“EL MARCHENILLA”, UN TREN PARA EL RECUERDO

POR FRANCISCO TUBÍO ADAME, CRONISTA OFICIAL DE FUENTE PALMERA (CÓRDOBA)

Metidos ya en el siglo XXI, al analizar los últimos años vividos del fenecido veinte, tras llegar a la conclusión de la ajetreada vida que llevamos, viene a nuestra memoria juvenil la figura pintoresca del tren origen de esta columna. eran tiempos de mucha más calma. Piénsese que cuando se iba a Córdoba se empleaba todo un día y en algunas ocasiones se tenía que hacer noche.

Con una vida de menos de un siglo (1885- 1970) el “Marchenilla” tuvo gran influencia sobre La Colonia de Fuente Palmera por ser el único medio de transporte de los vecinos en sus desplazamientos a Córdoba y de los lugareños del Villar a Écija , población que ha tenido y tiene gran influencia sobre los villarengos.

La importancia del “Marchenilla”, viene determinada, además de ser medio de transporte, en servir de correo, pues a su estación de Navalagrulla, que figuraba con el nombre de Fuente Palmera, llevaba y recogía, todos los días, la correspondencia el factor que vivía en Fuente Palmera.

Recuerdo como mis padres me llevaron a cogerlo a primeros de junio del año 1967, para integrarme en la expedición que partía desde Córdoba a Talars, para hacer las Milicias Universitarias.

Con el tiempo la estación se trasladó a la Fuencubierta pues estaba más próxima y además tenía carretera empedrada a comienzos de siglo.

Los que hemos tenido la suerte de haber viajado en él, recordamos el gran ajetreo que había en sus vagones de madera, verdaderos centros comerciales, pues sobre ellos realizaban sus compraventas los recoveros, entregando tejidos y otros artículos a los lugareños a cambio de sus huevos; los diteros ejercitaban su labor vendiendo a plazos objetos de oro y plata. También se vendían las frutas y productos del tiempo.

A la salida de La Fuencubierta con dirección a Córdoba hay una cuesta que, a pesar de no ser grande, le costaba trabajo subir, por lo que tenía necesidad de reducir la velocidad, y nos daba tiempo a bajarnos y subirnos al tren.

Por tener, tenía un pequeño túnel a la salida del apeadero de Las Tablas de Córdoba de 327 metros de longitud, recordamos como a la entrada el maquinista apretaba y el humo se expandía por todos los vagones del tren.

El ambiente del tren, que por cierto ha desaparecido, nos referimos al “Marchenilla”, se vivía en sus amplios y abiertos vagones de madera, en ellos, los viajeros participaban en amplias tertulias, debatiéndose todos los problemas, políticos, familiares, locales, era un medio de enterarse de la problemática del entorno.

Los vecinos de La Colonia lo utilizábamos en dos tramos principalmente, el primero para trasladarnos a Córdoba, cogiéndolo en La Fuencubierta y sobre un tramo de más de treinta kilómetros tardábamos en llegar a la capital hora y media. El segundo era el utilizado por los vecinos del Villar de Marcos que lo tomaban en la estación de Navalagrulla para visitar la ciudad de Écija.

Yo recuerdo, con nostalgia, como me trasladaba a la Fuencubirta en bicicleta para cogerlo y la dejaba para volver a retomarla a la vuelta

La Línea enlazaba Marchena con Valchillón con unos 91 kilómetros de trayecto, pasaba por las siguientes estaciones: Marchena; Fuentes de Andalucía; La Luisiana; Écija; Navalagrulla; La Carlota (La Fuencubierta); Guadalcázar; Las Tablas de Córdoba y Valchillón, próxima a Córdoba.

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