EL TRIUNFO DE LOS DE ABAJO

POR OSCAR GONZÁLEZ AZUELA, CRONISTA DE LAGOS DE MORENO, JALISCO (MÉXICO)

Primera portada para Los de abajo, editada en El Paso, Texas.

Portadilla de la primera edición de Los de abajo, 1916.

Mariano Azuela escribió su obra cumbre en El Paso, Texas, a finales de 1915; regresó a México a inicios del 16 llevando a la familia a vivir a la Ciudad de México en las peores condiciones económicas de las que poco a poco se fue recuperando, refugiado totalmente en ellos y en su trabajo. En 1920 hizo cambios sustanciales a la novela mencionada que mandó a imprimir en edición de autor. Para 1923, cuando cumplía los cincuenta de vida, pudo ya llevarlos a vivir a la colonia Santa María la Ribera.

Desatada la polémica, El Universal anuncia la publicación semanal por capítulos de Los de abajo, «la sensación literaria del momento», enero de 1925.

Alejado de cualquier cofradía literaria, seguía escribiendo, en ese tiempo a las tres novelas que consideraba como “sus hijas naturales” por el cambio de estructura con el que trataba de modernizar con la época: La malhora, El desquite y La luciérnaga.

Licenciado Francisco Monterde García Icazbalceta, quien tiempo después de su defensa para Los de abajo llegaría a presidir la Academia Mexicana de la Lengua.

Para su vida de escritor, todo habría de cambiar a partir del 20 de diciembre de 1924 cuando Julio Jiménez Rueda escribió en El Universal un artículo en que hablaba del “afeminamiento de la literatura mexicana” artículo que finalizaba sentenciando: “Nuestra vida intelectual ha sido artificial y vana”. Azuela y la crítica mexicana p.65

Como consecuencia de lo anterior, Francisco Monterde entró a la palestra el 25 de ese mismo mes llevando la espada en una mano y un inesperado regalo navideño en la otra para don Mariano, al contestar en ese mismo diario:

“Existe una literatura mexicana viril: Al leer en El Universal el articulo del licenciado Julio Jiménez Rueda sobre , supuse que algún otro escritor mexicano haría una refutación, necesaria para dejar a salvo nuestra dignidad, por lo menos ante los ojos de los extraños que no conocen a fondo el actual movimiento literario de México y pudieran tomar al pie de la letra lo que Jiménez Rueda escribió sin otro propósito -queremos creerlo así- que el de estimular la producción de obras representativas, exagerando la insignificancia de las realizadas hasta hoy y aplicando en la llaga viva de nuestra pereza editorial, como un cauterio, sus frases al rojo blanco…

“Haciendo caso omiso de los poetas de calidad -no afeminados- que abundan y gozan de amplio prestigio fuera de su patria, podría señalar entre los novelistas apenas conocidos -y que merecen serlo- a Mariano Azuela. Quien busque el reflejo fiel de la hoguera de nuestras ultimas revoluciones tiene que acudir a sus páginas.

“Por ‘Los de abajo’ y otras novelas, puede figurar a la cabeza de esos escritores mal conocidos, por deficiencias editoriales -él mismo edita sus obras en imprentas económicas, para obsequiarlas-, que serían populares y renombrados si sus obras se hallaran bien impresas, en ediciones modernas, en todas las librerías y fueran convenientemente administradas por agentes en los estados. ¿Quién conoce a Mariano Azuela, aparte de unos cuantos literatos amigos suyos? Y, sin embargo, es el novelista mexicano de la Revolución, el que echa de menos Jiménez Rueda en Ia primera parte de su artículo”. Op.cit. pp.13-14

Licenciado Julio Jiménez Rueda.

La polémica desatada a partir de esta respuesta hizo que el nombre del médico-novelista y su obra llenaran páginas enteras e incluso que el mismo periódico iniciara la edición de Los de abajo con entregas periódicas.

El dos de febrero, Día de la Candelaria, volvió a la carga Monterde, con tamales para don Mariano: “Entre la literatura mexicana buena, a mi entender, consideré, al citarla en mi defensa, una obra del doctor Mariano Azuela -a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, y lo anoto para evitar una interpretación torcida-: la novela , que ha comenzado a reimprimir El Universal Ilustrado para darle la difusión que merece entre el público de México y entre los escritores que hace un mes ignoraban que existiera. “Como este acto de justicia ha sido una de las consecuencias inmediatas de la discusión que sostuve, en El Universal, contra don Julio Jiménez Rueda y don Victoriano Salado Alvarez, no quiero dejar pasar inadvertidas algunas otras consecuencias útiles de la breve polémica que tuvo la virtud de despertar la atención del público y que resultó eficaz para sacudir de su inercia a críticos y escritores que han emitido su opinión desde las columnas de los principales periódicos y revistas de la capital». p.18

De opinión contraria a la de Monterde fue Victoriano Salado Álvarez, antiguo maestro de Azuela, quien incluso lo visitó en su casa para hacerle una entrevista en la que escribió contra su exalumno publicando un par de días después:

“¿Por qué dejará Azuela esterilizarse sus dotes indudables de novelista sin cuidar la forma? Hasta los autores que parecen más crespos y enmarañados han sido grandes estilistas. Lo era Zolá, que pulía sin cesar sus manuscritos; lo era. Tolstoy, que hacía copiar sus originales hasta catorce veces; lo era Tchekow, que da reglas de composición casi siempre aceptables; lo era el mismo Stendhal, que hacía gala de desayunarse con una página del código civil. No hay obra duradera con forma descuidada… y con mala ortografía. Las obras de Azuela escritas hasta el presente se consultarán en lo futuro como trabajos históricos, como muestras de lenguaje popular de su región (que es la mía), como capullos que no hicieron brotar la mariposa angélica; pero por lo demás, quedarán “hors de la literature”, como France decía de Jorge Ohnet, si no trabaja y estudia. La creación artística sigue la ley de la creacion física: «parirás a tus hijos con dolor». Salado, Victoriano, Excélsior, febrero 4 1925.

Maestro Victoriano Salado Álvarez.

En relación a lo anterior, tiempo después escribió Azuela en su propia defensa:

“Mi determinación de escribir novelas la decidió don Victoriano Salado con una carta elogiosa por algún cuentecillo mío cuando comenzaba a garrapatear: . Pero yo, tozudo e indisciplinado… me dije: , y nunca he podido escribir sino a la diabla por esa falta que no supe corregir a buena hora. Con mucha razón, muchos años más tarde cuando Panchito Monterde provocó una discusión sobre novela mexicana, poniendo de moda , el licenciado Salado Álvarez, que me hizo el honor de visitarme, me dijo: «Los de Abajo es una narración interesantísima, pero como todos sus libros está fuera de la literatura. Y así lo voy a decir por la prensa; -nunca he pretendido entrar en la literatura, le respondí sin inquietarme.

“Y esto es lo que no han podido comprender algunos literatos tontos que me tienen inquina porque creen que me metí a su casa, saltando por la ventana. Nada más inexacto. Cuando me hicieron el honor de invitarme a entrar en su casa yo me rehusé sinceramente, lealmente, honestamente, sin el menor asomo de modestia, porque la Academia de la Lengua me viene como a los rancheros unos choclos de charol y calcetines de seda”.

Francisco Monterde en amena plática con Enrique Azuela.

De esta manera es que Demetrio Macías inició el galope por los confines de México, para brincar en enorme salto hasta España, en donde se editará gracias al apoyo de Joaquín Díez-Canedo, los dibujos de Gabriel García Maroto y la habilidad del periodista Gregorio Ortega quien la dio a conocer al llevar en su maleta 30 de los 50 ejemplares de sobretiro con que El Universal había pagado a Azuela, pero, esa es otra historia.

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