SITUACIÓN PRORROGADA, PAPELES DE LA MEMORIA

POR RICARDO GUERRA SANCHO CRONISTA OFICIAL DE ARÉVALO (ÁVILA)

Entre el aburrimiento y la preocupación que provoca esta situación, que se prolonga más de lo que todos desearíamos, aquí estamos de nuevo para contar alguna historia. Hoy me surge recordar un episodio bellísimo que está ahí, pasando desapercibido, casi desconocido del gran público, o poco conocido, apenas se ha oído hablar o muy vagamente de la noticia de que en la ciudad de Arévalo vivió once años de su juventud un personaje universal, como lo fue San Ignacio de Loyola. Casi toda la gente de esta tierra tiene ese concepto vago, pero quizás no llegan a conocer con más detalle el cuándo y el porqué de este hecho, y también de las repercusiones que pudo tener tanto en su vida como en nuestra historia.

Y es que sigo con mi ordenamiento y limpieza de papeles, este enclaustramiento da tiempo para muchas cosas, incluso para cocinar y aburrirse… Entre otros muchos papeles que estaban ahí, sin orden ni concierto, apareció una gran carpeta de doble folio que reconocí inmediatamente, en la que se puede ver una etiqueta “Vida de S. Ignacio de Loyola, por Carlos Sáenz de Tejada”. Antes de abrir aquella carpeta recordé que era un recuerdo de mi visita a la casa-torre de los Loyola en Azpeitia, hace ya unos años, con otros amigos. Una sorpresa muy grata, llena de recuerdos y muy oportuno su hallazgo, justo cuando estaba dando vueltas a un tema del que quería escribir, el paso de San Ignacio por Arévalo, porque pronto se celebrará un centenario muy adecuado a la figura que nos ocupa: el V Centenario de la Conversión. Un momento propicio para recordar esos hechos, divulgar nuestra relación con el Santo y reivindicar como ciudad ignaciana.

Son unas láminas preciosas, 10 acuarelas preciosistas de escenas de la vida de San Ignacio, con imágenes idealizadas, algunos aspectos desde la conversión en Loyola, pasando por Manresa, París, los votos y su lecho de muerte en Roma, y además otra lámina con un retrato de R. Escribano que es una copia del original de Sánchez Coello. Esta carpeta nos la regalaron en aquella recordada visita a Azpeitia. De esa aventura ya he escrito en estas columnas. Resulta que otro Ignacio, también guipuzcoano, visitó Arévalo buscando las raíces ignacianas y nos conocimos durante esa búsqueda. Tenía un alto cargo en la audiencia de San Sebastián y junto a otro amigo, el célebre panadero de Zarauz, organizamos una visita a Azpeitia, la ciudad de San Ignacio, una comisión de Ricardo Ungría, Amparo Lopez, José Luis González y el que esto escribe. Fue toda una experiencia, una delegación arevalense, con representación municipal y parroquial, con la intención de proponer unos actos de hermanamiento entre ambas ciudades, e incluso la propuesta de nombrar a San Ignacio como patrón, o copatrón de la ciudad. Quién con más méritos, y con permiso del patrón titular, el mártir romano San Victorino, que por cierto fueron los Jesuitas los que le trajeron desde Roma a este rincón de Castilla en 1608. Pero los acontecimientos no fueron por esos derroteros, fuimos recibidos fríamente por la representación oficial municipal, en cierto modo era de esperar, pero muy gratamente por la comunidad de jesuitas que custodian la casa-torre natal del santo, convertida en un escaparate para la espiritualidad y los peregrinos, también la basílica con su cúpula de piedra que habían grapado por la amenaza de hundimiento, y el resto de la casa, que estaba en obras para instalar en ella una gran biblioteca vasca.

Un viaje de todos modos muy gratificante, porque a este cronista la visita de la casa-torre de los Loyola en Azpeitia era una aspiración acariciada durante mucho tiempo y por fin pude hacer el viaje a la inversa, descubrir el origen de aquel joven de a principios del s. XVI fue ciudadano de Arévalo. Pronto escribiré esta porción tan importante de nuestra historia… y entre tanto miraba su lámina, no tuve más remedio de pedirle que nos ayudara a superar esta situación tan grave, esta epidemia que se ha llevado ya miles de víctimas, entre afectados y muertos, que da pena escuchar las noticias de cada día.

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