LOS CARTELES DE SAN JUAN

POR ALBERTO GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE BADAJOZ)

Cartel de 1964, obra de Lobo. / HOY

Precisamente por no celebrarse debido a la epidemia, este año 2020 la feria de San Juan ha cobrado especial actualidad y está dando mucho que hablar. Con motivo, pues la ciudad guarda sobre ella gratos recuerdos y un rico anecdotario que merece ser rememorado.

En los casi cien años transcurridos desde que en 1925 se estableciera como fiesta patronal a celebrar entre los días grandes de San Juan y San Pedro, la festividad se ha consolidado como una de las más importantes de la región, caracterizada por un conjunto de peculiaridades y actos que le confieren identidad propia de personalidad bien definida.

Mención especial merecen sus organizadores de la etapa dorada que fue la segunda mitad del siglo XX, sobre todo con los alcaldes García Martín y Movilla. Aquellos eficaces ediles Poves, Salas, José María Reino, Sánchez Escartín, Granados, Trenado, Rodríguez Tejada, Guevara, Satrústegui, Jimeno, Pajuelo, Rodríguez Mimbrero, Marisa Nogués, Manoli Carmona, y otros, que con presupuesto casi cero organizaban festejos memorables con cinco o seis corridas de toros de primer nivel y una docena de funciones de teatro, zarzuela y revista, lo mismo, que acudían a los teatros López de Ayala y Menacho sin subvención.

Y el Trofeo Ibérico de Fútbol, que reunía en Badajoz a los mejores equipos del mundo de mano de A. Ballesteros, Raúl Recuero, Folgado, Uriarte, Berna Calle, Guevara y otros entusiastas del deporte. Y las fiestas del Casino, Tiro de Pichón, Hípica Lebrera, Complejo Dardy’s y otras sociedades, con versión popular en las verbenas de San Francisco. La mayoría con el servicio insuperable de aquel gran capitán de la hostelería que fue Juan Polanco.

O el paseíllo de la afición las tarde de toros desde el Ayuntamiento hasta la plaza de la Ronda del Pilar, bajando por la calle Zurbarán detrás de la banda municipal en comitiva que encabezaba su director, el inefable maestro Lerma. O el jefe Tena, de la Guardia Municipal, manteniendo el orden –que jamás se alteraba– con una docena de guardias de setenta años. Y la siempre nutrida presencia de portugueses, que era otro rasgo distintivo de los festejos.

Y los carteles que los anunciaban. Efímeras obras de arte llenas de simbolismo en las que, junto a los motivos festivos y badajocenses, no faltaba el guiño a Portugal. Un prodigio de creatividad y calidad artística salido de la mano del irrepetible plantel de dibujantes que formaron Blanco Lon, Rebollo, Antonio Juez, Lobo, Ortiz, Jiménez, Márquez ‘Cigoto’, y más tarde Collado, Alberto G. Willemenot, Ernesto Bao, Esperilla, De la Riva, Chano, Jaga, Mangas, Berna Calle, Higinio, Juan Valdés o quien por entonces se firmaba Alberto II, siempre en pugna de honrilla por obtener el premio.

Una colección de piezas sobresalientes, la mayoría hoy perdidas por desidia en su custodia. Un tesoro cuya desaparición representa un desastre, pues constituía el mejor reflejo y memoria de la feria.

Fuente: https://www.hoy.es/

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