«EN ARRIONDAS VIVIMOS MIRANDO AL RÍO» • DIEZ AÑOS DESPUÉS DE LA INUNDACIÓN, EN LA CAPITAL PARRAGUESA SIGUEN CON «TEMOR» A NUEVAS RIADAS Y A LA ESPERA DE LAS OBRAS MILLONARIAS DE PROTECCIÓN

QUE ARRIONDAS ES UN PUEBLO A LA SUERTE DE LOS DESIGNIOS DE LA NATURALEZA LO SABE BIEN FRAN ROZADA, CRONISTA OFICIAL DE PARRES

Algunos pacientes tuvieron que ser evacuados en lancha. / PETEIRO

Arriondas es una villa que vive mirando de reojo a sus ríos. Tiene tres de los que preocuparse —el Chicu, el Piloña y el Sella— y un precedente que justifica esa «psicosis» que lleva a los parragueses a inquietarse cada vez que la lluvia arrecia. Un 16 de junio de hace justo diez años, la capital se convirtió en la zona cero de un temporal que dejó inundaciones en media Asturias. Ninguna llegó no obstante al nivel de lo vivido en la villa: a primera hora de aquel fatídico miércoles los cauces no pudieron contener más el agua y acabaron desbordándose. Por primera vez en su historia, el Hospital Grande Covián tuvo que ser desalojado, empleando incluso canoas para evacuar a los pacientes. Las mismas salidas ‘in extremis’ se vivieron en la residencia de mayores de Castañera o en el centro de salud, también en la orilla del Piloña. Los centros escolares recibieron por su parte el impacto del Sella. Ana González, hoy directora del colegio Río Sella, era hace una década profesora de una de las clases más afectadas. «El agua entró por el aula del fondo, arrasó todo y salió por la cristalera de mi clase. No quedó nada», rememora. Por suerte, los alumnos aún no habían entrado a clase. «No nos hubiera dado tiempo a desalojar a los pequeños», confiesa. A esa mañana negra siguieron días de faena para retirar el barro e incluso batidas junto a los padres para recuperar material por las inmediaciones del centro, pero también una inquietud que sigue presente. «Vivimos mirando al río continuamente, cuando lleva dos días lloviendo ya entra el agobio», cuenta González.

La fuerza con la que penetró el agua tocó de lleno a los negocios, algunos con acumulaciones de agua y barro que sobrepasaron el metro. Flotando quedaron mercancías irrecuperables. «Estuvimos cerrados del 16 de junio al 9 de septiembre», rememora Ana Fernández, de la Librería Bagatelas, solo separada del río por el parque. «Hubo muchas pérdidas, del consorcio cobramos de los últimos, hacia marzo del año siguiente», explica. De aquella experiencia, muchos extrajeron la lección de ampliar los seguros y poner a salvo las existencias en cuanto los ríos crecen. «Vas aprendiendo, pero quedó temor y ya hubo amagos importantes», apunta Fernández.

Que Arriondas es un pueblo a la suerte de los designios de la naturaleza lo sabe bien Fran Rozada, cronista oficial de Parres. En los últimos dos años ha revisado con «el máximo detenimiento» los archivos municipales conservados desde 1835. «La capital del concejo ha ido creciendo sin tomar demasiado en serio los ‘enfados’ que de vez en cuando manifiestan sus vecinos fluviales y en los últimos cincuenta años incluso los ha retado como nunca lo había hecho antes», cuenta. El barrio de El Barco, Arriondas Norte, los centros escolares, el recinto sanitario o la urbanización de Castañera son zonas construidas a la orilla de los ríos y en «permanente riesgo por las avenidas», ejemplifica Rozada.

Avances sobre papel

Diez años después, los avances para reducir el impacto de las riadas están plasmados principalmente sobre papel. El colegio dispone ahora de un plan de evacuación y el hospital cuenta con un protocolo que marca las acciones a adoptar ante el aumento de los niveles del río, lo que permite ganar tiempo ante eventuales desalojos, como el que volvió a producirse en enero de 2019. Sin embargo, el gran proyecto para proteger la villa sigue pendiente de ejecución. En febrero del pasado año, apenas dos semanas después del nuevo aviso de los ríos; Estado, Principado y Ayuntamiento de Parres firmaban el convenio de financiación de las obras, valoradas en más de 16 millones de euros. En los presupuestos de este 2020, el Principado reservaba los primeros 376.284 euros de los cuatro millones que le corresponden.

Los trabajos de ese plan millonario contemplan la elevación de muros, de tramos del paseo y la sustitución de puentes, así como mejoras en la red de drenaje. La opción de levantar protecciones no es nueva en Arriondas. Ya en 1914, el diputado Manuel Argüelles «tramitó en Madrid la construcción de un muro que defendiese a Arriondas de los desbordamientos de los ríos Sella y Piloña en su zona de confluencia», explica el cronista parragués. Similares infraestructuras «se fueron sucediendo con más o menos acierto a través de varias corporaciones posteriores», abunda.

Según los cálculos de los técnicos, el sistema que ahora se plantea protegerá la villa durante 140 años. Antes de que estallase la actual crisis del coronavirus, la intención era comenzar las obras este mismo 2020, de modo que concluyesen en 2022. En Arriondas, por el momento, siguen esperando.

Fuente: https://www.elcomercio.es/ – GLORIA POMARADA

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