DOS RECUERDOS COLUNGUESES: UN SACERDOTE Y UN LIBRO

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Acaba de fallecer en la Casa Sacerdotal de Oviedo el que fuera párroco de San Cristóbal el Real, de Colunga, durante el período 1998-2001, RVDO. D. ANTONIO FERNÁNDEZ GARCÍA. Contaba 83 años de edad y su último destino pastoral fue una parroquia ovetense de Guillén Lafuerza.

Conocí a don Antonio -para sus familiares y amigos TONIO – hace muchos años pues era hermano de la esposa del catedrático de Física Manuel Ramón Fernández, coautor conmigo de multitud de textos sobre Ciencias Experimentales. Supe de sus repetidas operaciones de cadera y de corazón, de su delicada salud que él, en ansia de vitalidad, superaba día a día. Ya en la casa sacerdotal, y liberado de sus obligaciones pastorales, siguió siendo el sacerdote «servus servorum Dei», siempre atento al amor de su familia y a la amistad de quienes le queríamos.

Como les dije, fue párroco en Colunga desde 1998 a 2001 sucediendo al Rvdo. D. Alfredo Valdés Blanco, anteriormente canónigo en Covadonga. Fue un sacerdote ejemplo de humildad, de servicio y de «aguante» ante el dolor que le suponía su dolencia de cadera.

Desde «estes HISTORIES…» le dedicamos un recuerdo de gratitud y le pedimos que, ya desde el Cielo, salude a nuestra VIRGEN DE LORETO y le pida todo el bienestar posible para quienes fuimos sus feligreses en Colunga. Y, por supuesto, que le diga a nuestro titular SAN CRISTÓBAL que nos conduzca por aquellos senderos cuya meta es la felicidad en la Tierra y la gloria en el Cielo.

Y aprovechando «que el Pisuerga pasa por Valladolid» les cuento un sucedido que sucedió (así lo decía yo en mis clases) en nuestra parroquia y en nuestra Cofradía Lauretana.

A don Antonio le sucedió como párroco DON SEGUNDO FERNÁNDEZ ARIAS, sacerdote entregado a su destino pastoral y también digno del calificativo que aplicamos a su antecesor: servus servorum Dei (siervo de los siervos de Dios).

Durante la inolvidable actividad pastoral de don Segundo escribí para la COFRADÍA DE LA VIRGEN DE LORETO, de Colunga, entidad cuya historia se remonta al año 1663, un libro -a mi entender como «muy bueno»- acerca de lo que fue, es y supone la devoción a la Virgen Lauretana.

Libro prologado por el Ilmo D Sr. don Agustín Hevia, canónigo de la Catedral de Oviedo y editado en volumen de lujo con multitud de fotografías y de ilustraciones -acuarela realizadas por el pintor colugués don Humberto Alonso.

Un libro que se vendió inicialmente a 20 euros/ejemplar y del que se hizo una buena «tirada de ejemplares». He de manifestar que yo renuncié a todo tipo de honorarios por mi trabajo y, por supuesto, a los derechos de autor. Es (era) un libro para la Parroquia y para la Cofradía.

Quedaron varios ejemplares sin vender y sin que nadie hiciera una labor eficaz en su promoción … hasta que surgió una «idea genial»: colocar tales libros en una mesa a la `puerta de la iglesia y a su lado una «caja-hucha» para que cada persona que lo deseara tomase los libros que «tuviese a bien» y diese a voluntad un donativo, óbolo, limosna, propina o como se llame, para -supongo- gastos parroquiales o de Cofradía.

¡Milagro lauretano! Al igual que las piedras de la Casa de la Virgen volaron de Nazaret a Loreto, así pasaron estos libros desde la sacristía-almacén a las manos de nuestros fieles.

Y es que, como dice el refrán: «De lo perdido, saca lo que puedas».

Espero que quienes los lean disfruten con la historia de nuestra Cofradía y vivan con intensidad su devoción a nuestra Virgen de Loreto.

Don Antonio, acuérdate: No dejes «para otro día» la visita a La Virgen de Loreto y a San Cristóbal. Y, ¡demonios!, puestos a pedir, diles que alejen de nuestro concejo -tu parroquia- al virus maligno que nos acecha.

Sólo los curas santos tenéis derecho a exigir «al mando» el cumplimiento de lo que prometió con su «Petite et accipietis».

¡¡Se feliz al lado del Padre Eterno!!

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