EL ARTISTA ANTONIO VICENTE POBLADOR

POR JOSÉ ANTONIO RAMOS RUBIO, CRONISTA OFICIAL DE TRUJILLO (CÁCERES)

Antonio Vicente Poblador.

El arte es un misterio un tanto trivial, porque el placer -que indiscutiblemente nos preocupa en una obra de arte- nos lleva a la «emoción estética» producida por las manifestaciones que de lo bello produce su contemplación. Una obra de arte, un óleo por ejemplo, hace que la emo¬ción estética de su contemplación lleve al ánimo del espectador a considerarla más o menos buena o perfecta, según su escala de apreciación o emotividad.

Estas teorías de la belleza y estética pueden aplicarse con todo rigor a la obra pictórica de Antonio Vicente Poblador. Contemplar sus óleos nos conduce a esa “emoción estética» ante algo bello y perfecto.

Nació en Trujillo (Cáceres) el mismo año del levantamiento militar, en 1936 y desde 1954 estableció su residencia en Paterna (Valencia). Su obra ha sido presentada en numerosas exposiciones colectivas e individuales. Actualmente, más al margen de las galerías vive exclusivamente de los encargos, sobre todo en el género de los retratos, con una amplia y consolidada clientela.

Alterna el lenguaje figurativo, en algunas ocasiones, al trabajar los fondos, o ambientes de sus elementos objetuales realistas con experiencias de abstracción geométrica o de un suave informalismo.

Habitualmente utiliza el óleo sobre lienzo, el delicado tratamiento del di¬bujo y magníficos efectos cromáticos (con matizaciones tonales, armoniosas y luminosas) en sus personajes o los bodegones, destacando sus figuras soñando, su mundo amable y sentimental. Es el suyo un realismo que ha variado, en algunos momentos con pretensión surrealista: cuerpos sin cabezas que se unen entre ellos con un fin simbólico; en otros más poéticos y sin esa referencia onírica, en situaciones nostálgicas como una niña contemplando una flor o las niñas ingenuas jugando con sus muñecas.

Armonía rota.

Realismo sin estridencias, representa un mundo de intimismo visual, donde la idea que quiere expresar es sencilla, representado con una fuerza conmovedora en la relación entre el objeto y el espacio que rodea al propio cuadro. Las telas con sus pliegues, juega con las sombras, sus óleos nos ofrecen calidades táctiles, los objetos, los niños y sus muñecos, todo con una búsqueda de la belleza armónica. El lenguaje con que nos habla es el de un mundo de comunicación místico. Nos presenta una vía dentro de su realismo detallista: el místico.

Nos ofrece unos personajes y unos bodegones muy elaborados, en un contexto donde destacan los fondos pardos, grisáceos y ocres.

Sus principales temas: paisajes rurales, flores, bodegones, niñas con muñecas, paseando por el campo o meditando. Ha expuesto en las mejores galerías artísticas de Madrid, Barcelona y Bilbao. Entre los grandes dignatarios que le han realizado encargos destaca la embajada de Arabia Saudí.

El realismo en la obra de Poblador ha sufrido un claro avance, hasta situarse en esa parcela a partir de la cual se logra acceder a puestos muy importantes. El artista desde los años ochenta dejó atrás una serie de condicionantes que le podían atar a tiempos anteriores para, centrándose en lo que tiene delante, expresarnos un algo interno tras el que se diluye, a la vez que se exterioriza, un mundo no enteramente natural, en principio, aunque sin llegar a ser surrealista. Es el mundo de los sentidos, el que toda persona u objeto puede proporcionarnos de forma inconsciente, con tan sólo desvelarnos pequeños detalles; precisamente aquellos detalles que más imperceptibles son para cual¬quier ser humano. Es precisamente ese mundo, es precisamente el análisis de esa serie de propiedades lo que más nos importa a la hora de analizar su obra. El hecho de haber conseguido esa simplificación; de haber logrado mediante unos códigos y un lenguaje sen¬cillos, decirnos qué es lo que hay detrás de todo, eso, precisamente eso es lo que más loable resulta. El realismo, tan en boga en la actualidad, tiene muchísimos discípulos que provienen de parcelas en las que el concepto de fondo es menor, pero, paulatinamente y debido a las influencias internacionales, esta ver¬tiente definitoria se ha ido acentuando.

Isabelita.

El caso de Poblador es el de aquel artista cuya autenticidad expresiva interna no admite paliativos, ni discriminaciones, para, de esta forma, poder demostrar a los demás cuál es su verdadero pensamiento, cuáles son sus auténticas ideas e ideales. Ahora se encuentra en un momento de acceso a este realismo trabajado y por ello apreciamos en su obra diversas facturas (caso particular del fondo tratado con muchísima menos precisión que ciertos detalles altamente realistas), lo cual no es óbice, en absoluto, para percatarse de su auténtica valía. Desde aquellos cuadros en los que el realismo no está plenamente definido, hasta aquellos otros en los que se evidencia una meticulosidad destacable, todos son válidos. El ser humano, algo más olvidado últimamente en su obra, es, sin embar¬go, sinónimo y expresión de unos sentimientos de la vida misma, de una vida llana y sincera cuyas características principales están constituidas por la suma de una serie de sentimientos. Todo en su obra son pequeñas acciones, pequeños detalles, entrañables unas veces y otras tan sólo representativos de soledades utópicas, sea un martillo o unos papeles lo que vemos. Este realismo de las cosas insólitas es lo que Poblador ama más, y aquello que verdaderamente vive. Ocasionalmente vemos objetos inertes, sin vida, que nos son presentados con la única finalidad de que apreciemos hechos posibles, algo que no vemos cotidianamente porque no hemos unido ante nuestros ojos todos esos objetos, pero que en algún momento podríamos haber hecho. Está claro que el detallismo al que se va acercando Poblador, cada vez más, es su auténtico camino, aquel tras el que andaba y que ya ha encontrado. Al ser consciente de todo esto y querer enfrentarse a ello podemos contar con un importante artista cuya labor en el campo pictórico es sumamente importante, tan sólo con la contemplación de su obra.

El artista en su estudio en 1976.

Sin Comentarios.

Responder

Mensaje