MEMORIAS DEL CONCEJO DE PARRES 1835-1985 (CAPÍTULO CXXXIII)

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

Año 1974.- La ambulancia municipal ante el antiguo Ambulatorio de la Seguridad Social, en el barrio de La Peruyal.

Reponer la iluminación en la carretera general de la villa de Arriondas en el año 1978, supuso un gasto de 1.636.314 pts.

Se eliminaron los postes que había en el parque de La Llera (65.000 pts.).

Se iluminó el “Callejón de Titi” (21.435 pts.).

Nueva iluminación para el barrio de La Peruyal (26.670 pts.).

El puente de Arriondas estrenó nueva iluminación (59.480 pts).

La nueva iluminación para Castañera supuso 2.167.736 pts. la cual fue a cargo del Plan de Cooperación Provincial de 1978, imponiéndoseles a los vecinos un pago de contribución especial por la instalación.

De forma que -la nueva iluminación desde el puente de Arriondas hasta el final de Castañera- supuso un gasto de 3.804.050 pesetas. El Ayuntamiento puso 380.705 pts. y el Gobierno Civil 2.847.225 pts. (Así aparece anotado, pero a la suma de ambas cantidades le faltan aún 579.123 pts. para completar el gasto total del que se haba, que se supone pagaron los vecinos).

Insistía Manuel Junco García en que se anulase la parada discrecional de ´Autocares Mento´ frente a su establecimiento conocido como “Casa Tereñes”, por ser perjudicial para su negocio, además -añadía- que esta línea de autobuses ya tenía otras paradas en Arriondas.

Casi un año y medio después esta parada fue anulada. Y es que una ley aún vigente de travesías de 1849, más un Real Decreto de 1961, junto con la Resolución de la Dirección General de Carreteras de 1962, fueron decisivas para que la Corporación acordase por unanimidad el proceder a la anulación del establecimiento de dicha parada, dado que no era competencia municipal señalar paradas en las travesías de las poblaciones.

El Día de los Inocentes de 1978, Roberto José García Cuera -vecino de Ribadesella y apoderado de Manuel Pando Costales- presentó un escrito en el ayuntamiento, en Arriondas, solicitando el traslado de la fuente del Parque de La Llera (en la foto).

La Mermeyina y Villa María quedaron integradas en el casco urbano de Arriondas, motivo por el cual se le denegó a Luis Martínez Álvarez el poder construir un almacén agrícola en la zona citada.

Tampoco se atendió la petición de un vecino de El Castañéu para construir una chabola en los terrenos municipales de El Pilanegro.

Sí se le concedió permiso a Enrique Béjar Martino para instalar una fábrica de sifones en el barrio de La Sala.

Fueron fiestas locales en Arriondas -tanto en 1978 como en 1979- las de Santa Rita y Las Piraguas.

Y -a finales de 1978- al taxista Florentino Manuel Blanco Sarmiento se le autorizó a cambiar su vehículo Seat-124 (O-4872-E) por el Seat 1600 (O-1566-P), destinado al servicio público en la Plaza de Monasterio (así conocida por la familia propietaria de casas y solares en dicho lugar).

Hoy -esta plaza- se prolonga en la conocida calle Nicanor Piñole -muy digno pintor asturiano- pero sin ninguna vinculación con Arriondas, como podía haberse denominado calle Jovellanos, Pelayo, Asturias, Indianos de Parres (o maestros o campesinos…) o haber mantenido su nombre de Travesía de Oviedo, que fue el que conservó hasta junio de 1988.

El día 6 de diciembre de 1978 tuvo lugar el referéndum sobre el Proyecto de Constitución Española, el cual fue aprobado por el 87,78% de los votantes, que representaron al 58,97% del censo electoral.

Los cuarenta años de franquismo estaban a punto de concluir definitivamente y la democracia parlamentaria se abría paso en España.

Los alcaldes elegidos a dedo en cada concejo -por su fidelidad y sumisión al régimen nacido tras la Guerra Civil- acababan su “serie histórica”.

Por la misma razón, los gobernadores civiles y militares tenían las semanas contadas.

Miles de funcionarios municipales habían accedido a sus puestos durante décadas sin ninguna preparación para ejercer su trabajo, ocupando puestos única y exclusivamente por recomendaciones y “enchufes” de todo tipo.

A muchos de ellos se les realizaron exámenes de carácter restringido para que continuasen en sus labores a modo de “lavado de cara curricular”, después de años y años de provisionalidad e interinidades, prorrogadas hasta límites inadmisibles.

En algunos casos, los hijos ocupaban directamente los puestos de sus padres tras la jubilación o fallecimiento de aquellos, como si de monarquías hereditarias se tratase, en un nepotismo muy hispano.

Llegada después la democracia, hubo que hacer una especie de “encaje de bolillos”, con la finalidad de que los que llevaban años ocupando puestos de manera irregular, pudiesen dar una cobertura ´legal´ a sus trabajos y dedicaciones.

Quien dice funcionarios de ayuntamientos, dice lo mismo de la enorme cantidad de estamentos, organismos, diputaciones, etc. al servicio de la burocracia, a la que España siempre fue muy proclive.

El Día de los Inocentes de 1978, Roberto José García Cuera -vecino de Ribadesella y apoderado de Manuel Pando Costales- presentó un escrito en el ayuntamiento, en Arriondas, solicitando el traslado de la fuente del Parque de La Llera.

Una cuestión que la Corporación dejó en estudio, pero que se haría efectiva después.

La construcción de la pista de 2 km. que enlaza la carretera de La Vita con la de Colunga, supuso un gasto de 400.000 pts. aunque el Ayuntamiento no contribuyó con ninguna ayuda, alegando falta de consignación presupuestaria, según se le respondió al cura de Sto. Tomás, que la había solicitado, en nombre de Jesús Manzano López, de La Vita.

Otros diez vecinos del concejo pasaron a engrosar las listas de la beneficencia municipal, con edades entre 50 y 75 años.

Acondicionaba por esas fechas un local destinado a bar, en la calle Ramón del Valle, el vecino Benjamín Arboleya Llamazales.

Manuel Jesús Cofiño Soto abría de nuevo el “Café España”, en la esquina de la Travesía de Oviedo y calle Generalísimo.

Ya en 1979 José Ramón Hevia Castaño -vecino de Cangas- realizaba obras de acondicionamiento en un local de la calle Monte Sueve, que pretendía dedicar a bar.

Emilio Vázquez Blanco abría un bodegón en la villa.

El día 14 de febrero de 1979, la vecina de Ribadesella Josefa González Suco, solicitó la aplicación de amnistía para su difunto esposo (Manuel José Caldevilla González) el cual había sido guardia municipal en Arriondas desde 1930 hasta 1937 y que había fallecido el día de Nochebuena de 1946.

Así se tramitó el expediente de viudedad -más de treinta y dos años después- a favor de Josefa, remitiéndolo a la Mutualidad Nacional de Previsión de la Administración Local.

La España de la democracia iniciaba una nueva andadura por la que tantos esperaron durante más de cuatro décadas.

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