua, entregándole Rivera. la maqueta que se había hecho años antes por parte de un escultor italiano que para tal efecto había viajado a Lagos sin ver concretado el proyecto ni haber recibido pago alguno por su trabajo. Azuela guardó la maqueta con la esperanza de mejores tiempos combinados con la fortuna.

Mi padre, Doctor Antonio González Cárdenas haciendo entrega del monumento al pueblo de Lagos, a nombre del presidente Alemán.

Busto del Doctor Rivera, en el Jardín Grande, cuando aún no se robaban la placa.

Para 1935, sesenta años después de la aparición de la obra de Rivera, Mariano Azuela viajó a El Sombrero, tomó datos y escribió una biografía novelada sobre la vida del mismo héroe; la visión, no del historiador, sino del novelista que pinta con sensibilidad artística la muerte de Moreno cuando es traicionado por parte de quien delata su escondite: “Ya se acercan, y ahora reconoce a Mauricio su asistente, con cara desencajada y ojos como de muerto, señalando con su temblorosa mano el escondite. Sobre la miseria y la bancarrota de las cosas, el espíritu soberano realiza íntegra su tragedia. Comprende que llegó su hora y da dos pasos al frente. Los que ambicionaron la gloria de cogerlo vivo se encuentran con una hoja de acero resplandeciente al sol, que comienza a dorar las peñas. Todo fue como un relámpago: una nube roja que le fulgura los ojos; que es ocaso y es aurora”.

Acto en el que llegan los restos de los héroes de la independencia a Palacio Nacional para las celebraciones del Bicentenario; en el mismo se hizo el reconocimiento de los restos de Pedro Moreno y Víctor Rosales que increíblemente habían sido olvidados por 85 años, desde 1925.

Maqueta de la estatua de don Pedro Moreno.

Los mejores tiempos y la fortuna llegaron para Azuela cuando su yerno -mi padre- Antonio González Cárdenas, gran enamorado de Lagos, llegó a la antesala del poder e hizo eco de la petición del suegro a su amigo, el presidente Miguel Alemán, quien ordenó la elaboración del monumento para el pueblo de Lagos, mismo que estuvo a cargo del escultor Salvador Moreno. Mariano Azuela hizo una reedición de aquella biografía donando los fondos de su venta para juntarlos con los de la suscripción popular que fueron administrados por don Abraham Vega Aranda para la elaboración de la base del monumento que fue diseñada por otro yerno de Azuela -mi querido tío- Mario Santos Oliva. El monumento fue llevado a Lagos por don José Castro Cisneros -mi padrino- y una grúa de Pemex se encargó de su instalación como lo narra la maestra María Soiné de Helguera en carta informativa al doctor Azuela.

Conmemoración luctuosa de Pedro Moreno en 2010 a la que asistí a nombre del H. Ayuntamiento de Lagos de Moreno.

Visita al Fuerte del Sombrero con grandes historiadores especialistas en el tema: Jorge Martínez Pérez, Moisés Guzmán Pérez, Gustavo Pérez Rodríguez y Horacio Olmedo Canchola; en la imagen, leyendo algún pasaje de la obra de Rivera.

Finalmente, para las fiestas de agosto de 1951, en su último viaje a Lagos, seis meses antes de su muerte, Azuela, se trasladó para la inauguración solemne del monumento, acudiendo en representación del presidente Alemán, González Cárdenas. Al final de la ceremonia se cuenta que Azuela le dijo a su hijo Salvador: “le he cumplido su deseo al doctor Rivera en torno a Moreno, ahora te toca a ti cumplirle a él.” Fue así que se mandó a hacer al mismo escultor el busto de Rivera que se encuentra en el Jardín Grande.

La maqueta del monumento se la regaló Azuela en agradecimiento a mi padre, quedando en la biblioteca de la casa; cuando mi tío Antonio Azuela hizo su “cuarto del homenaje” para mi abuelo, mi madre se la entregó. Luego de que mi tío entregara a la Biblioteca Nacional el fondo de mi abuelo, al ir a visitar a mi tío empecé a pedirle de regreso la maqueta, ante su natural resistencia: -¿y por qué la quieres, pues? -Tío, esa maqueta se la dio mi abuelo a mi papá, estaba en mi casa desde que yo era niño. -También estaba en la mía desde que era yo niño, me contestaba con sorna. La di por perdida. Poco antes de que se fuera a vivir a Tebanca, recibí una llamada de mi tío quien me pedía fuera a tomar café con él; ¡Gran sorpresa! -Ándale, llévate a Pedro Moreno antes de que me arrepienta, prométeme que la cuidara… hoy es tesoro que guardo como parte de esos eslabones familiares que nos comprometen en nuestro amor a Lagos de Moreno.

Los restos de don Pedro Moreno, depositados en el mausoleo al pie de la Columna de la Independencia habían quedado sin la placa de identificación correspondiente, al igual que la tumba del doctor Rivera en el panteón de Belén, en donde estaban los jaliscienses ilustres. Las circunstancias permitieron que se luchara por el rescate de su recuerdo en esos dos lugares: en 2010 el presidente Calderón validó la presencia de los restos de Moreno gracias a las gestiones realizadas con la Maestra Carmen Saucedo, subdirectora de la Comisión de los festejos por el Bicentenario y mi Maestro Salvador Rueda, director del Museo Nacional de Historia en donde se encontraban los restos de aquellos héroes bajo estudio. Los de Rivera gracias al Maestro Israel Toledo y la licenciada Gioconda Fontanot quienes los ubicaron y rescataron del olvido; en la lápida que tuve en suerte diseñar pude insertar la frase ya citada: Nadie me honre con lágrimas ni erija / Noble aparato funeral, yo vivo, / Y por la voz de los que existen vuelo. Pudimos así preservar del injusto olvido a ambos personajes.

Escribió Azuela en 1910: “El triunfo de Pedro Moreno en la historia es la repetición de todos los triunfos de los héroes, y si algo tiene de singular, en la hora presente, es que sólo en este pedazo de tierra que lleva el nombre del héroe no se le reconozca todavía. Porque en el terruño de Pedro Moreno impera Sancho Panza, y Sancho Panza de chaparreras y espuelas, y Sancho Panza de levita y título, y Sancho Panza de faldas olorosas a sacristía, aún se ríe a baba caída de los maltrechos y raros Don Quijotes que suelen proclamar las excelsitudes de su héroe”. Azuela, Mariano, O.C. p.1259

Era el año de 2015, se cumpliría el bicentenario luctuoso de don Pedro Moreno; por encima del desfile militar que en nada colaboraba para entender el porqué, dónde, cómo, quién, dónde, propuse entonces una reedición de la biografía novelada de don Pedro Moreno, para que fuera conocida por las nuevas generaciones de laguenses que se encuentran ya lejanos a aquellos hechos; cuando el responsable de cultura municipal comentó en junta de cronistas que conocía la obra y que: “a don Mariano solamente le faltó poner a Pedro Moreno comiendo elotes en la parroquia”; luego de tantos años, entendí que el texto de don Mariano era vigente…

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