MEMORIAS DEL CONCEJO DE PARRES 1835-1985 (CAPÍTULO CXL)

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

Depósito de aguas de La Toya – Castañera.

En el año 1983 le adjudicaron las obras de abastecimiento de agua a Arriondas a Ceferino Castro Fernández, de Cangas de Onís. El nuevo depósito de aguas de Castañera (cercano al que ya había) sería para una capacidad de medio millón de litros de agua; por tal motivo hubo que construir la correspondiente pista de acceso al mismo, con anchura para una ´carroceta´ o vehículo Land-Rover.

El depósito, zanjas, tuberías, accesorios, etc. tenían un presupuesto de 18.500.000 pts. y la tubería debería tener una sección de 150 mm. con capacidad para 20 litros de agua por segundo.

Se consideraba que el caudal de agua disponible era de 1.800.000 litros diarios para una población de 2.228 habitantes, con un aumento aproximado de población del 3% anual y un consumo de 300 litros por persona y día.

Así calcularon que no habría problemas de agua en los treinta años siguientes.

No hubo acuerdo entre los concejales sobre un tema concreto, puesto que algunos opinaban que la sección de la tubería no era suficiente.

El depósito acabó siendo para 790 m3 de capacidad (no 500 m3), lo que encareció la obra en 2.130.580 pts.

La Consejería de Administración Territorial abonaría 10.057.189 pts. del total del presupuesto.

Depósito de aguas de La Toya – Castañera.

Deseaba la Corporación Municipal -ya en 1983- que el nuevo Matadero Comarcal del Oriente fuese ubicado y construido en la localidad de Arriondas, aunque acabaría siendo una realidad en Margolles (Cangas de Onís).

La reparación del Hospital de Llanes suponía un desembolso de 160 millones de pesetas, por lo que a la Corporación de Parres le pareció inoportuno invertir cantidad alguna en el mismo, dado que estaba prevista la construcción del hospital Comarcal del Oriente, en Arriondas.

Era presidente del Club de Piraguas “Los Rápidos” de Arriondas, Manuel Cuadriello Sánchez, el cual solicitó subvención municipal para el Descenso del Alto Sella que se había celebrado el año anterior, concediéndosele 10.000 pts.

Al siempre dispuesto a colaborar Máximo Llamedo Olivera, lo encontraremos también más adelante como Presidente del Club de Piraguas “Los Rápidos-Bazar Médico”, de Arriondas.

En el mes de abril, María Dolores, Carmen y Emilio Pando Bustillo, solicitaron a la Corporación Municipal que -como descendientes de Venancio Pando Cuervo- fuese repuesta la placa que en la fachada del Ayuntamiento llevaba su nombre, en memoria de haber sido aquel el donante de los terrenos de la plaza del mismo.

El edificio de las Consistoriales había sido restaurado y renovado por la Corporación presidida por el alcalde Jesús G. Llenín, pero ni él, ni Emilio Llamedo Olivera, ni el propio Emilio Pando en la misma función de alcalde (además de nieto de Venancio Pando), habían ordenado que se repusiese la placa de mármol que se había retirado.

De forma que la Corporación -presidida por Manuel Alonso Nieda interinamente- accedió por unanimidad a la petición de los tres hermanos arriba citados, recuperando la placa del abuelo de los mismos del lugar en el que estaba apartada y volviendo a fijarla en la fachada del Ayuntamiento, donde se encuentra y hace memoria del citado “indiano”, nacido en Trespiñera (Sto. Tomás de Collía).

Cubierta del depósito de aguas situado en La Toya – Castañera.

Francisco Concha de Dios solicitó permiso para abrir un “mesón castellano, tipo Toledo”, en la calle Mártires de Parres (hoy Leopoldo Alas); precisamente estuvo en funcionamiento hasta cuando se redactan estas líneas -en el verano del año 2020- en el que acaba de cerrar sus puertas.

El día 23 de mayo de 1983 una nueva Corporación Municipal se hizo cargo de los destinos del concejo -tras la celebración de las elecciones municipales del día 8 de mayo- cuya composición fue la siguiente:

Siete concejales del P.S.O.E.

Cuatro de A.P.

Dos de C.D.S.

Fue elegido alcalde -con los siete votos del Partido Socialista Obrero Español- Manuel Alonso Nieda.

Acordaron celebrar ´plenos´ los últimos viernes de cada mes, mientras la Comisión Municipal Permanente se reuniría todos los miércoles y estaría integrada por dos concejales del P.S.O.E., uno de A.P, y uno de C.D.S.

Miguel Ángel Blanco Sordo -en su calidad de Secretario de la Federación Asturiana de Piragüismo y de la Organización del Descenso Internacional del Sella- solicitó una ayuda económica para la celebración del XLVII Descenso – “Fiesta de las Piraguas de Asturias”, así como poder disponer del salón de actos del Ayuntamiento, de la fotocopiadora, de las banderas de las naciones participantes, de personal municipal, etc. para la celebración de este evento.

Miguel Ángel compartió con Dionisio de la Huerta muchos asuntos sobre la fiesta que este catalán había puesto en marcha en 1930, y conocía desde dentro las mil y una circunstancias que rodeaban cada año esta prueba piragüistica.

En el mes de abril de 1983, María Dolores, Carmen y Emilio Pando Bustillo, solicitaron a la Corporación Municipal que -como descendientes (eran nietos) de Venancio Pando Cuervo- fuese repuesta la placa que en la fachada del Ayuntamiento llevaba su nombre, en memoria de haber sido aquel el donante de los terrenos de la plaza del mismo.

Durante trece años, Miguel compartió con Emilio Llamedo Olivera la dirección de la prueba, el primero como Secretario y el segundo como Presidente de la Federación Asturiana de Piragüismo.

Concretamente, Miguel A. Blanco fue Secretario de la Federación Asturiana desde abril de 1979 hasta junio de 1992, y Secretario del CODIS (Comité Organizador del Descenso Internacional del Sella) desde junio de 1978 hasta diciembre de 1990.

M. Blanco Sordo creó el Reglamento por el que se rigió la Fiesta de las Piraguas durante décadas, hasta que se “retocaron” aspectos como los ´cabezas de serie´, los premios en metálico, los cepos, etc. aunque el sistema de cepos definitivo -que acabó con años de salidas irregulares en Arriondas- se implantará en 1994, gracias al invento del riosellano Miguel Ángel Pérez Aller.

De modo que -a lo largo de esos trece años (1979-1992)- Miguel Ángel Blanco estuvo al tanto de centenares de asuntos y hechos relacionados con el Descenso del Sella.

Sus impresiones sobre los mismos y sus opiniones razonadas sobre algunas personas con las que los compartió, las dejó fijadas por escrito en sus archivos personales, y -meses antes de su fallecimiento, en el año 2015- tuvo el detalle de comunicarle a este cronista que deseaba entregarle una copia escrita de las mismas, como así hizo en un gesto de confianza por el que me sentí muy agradecido.

Ese tipo de juicios de valor sobre hechos y personas supongo que estarán también en los archivos de las alcaldías de Parres y Ribadesella e, incluso, en la sede de la Presidencia del Gobierno del Principado de Asturias, a quienes Blanco Sordo remitió diversas cartas e informes, especialmente durante el año 2011.

Más de 240.000 pts. supusieron las obras de restauración de la casa-escuela de La Roza de Parres, en 1983. Curiosamente, cuando se redactan estas líneas -en el año 2020- este mismo edificio ha sido sometido a una profundísima remodelación municipal para destinarlo a un centro social para los vecinos, y así disponer de un lugar de reunión en el que se puedan programar actividades sociales y culturales que dinamicen la vida del pueblo.

En el mes de junio de 1983, Víctor González Monasterio presentó el correspondiente expediente de declaración de ruina para el edificio de su propiedad, sito en la Travesía de Oviedo, en cuyos bajos se encontraba la Librería Escolar y una frutería. Así se construyeron doce viviendas y locales comerciales de protección oficial, en el mismo lugar del edificio a demoler, cuyo presupuesto fue de 29.665.433 pts.

En esta ocasión se han invertido más de 136.000 euros en la reforma del viejo edificio escolar.

En el mes de junio de 1983, Víctor González Monasterio presentó el correspondiente expediente de declaración de ruina -visado por dos arquitectos- para el edificio de su propiedad sito en la Travesía de Oviedo, en cuyos bajos se encontraba la Librería Escolar y una frutería.

Así se puso en marcha el proceso que -tras notificar a los inquilinos del inmueble la intención del propietario- acabaría en el derribo del citado edificio, uno de los más antiguos de la villa.

Tres meses después, el gerente de “Construcciones Julio Rodríguez Llana S.A.” presentó el proyecto de construcción de doce viviendas y locales comerciales de protección oficial, en el mismo lugar del edificio a demoler, cuyo presupuesto fue de 29.665.433 pts.

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