UN MÉDICO MUY SINGULAR EN EL ARÉVALO DEL S. XVI (Y II)

POR RICARDO GUERRA SANCHO CRONISTA OFICIAL DE ARÉVALO (ÁVILA)

Quizás sea la primera vez que doy numeración a esta columna, pero el tema que inicié en la anterior requería mas recreación, por ser un tema muy atractivo y que viene muy acorde con las actuales circunstancias de epidemia y largamente confinados, y porque aquella historia no deja de ser sorprendente y curiosa. Por eso se la quiero contar.

Aquel médico, Juan Méndez Nieto, que ya vimos como llegó a la entonces villa, y cómo en un tiempo meteórico coge gran fama y prestigio, y que le encaminará a una vida novelesca. Me inicié en esta historia al leer la biografía de Carlos Rico-Avelló, aunque después conocí otros trabajos de especialistas e historiadores. Este singular aprendiz y estudiante de medicina en la Universidad de Salamanca, realizó prácticas junto al prestigioso Doctor Lorenzo de Alderete y desde el principio ya deja ver el pillo que sorteó mil y una aventuras picarescas y de competencias desleales. Sin embargo, dicen los biógrafos, ya apuntaba maneras innovadoras y le gustaba la fama y sus derivados, los dineros. Dijo uno de sus críticos dice sobre él: “Salamanca, de cuyas aulas salió excelente latino, con el caudal de erudición entonces necesario para hombrearse con la gente culta, músico entusiasta, gran aficionado a la poesía, y sobre todo un perfecto galeno, al uso de su siglo, empírico, sanguinario, polifarmácopo, pedante y con más humo que una quema de paja…”. Un retrato elocuente conociendo su vida.

Llegó a Arévalo en una fecha indeterminada del año 1558 para ejercer con un salario de 1.000 reales, casa donde morar, cebada para la mula y leña.

Cuando hace unos años me encontré este tema tan atractivo, decidí presentarlo en un congreso de los Cronistas de España, el celebrado en Toledo, lo que me permitió también profundizar en el mundo de los médicos y los hospitales de la villa en el s. XVI.

Ya vimos su éxito con el príncipe de Éboli cuando se trasladaba a Toledo y aquí hizo parada y fonda, aquejado además con dolencia de fiebres que le retuvo, justo cuando el emperador trasladaba la capitalidad del reino de Valladolid a Toledo. Esta aventura la contó el propio Juan Méndez en su obra “Discursos”. Ante la demanda del príncipe de Éboli de llevárselo a la corte, al Concejo le disgustó perder ese buen médico. A el galeno la idea no le agradaba nada, porque era más bien un espíritu libre y siempre podría ejercer esa libertad mejor en un concejo mediano que en la propia corte. Pero no podía negarse y así marchó tras Rui Gómez de Silva hacia la ciudad imperial. También allí, entre aventuras e incidentes, pronto sus méritos llegaron a los oídos del rey que le propuso como “Protomédico del Reino”, oficio que rechazó, ¡a tal extremo llegó su rebeldía! de nuevo tuvo que huir y marchó a Andalucía. En Sevilla se casa con Marta Ponce de León en contra de la opinión de la familia, otro problema que se suma a todo lo anterior que dejó en Toledo, por lo que decidió marchar a Las Palmas, en escala hacia las Indias con un salvoconducto y cien escudos que le dio el propio Príncipe de Éboli.

En 1562 llegó a Santo Domingo con cuatro cajas de libros y unos años después se trasladó a Cartagena de Poniente, donde ejerció con éxito y fama que le proporcionaron una vida apacible y longeva, murió en 1616 a los 86 años… no sin antes escribir una obra magna que después fue guía para muchos profesionales del mundo de la medicina y de la investigación, “Discursos Medicinales”, que le granjeó fama y dinero…

Si aquí impuso unas medidas preventivas higiénicas, nunca visto por aquel tiempo, en América introdujo remedios nuevos por aplicación de la medicina popular de allá.

Unos años después, al finalizar el s. XVI, Arévalo, como otras poblaciones fue azotado por la peste, sufrió la epidemia y el recuerdo de los remedios del Doctor Méndez Nieto estaba en el recuerdo, y el Concejo arevalense hizo aplicar algunas de aquellas medidas sanitarias, como está reflejado en las actas del Concejo. La villa padeció aquella epidemia con menor virulencia respecto a otros lugares… Esto es ya otra historia.

Médico Méndez Nieto.

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