JULIO ANGUITA, CALIFA QUE TE HAS IDO A LOS CIELOS

POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ)

Fue quinta esencia de su inconfundible guaracha: “Programa, programa, programa”, ayudado por visires con denominación de origen cordobés. Fue una mezcla de pensamiento aristotélico con filosofía averroísta en su doble verdad. Coherencia, honradez, decencia y honestidad, son algunos de los calificativos a la hora de definir sus valores y personalidad. El espejo de Julio Anguita donde deben mirarse ahora los que tienen por oficio la política, es el de un político que quiso hacer política como si hiciera ciencia, filosofía y pensamiento.

Si ahora, en estos tiempos tan vulnerables y necesarios, se creara una Escuela Nacional de Formación Política -buena falta que hace- donde se dieran clases de cómo hacerla e impartirla, los alumnos deberían tener presente como referente la obra de Julio Anguita. Hoy me reafirmo en lo que un día escribí sobre el califa rojo: “Debemos fijarnos, que la política suele ser el arte de lo incoherente y a Julio Anguita le perdió la coherencia. Quedó, con otros talentos de la izquierda, como un hombre que creyó en la democracia, como un hombre ‘sospechoso’ de decir siempre la verdad”.

A Julio Anguita, en tiempos de coronavirus, en días confinamiento, se le ha parado su castigado corazón. Me quedo en esta despedida al califa rojo con uno de sus muchos pensamientos: “La cultura de la subvención abre la puerta a clientelismos, a la compra de voluntades y a la corrupción”. Dicho queda. Adiós, Julio Anguita.

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