LA NORIA Y LA HUERTA DEL ZAPATERO

POR JOSÉ JULIO ORTIZ CHISVERT, CRONISTA OFICIAL DE COBEÑA (MADRID)

Aprovechando un comentario que hice hace unos días en el Facebook de Roberto Carro Fernández, docente, que ha sido profesor en la Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid y ha formado parte del cuerpo de profesores que imparten clase en Ciencias de la Seguridad de la Universidad de Salamanca y en el Centro Universitario Villanueva de Madrid, escritor y columnista, voy ha escribir un pequeño artículo que espero que atraiga la curiosidad de los que me leen.

De Cantabria a Andalucía, de Valencia a Extremadura, y por su puesto por los pueblos de Madrid, serranos y manchegos, porque Madrid y su provincia es serrana como Segovia y manchega como Toledo, por todos o casi todos esos pueblos castellanos, porque Andalucía también es Castilla, como lo es Cantabria o Extremadura y la misma Valencia. Por todos o casi todos los pueblos de España siempre se ha buscado el agua.

Y es que luego de obtenerla la forma de sacarla y mantenerla siempre fue una ciencia.

Las norias, los pozos, las albercas, los caces, las acequias, los arroyos, las fuentes y los manantiales… Agua fuente de vida.

En Cobeña había una noria. Noria de sangre, (porque así se llama la que utiliza la fuerza de un ser vivo para moverla), que con sus cangilones de latón sacaba el líquido de las entrañas de aquel pozo «ovalado». Agüita fresca que yo bebía y que el sabor del metal me la hacía más apetecible. A la sombra de los almendros, esa hilera de almendros que marcaban la linde de la huerta con el camino del Valle de Arriba. La huerta del Zapatero. Y el asno, el burro, el jumento hasta que se murió. Y aunque ya no estuviese el burro y pusieran una de esas bombas, cuando yo me llegaba al huerto, me gustaba empujar el mayal, que es la percha que empujaba el rucio, y sacar mi agua de cangilones de latón, con sabor a metal y frescor de huerta.

El Zapatero, que aunque tenía su huerta en Cobeña, él era de Ajalvir, (y como decía su apelativo, era zapatero), gustaba mucho de darle a la charla. No había día que no pasase con mi abuelo o con mi padre que no parásemos en la huerta, a beber y como no, a charlar.

También hubo otra, me refiero a la noria, por «Las Viñas», en uno de esos varios pozos que dan agua a tan solo dos o tres metros de profundo, que el río Jarama está cerca y la capa freática somera.

Los que íbamos al Valle de Arriba y pasábamos por la Huerta del Zapatero desde pequeños, también pasábamos cerca de la Fuente del Rincón, hoy enterrada. Vestigios de la riqueza acuífera de la que siempre tuvo fama nuestro pueblo; Cobeña.

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