NO SOMOS UN PAÍS PARA “DEPRES”

POR JUAN CUÉLLAR LÁZARO, CRONISTA OFICIAL DE FUENTEPIÑEL, Y DE LA COMUNIDAD DE VILLA Y TIERRA DE FUENTIDUEÑA (SEGOVIA)

espana

Cuando el pasado miércoles día 18 de junio, a eso de las once de la noche, acababa el partido de fútbol entre las selecciones española y chilena, y nuestro combinado nacional quedaba eliminado del Mundial de Brasil, España pareció entrar en un estado de shock y de desesperanza por lo inesperado del resultado. Y es que se cortaban de raíz todas las ilusiones que habíamos puesto en él los que de una u otra forma, nos guste más o menos el fútbol, confiábamos en el triunfo de nuestros colores. Se repitieron las escenas de muchos aficionados con la mirada perdida y los ojos algo vidriosos tratando de asimilar el mal trago y de encontrarle una explicación a lo que acababa de suceder.

Acostumbrados a este tipo de situaciones, los que hemos tenido el privilegio de nacer arropados con los colores rojiblancos del Atleti sabemos muy bien de qué va esto y cómo superarlo después de vivir no hace tanto tiempo un descenso de categoría (futbolística, que no de dignidad) y una derrota cruel en la máxima competición de clubs en la prolongación de un partido que estaba más que finalizado, y, lo que es peor, tener que tragarnos en los días sucesivos, por aquello de que el equipo que rió al final era de la misma ciudad, todos los sapos y dardos envenenados que con aviesas intenciones nos fueron lanzando un día sí y otro también desde la poltrona de su soberbia, su prepotencia y su complejo de superioridad, tantos y tantos aficionados que, ironías de la vida, hoy lloran desconsoladamente la derrota de nuestra roja común como si les fuera la vida en ello. Hasta el punto de que, tras la decepción, más de uno parece haberse sumido en lo más profundo de una fatídica depresión.

Se dice, incluso, que el tema afectará a nuestra economía y que algunos sectores, como el de la hostelería, dejarán de ingresar un buen puñado de millones de euros.

Si tiramos de hemeroteca podemos comprobar que ya antes de salir para Brasil tan sólo nos quedaba saber contra quien íbamos a jugar la final, qué día recibiría uno de nuestros defensas centrales su balón de oro y hasta cuando se alargaría la imbatibilidad de nuestro mejor portero del mundo. Y en gran medida la prensa ha tenido buena culpa de ello por haber generado tantas ilusiones y expectativas (no siempre con fundamentos serios) y por haber vendido tanto humo.

Dejando claro que quiero felicitar públicamente a todos y cada uno de los jugadores y entrenadores (con un recuerdo especial y entrañable para don Luis Aragonés, que fue quien nos hizo creer en nosotros mismos), y agradecerles todo lo que nos han hecho disfrutar desde el 2008, no puedo por menos de hacer alguna reflexión de por qué razón y en apenas unos días todo parece haberse ido al traste cuando en su inmensa mayoría son las mismas personas las que nos llevaron a la gloria y las que nos han bajado al infierno futbolístico.

Y la razón, al menos en mi opinión, se resume en tres conceptos que he echado de menos en muchos de los que nos han representado esta vez: espíritu de equipo, trabajo y humildad. Y como creo que ninguno de ellos y todo lo que conllevan se compra con dinero y no necesito explicar cómo se adquieren, ahí los dejo para que dentro de un par de años en la próxima Eurocopa no nos suceda lo mismo. Y si alguien nos gana, que sea en buena lid y después de haberlo dado todo.

Y a los que han entrado en depresión tras la decepción decirles que el fútbol, al igual que la vida (casi siempre), da segundas oportunidades. Y terceras. Los del Atleti lo sabemos. Y yo, personalmente, también. Por ello me gustaría que una vez pasado el disgusto y el mal trago de la eliminación, a partir de ya mismo todos nos apliquemos, y haciendo nuestros los tres conceptos citados nos pongamos manos a la obra para tratar de sacar a España de este estado de pesimismo y de abatimiento que parece haberla invadido. Que seguro que todos podemos hacer algo. Y el país no está para “depres”. Ni nosotros tampoco, pues tampoco conducen a nada.

No quiero cerrar el artículo sin dejar constancia de un hecho histórico que se está produciendo mientras le escribo: el relevo constitucional en nuestra monarquía y la llegada de Felipe VI al trono. Estoy seguro de que este acontecimiento también puede generar algo de optimismo y provocar un repunte en nuestra maltrecha economía. Así lo esperamos.

Fuente: http://www.eladelantado.com/

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