HACE 56 AÑOS. CUANDO EL RÍO ERA RÍO Y NO HABÍA CAMALOTE NI CORONAVIRUS

POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ)

Domingo 2 de agosto de 1964. El marketing al más puro estilo Visam (Vicente Sánchez Melara), inventó para aliviar y sofocar las altas temperaturas, un tiempo de gozo para la familia, pequeños, jóvenes y mayores: la “Playa de los Suspiros”, también llamada “Torremelones”, en alusión al boom del turismo que llegó a la Costa del Sol, con la presencia de personas procedentes de otros países (turismo internacional). Hoy, lunes 6 de julio, persiste el calor, la calor, los calores, las calorinas y el aire que lanza bocanadas de fuego, al que llamamos solano.

La Playa de los Suspiros hace tiempo que dio su último suspiro porque la hemos emponzoñado, degradado y aniquilado. No hace mucho un suspiro asfixia la Playa de los Suspiros: el camalote. Mientras que el turismo se ve gravemente perjudicado por el efecto aniquilador de una enfermedad llamada Coronavirus en su versión Covid-19, que tanto daño en vidas humanas y ruina económica está causando y causará.

Aquel año de 1964, Marisol y su canción “Tómbola” fue la canción del verano, porque la vida estaba llena de luz y color. Al año siguiente hizo furor la “Chica ye yé” de Concha Velasco, que tanto se bailó en el complejo del ocio y espectáculo del momento: la “Piscina Cavi” de inolvidable recuerdo para matrimonios, parejas y jóvenes con los mayores de los deseos posibles: divertirse, hace amigos, ligar. En definitiva, disfrutar de la vida.

¿Por qué Visam la bautizó con el nombre de Playa de los Suspiros? Fue por su proximidad al Puente de Lobón, que así lo llamo su promotor y luchador, el lobonero Luis Chorot de Coca. Aunque un poblanchino, Federico Cabo Gragera, dijo que el puente era “Puente de los Lamentos”.

En estos tiempos de carencias ferroviarias, recuerdo mucho a don Luis Chorot de Coca. Se hubiera desvivido, hubiera luchado, hubiera protestado, cien, mil, miles de veces en pro de trenes que acorten las distancias. ¡En Talgo hasta Madrid: cinco horas, chacho!. Para echar merienda y cena, chacha. Y en esa estamos. ¿Hasta cuándo? Pues anunciaron, anuncian y anunciarán que estamos teletrabajando en ello. Feliz día de verano.

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