EL VALLE DEL JERTE QUE ESTE AÑO NO PUDO SER

POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ)

En Tornavacas me pregunto ¿acaba aquí o principia Extremadura? Tierras solemnes donde se desliza el gozoso Xerete (Jerte, aguas cristalinas, valle angosto). Aquí se escuchaban las esquilas del ganado en tiempos de trashumancia. En Tornavacas, todos los días, al caer la tarde, los toques de ánimas rezan a vivos y difuntos. En esta villa, el 11 de noviembre de 1556, descansó Carlos V camino de su retiro hacia Yuste, en la casa de Ivan Méndez Dávila, criado de Su Magestad, que así reza labrado en el dintel pétreo, en la calle Real de Abajo.

Caminos de piedra. Caminos antiguos de esta hermosa tierra. Caminos de aguas pletóricas que saltan y corren. Alegres fábricas de espumas. Gargantas que bailan al son del agua. Fría agua. Pura sierra a un lado y otro. Umbría y solana. El río es el Génesis, origen, principio y ser de todo. Llego a Jerte y luego a Cabezuela, cabeza del Valle, con su puente para pasar el río que la cruza. Y Navaconcejo que estos días de septiembre anda celebrando las fiestas del bendito Cristo del Valle. Hay calles empinadas entre portales. Balcones donde cruje la madera envejecida. Soleados, exhibiendo macetas y tiestos con geranios.

Avanzo siguiendo el Jerte. Lo dejo y subo. Corro hacía él, al más alto de Extremadura: Piornal, mirador del paisaje ¡Que paisaje! Duermen en paz los cerezos, hay miles y miles de ellos que se despiertan con la sangre de la primavera. En la plaza de Piornal resucita el sonido del tambor de Jarramplas y la copla “A los veinte de enero, cuando más hiela, sale un capitán fuerte a poner bandera”. Cerezos, castaños, robledales, olivares, matorrales y pastizales.

Bajo y cruzo el río hasta el Mirador de la Memoria, a poco para llegar a El Torno. Todo es silencio. Sobrecoge el olvido y la desmemoria. Cuatro figuras humanas, una mujer, un anciano y dos hombres jóvenes, hechas por Francisco Cedenilla, lo dicen todo: “En estas sierras el olvido está lleno de memoria”. El monumento está entre olivos, símbolo de la paz. No a la guerra, al odio, al rencor. Sí a la paz, siempre la paz.

Voy a las aguas del balneario del Jerte, en sentido contrario a Valdastillas, donde su uso cobra otra dimensión. Aguas sulfurosas, benefactoras para las dolencias musculares, afecciones de la piel y la fatiga respiratoria. En el valle del Jerte arquitectura, piedra, gargantas, agua, pueblos, paisaje, paisanaje, descanso y compañía han roto los quehaceres de los días cotidianos.

El valle acaba. Saludan los chopos y olmos llegando a Plasencia, su capital, entre Cáceres y Salamanca. La ciudad que agrada a Dios y a los hombres (ut placeat Deo et hominibus) En Salamanca el Tormes. En Plasencia el Jerte. En ambas dos catedrales, la vieja y la nueva. En la Vía de la Plata los caminos van a Cáceres, a la romana Emérita y luego las Vegas Bajas del Guadiana. Grande, muy grande nuestra antigua, hermosa y sabia tierra, Extremadura.

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