DÍAS VERDES Y AZULES

POR LEOCADIO REDONDO ESPINA, CRONISTA OFICIAL DE NAVA (ASTURIAS)

Nava, mañana de primavera.

Comenzamos este breve repaso al concluido mes de las flores anotando la falta de cinco personas, iniciando la relación con la de de Luis Fernández González, que finó en Oviedo el día 11, a los 85 años. Nacido en Vegadali, y jubilado de la Empresa Ferpi, Luis era hijo de Ceferino y de Basilisa, y hermano de Adolfo, Enrique y Otilia, todos ellos ya fallecidos.

Fue la segunda María Amparo Cobián Rivero, que nos dejaba el 16, en la calle Luis Armiñán. María Amparo, que contaba 94 años, era viuda de José Laruelo, con el que tuvo dos hijos, José Argentino y Francisco Javier.

Y anotamos, en tercer lugar, la marcha de María Eloína Fernández Teresa, que finaba el domingo 17, a los 95 años. María Eloína era viuda de Celestino Cueto Nevares, con el que tuvo la siguiente descendencia; María Eloína, José Luis, Montse y Alberto.

Después, el 26 nos dejaba en Oviedo Jorge González Díaz, a los 95 años. Vecino de Llames, Jorge, que, entre otras cosas, fue también ferroviario, estaba casado con Leónides Cueto Alonso “Cuca”, con la que tuvo la siguiente descendencia; Pepita, Marilés, Jorge Luis, Ana María y José Ramón.

Y, por último, el 31 finaba en Oviedo César González Suárez, Cesáreo. Vecino de Ceceda, Cesáreo, que contaba 74 años, estaba casado con Margarita Devesa Toribio, con la que tuvo dos hijos, Daniel y María José.

Podemos añadir, en relación con María Amparo, que con su marcha se va un pellizquín de la historia local, pues era hija de Argentino Cobián, gijonés que trabajando de barbero en Infiesto conoció a la piloñesa Dolores Rivero (Lola), con la que terminó contrayendo matrimonio, pasando ambos a residir en Nava, en donde Argentino fue conserje del Casino naveto en la época anterior a la guerra (de cuyo cine, que ponían en el bajo, así como de los bailes y festejos que allí se celebraban, me tiene hablado la difunta), y taxista en la villa, además de seguir siendo barbero.

María Amparo que, entre otras cosas, tocaba muy bien el armonio en la Iglesia (según me comenta Alberto Torga, que guarda un cariñoso recuerdo de aquella época, en la que él era todavía un niño), regentó también, durante bastantes años, un establecimiento de ultramarinos en la plaza de Manuel Uría, que la gente recordará. Hija, esposa y madre de taxistas que ejercieron en Nava su profesión, pues su hijo José Argentino forma parte, también, del ilustre gremio citado, María Amparo, amiga estimada, conservó, hasta última hora, su distinción natural y su sonrisa para todo el mundo.

Por otra parte, y en consonancia con la mejoría experimentada en relación con la pandemia, mayo también se comportó de modo admirable, pues nos brindó días brillantes, verdes, espléndidos, largos y azules.

(Publicado en La Nueva España. Lunes, 15 de junio 2020, página 10.)

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